Pinochet no pudo frenar un funeral

Los militares no pudieron evitar que una multitud acompañara a Pablo Neruda hasta su última morada en 1973.
jueves, 03 de octubre de 2013 · 12:35
Paula Molina  /  Chile
 Cuando Pablo Neruda murió el 23 de septiembre de 1973, apenas habían pasado 12 días del golpe militar que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende en Chile y todos los actos públicos estaban prohibidos.
Por eso, el ataúd gris del poeta salió de la clínica Santa María, en Santiago, casi en secreto, rodeado por su viuda Matilde Urrutia, la hermana de ésta y una amiga de la pareja.
Amigos y chilenos de la calle se fueron sumando espontáneamente a la carroza y los militares armados que la custodiaban no pudieron hacer nada para evitar que la multitud despidiera los restos del Premio Nobel de Literatura, gritando consignas políticas y cantando La Internacional, el himno más famoso del movimiento obrero en el mundo.
"Recuerdo que la gente salía a las ventanas a mirar. No decían nada, pero se les notaba el terror en la cara, de ver que iba un cortejo y adelante los militares armados”, le cuenta a BBC Mundo Ana María Cabrioler. Ella y su esposo Sergio Villegas, fallecido en 2005, conocían a Neruda desde los 50. 
Villegas, periodista, escritor y poeta, registró cada detalle de la despedida del Nobel chileno y publicó en Alemania el libro Funeral vigilado. Su viuda relata que el día de la muerte de Neruda ambos ya habían pasado por La Chascona, la casa del poeta en Santiago. "Fuimos porque nos avisaron que la estaban haciendo pedazos”, cuenta.
"Ya habían destrozado todo cuando llegamos. No había policías, nadie. Se hizo todo para poder velar a Neruda en la casa, pero no había cómo ordenar nada, el agua corría por todas partes”. Matilde Urrutia decidió velar a Neruda en medio de los destrozos.
"Cuando llegamos al cementerio ya éramos bastante gente. Nosotros caminábamos en la mitad del cortejo y la calle que llevaba hasta la tumba donde quedaría Pablo estaba llena”.
El fotógrafo chileno Marcelo Montecino es autor de algunas de las imágenes más emblemáticas del funeral de Neruda. Había regresado a Chile en 1969, después de estudiar en Nueva York, y retrató de forma sistemática los turbulentos años que siguieron.
"El día antes habíamos estado todos los periodistas visitando el Estadio Nacional. Ya había llegado la prensa extranjera, a la que habían mantenido fuera del país por poco más de una semana. Así que ya éramos un contingente más o menos grande. Pero yo quería ir a ver a Neruda”. Montecino recuerda que ese día se dirigió directamente a las puertas del cementerio.
"Cuando llegué ya había entre 600 y mil personas. Era un día muy triste, muy nublado, y había bastante ansiedad. Esperamos. Y de pronto empezó a llegar el cortejo. Y detrás del cortejo vendrían, qué se yo, otras mil personas”.
"Y a medida que los dos grupos se juntaron, empezó lentamente a cantarse La Internacional. Fue desgarrador”.
"Iban con miedo, pero yo creo que la gente iba dispuesta a todo. Y de hecho una vez que estábamos dentro del funeral pasó un camión lleno de milicos. Pero pasaron nomás. Como que entendían que no podían hacer nada ahí. Y la gente los miró y seguimos haciendo lo que estábamos haciendo”. "Había gente del Partido Comunista, pero más que militantes, yo creo que eran militantes de Neruda. Vi a gente conocida, estaba (el poeta) Nicanor Parra”.
"Fue la primera vez que la gente protestaba contra el golpe, era una manera de que todo el mundo tuviera una catarsis. Era un desquite. Si Neruda hasta el final fue consecuente con eso: agrupó gente, y le dio, qué se yo, esperanza”. (BBC Mundo)

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