Wilde y Luján: entre el cielo y el color

Cada artista tiene una particularidad que puede complementarse con la obra de otro. Esto fue lo que comprobaron Cecilia Wilde y Ramiro Luján, quienes exponen en una muestra conjunta presentada en la Galería Alternativa.
jueves, 31 de octubre de 2013 · 15:08

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza

La globalización ha penetrado en el mundo del arte, lo cual implica no sólo una homogeneización sino también la llegada de modas pasajeras. Pero, la pintora Cecilia Wilde y el escultor Ramiro Luján aclaran que a pesar de esta irrupción, cada artista no sólo se mantiene en su reducto particular, sino también puede complementar su obra con la de otro.
Ambos artistas se conocieron hace poco y ahora complementan su obra en una muestra. La oportunidad para plasmar esta experiencia se dio por una casualidad, pues la Galería Alternativa les invitó a presentar una exposición conjunta que titularon "Entre el cielo y el color”, que se puede visitar hasta el 14 de noviembre.
Después de conocerse, Wilde y Lujan notaron que ambos tenían muchas cosas en común, como la amistad del pintor  Juan Carlos Achata, de quien se imbuyeron, paralelamente y por separado, de temáticas como los guardianes o el ascenso al cielo.
La pintora y el escultor consideran que el artista de cierta forma nace, pero también se hace. Luján por ejemplo, dice que el artista es como una flecha que necesita del arco para encaminarse; siendo la técnica el arco que encamina al pintor o al escultor.
Wilde cree que a veces el artista nunca llega a darse cuenta que le encanta el arte, lo cual puede deberse a que nunca se le presenta una oportunidad. Ella considera además que para hacer una buena obra, lo fundamental es tener musicalidad, la cual se complementa con la técnica.
La obra de arte
La obra de arte significa mostrar lo que el artista lleva dentro  de sí al espectador, es compartir una vivencia por lo menos por un instante, afirma Luján. Sin embargo, no siempre los artistas pueden llegar al público por diferentes factores.
Si el artista cuenta con una persona especializada llegar a la gente es más fácil, dicen ambos creadores. Wilde y Lujan coinciden en que hay un mercado atractivo del arte, pero para ingresar en él, el artista debe contar con un broker, un marchand, un especialista en marketing del arte. "El arte se mueve mientras haya una persona que tenga una visión para eso”, dicen ambos.

El arte es trabajo

Cecilia Wilde dibuja desde que era niña y en la escuela sus maestros pensaban que sus dibujos los hacían sus padres.
Wilde ingresó a estudiar arte en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y en sus primeros años emprendió un viaje a Europa, de donde retornó totalmente convencida de querer ser artista.
En sus primeros cursos de la universidad, veía las grandes obras sólo en los libros y sentía que estaban lejos, muy distantes. Por ello, cuando en el Viejo Continente vio las obras en vivo y directo, por ejemplo, la obra de los impresionistas de París quedó golpeada; incluso dice que cuando descubrió a Henri Matisse casi enloqueció.
Así comenzó su carrera y su primera exposición se dio cuando el maestro Roberto Valcárcel organizó una muestra conjunta de sus alumnos, en la que ella participó.
La mayor satisfacción que Cecilia Wilde tiene con el arte ha sido viajar a muchos lugares del mundo, pues su actividad le ha llevado a diferentes lugares como Rusia y otros países.
La experiencia más grata que recuerda se dio cuando recibió una beca para pintar en el principado de Liechtenstein. Wilde permaneció tres meses en el principado junto a Raúl Lara y Rodrigo Lara y antes de retornar a Bolivia visitó distintos lugares de Europa.
En su obra, la pintora prefiere expresar lo alegre y  no lo triste de la sociedad. El mundo, la vida, el baile, el folklore, el movimiento, son sus temáticas preferidas. "Mi obra se caracteriza por interpretar la naturaleza a través del color”, dice.
Ella no busca el realismo, y más bien su obra se caracteriza por la primera impresión. En sus representaciones predomina el color azul, al cual considera un color mágico, que engloba el mar y la armonía.
En su trabajo ella pone especial énfasis en fijar puntos áureos que permiten recorrer sus cuadros. Cada detalle que le agrega obedece a un motivo, pero lo principal es mantener todo balanceado, afirma.
Algo que le espanta es que su actividad sea vista como un hobby, pues dice que es un trabajo de horas y horas.

El arte es perseverancia

La primera influencia de Ramiro Luján fue su padre Emiliano Luján, quien hizo una gran cantidad de monumentos, como el de Alexander von Humboldt, Eduardo Avaroa y Germán Busch, entre otros. Otras influencias fueron Ted Carrasco y Ricardo Pérez Alcalá.
Como profesor de escultura en la Academia de Bellas Artes ha comprobado que la perseverancia es lo que distingue a quienes siguen el camino del arte.
Sus primeras experiencias datan de sus primeros años de formación universitaria, pero irónicamente, para hacer sus primeras exposiciones abandonada la carrera de Artes que seguía en la UMSA. "Por dedicarme a exponer, abandonaba [la carrera], me metía en mi taller seis meses y dejaba la universidad”, dice. Esta fue la gran diferencia con sus compañeros que "creían que no estaban aptos para hacer exposiciones”.
Su primera muestra, hecha cuando cursaba el segundo año en la universidad, fue un éxito ya que la totalidad de sus 25 figuras en bronce fueron vendidas.
Lujan vivió por un año en Camerún donde trabajó con talladores que le transmitieron sus experiencias y conocimientos técnicos. "Hay un cambio, un antes y un después del África”, dice.
Su trabajo está abocado a la figura humana y la animalística. Su obra se caracteriza por una estilización de las figuras, que se manifiesta, por ejemplo,  en el largo de las mismas.
Ahora Luján trabaja en una serie sobre  "Escaladores”, que no ascienden simplemente por una piedra o una roca, sino suben al cielo. "Están volviendo al cielo, en una montaña sin fin”, dice el artista.
La mayor de sus satisfacciones es el arte en sí, dice Luján, y también las experiencias que ha tenido en sus numerosos viajes.
Lujan considera que su trabajo a diferencia del de un profesional convencional no le abandona nunca. Por ejemplo, un banquero puede olvidarse de su trabajo cuando concluye su jornada, pero el artista no puede hacerlo pues "el artista, todo el día es artista”, afirma.

El único cable que nos une al Universo, es el cable de la imaginación, donde la imaginación es una vida vivida sin límites, sin prejuicios, con solo una verdad, la vida y tu propio ser. (Ramiro Luján)

Los artistas  Wilde y Luján  creen que un especialista en marketing del arte, un broker o un marchand  es importante para acceder al mercado de las obras artísticas.

 

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