Cine imprescindible: Doctor Zhivago

Dirigido por David Lean, el filme basado en la novela de Boris Pasternak es un relato acerca de la crisis del individualismo y sobre un amor que supera las fronteras del tiempo y el espacio.
jueves, 12 de diciembre de 2013 · 20:19

Rocío Rebollo Pérez 

Producida por el omnipresente Carlo Ponti y dirigida por David Lean en 1965, Doctor Zhivago se basa en la novela homónima de Boris Pasternak (1957). Se trata, por encima de todo, de un drama épico con aderezo romántico que transcurre en el convulso período histórico de la Revolución bolchevique en la Rusia zarista.

La adaptación al cine de la novela de Pasternak dirigida por Lean, maestro de las grandes superproducciones de la época como Lawrence de Arabia, no es una película prolongada de manera artificial, sino que ofrece una narración al espectador lo suficientemente compleja e interesante como para mantener el interés a lo largo de sus 197 minutos.
El filme comienza con la búsqueda emprendida por Yevgraf Andreievich Zhivago para encontrar a la hija de Yuri Zhivago, su hermano y de la musa de sus poemas, Lara Antipova. Quienes cobran una mayor importancia son los dos amores de su vida: Lara y Tonya.
Lara y Tonya, interpretadas por Julie Christie y una jovencísima Geraldine Chaplin, respectivamente, son los pilares sobre los que se sostiene esta narración, en la que el Doctor Zhivago parece actuar fundamentalmente como hilo conductor del relato.
Mientras que el personaje de Lara adquiere un mayor peso argumental en la historia, la adorable Geraldine Chaplin  interpreta al personaje capaz de hacer al espectador plantearse la moralidad del personaje de Zhivago, perfilado, por otra parte, como un personaje justo y entregado a la causa humana más que a cualquier causa política.
En mi primer visionado adolescente de este filme, me sentí maravillada por las imágenes de la estepa rusa que se ven en la película, hasta que tiempo después, cuál fue mi sorpresa, descubrí que Doctor Zhivago se había rodado mayoritariamente en España (debido a la imposibilidad de rodar en Rusia dada la represión del Gobierno del país contra todo aquello que pudiese oler mínimamente a anticomunismo), fundamentalmente en la Comunidad de Madrid y Soria.
A partir de ese momento aumentó mi fe en la magia del cine, capaz de hacerme creer que el paisaje de mi país era el de Siberia, pero al mismo tiempo fui consciente de la capacidad de engaño, llamémoslo de otra forma, de ilusión que posee la séptima de las artes.
Acusada de contener una fuerte carga ideológica anticomunista, Doctor Zhivago fue censurada por el gobierno de Nikita Kruschev, como ya lo había sido la propia novela de Boris Pasternak, que fue perseguido durante toda su vida por ser considerado el poeta disidente del régimen.
Sin embargo, la crítica de Pasternak no va dirigida al comunismo, sino más bien a la pérdida del individualismo impuesta por el partido y que el Doctor Zhivago mantiene gracias a la poesía. A lo largo del filme, Zhivago es fiel a sus ideales y no abandona su idea del amor verdadero, el que siente por Lara, en comparación por el amor fraternal que profesa a su esposa Tonya, aunque ello le lleve a transgredir su propia moralidad.
El personaje de Lara Antipova representa, por tanto, la libertad y su historia de amor se convierte en la búsqueda incesante de la felicidad cuando todo a su alrededor se derrumba.
La verdadera búsqueda de este filme es la búsqueda del individuo, del Doctor Zhivago, del hombre y sus sentimientos detrás de la ideología política. Así, esta historia no es tanto una película anticomunista (aunque fuese empleada con estos fines por parte de la industria de Hollywood) como un relato humano sobre la crisis del individualismo y sobre un amor dramático que es capaz de superar las fronteras del tiempo y el espacio. Y es precisamente ese mensaje el que convierte a esta película, poseedora de otras muchas cualidades, en uno de los imprescindibles del cine. (Extracine)

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