Brad Pitt, la madurez del mas deseado

Cumple 50 años. Su trayectoria, cada vez más alejada de la imagen de símbolo sexual, es un ejemplo perfecto de madurez, tanto en los “taquillazos” como en el cine independiente.
miércoles, 18 de diciembre de 2013 · 21:22
Isabel Reviejo García
Probablemente, es el actor más famoso sobre la faz de la Tierra. Poco queda por escribir sobre William Bradley Pitt (1963), el chico estadounidense de Oklahoma que llegó a convertirse en el hombre más deseado del mundo. Un título que, aunque le acompaña de manera inevitable, cada vez se atenúa más, eclipsado por una brillante trayectoria profesional que le ha hecho un hueco entre los grandes nombres de Hollywood.
A diferencia de otras jóvenes promesas que se quedan por el camino, Pitt ha sabido labrarse una sólida carrera que le ha hecho escapar del encasillamiento y que ahora ha alcanzado su etapa de plena madurez. Porque, aunque no lo parezca, el protagonista de World War Z ya ha alcanzado el medio siglo.
Filmografía consolidada
Si hay una etiqueta que se ha ganado a pulso, ésa es la de "versátil”. Comedia, acción, drama, suspenso... Aparentemente, ningún terreno cinematográfico se le resiste al actor, que ve cómo su trabajo suele venir acompañado del aplauso de la crítica y público, además de una atractiva recaudación, para regocijo de la industria.  
Cuesta imaginar a Pitt en sus comienzos, cuando se disfrazaba de pollo para publicitar el restaurante mexicano en el que trabajaba. Como también es difícil evocarlo en la Universidad de Missouri estudiando periodismo, carrera que abandonó para dedicarse de lleno al mundo de la interpretación.   
Ahora, el mero hecho de que su nombre aparezca en el cartel de una película se convierte en el mejor secreto para que dicho filme multiplique sus resultados en taquilla.  No hay más que pensar en el estreno de The tree of life, cuando miles de seguidores se lanzaron ciegamente a las salas atraídos por su presencia, para descubrir una vez allí que la película de Terrence Malick, una suerte de poema filosófico en imágenes, no era el tipo de trabajo que Pitt acostumbra a hacer.  
Precisamente, ésta es una de las claves de su filmografía: su versatilidad viene acompañada por un don especial para la elección de roles, que ha ido perfilando a lo largo de sus años en la gran pantalla.
A pesar de que vivió una temporada encuadrado en papeles que le convirtieron en todo símbolo sexual -como el que realizó en Thelma & Louise, de Ridley Scott, una película imprescindible de sus inicios-, con el paso del tiempo ha adquirido la destreza necesaria para moverse entre las películas más taquilleras y el minoritario cine de autor. Puede permitirse el lujo de elegir. Y lo aprovecha.
Quentin Tarantino, los hermanos Coen o Steven Soderbergh son algunos de los cineastas que han confiado en él para encabezar los repartos de sus historias. En el listado de directores de renombre con los que ha participado, David Fincher merece una mención especial, ya que el trabajo con Pitt en Fight Club y Seven supuso un punto de inflexión en la carrera del actor en los 90.
Pero no es oro todo lo que reluce. Hace un año se develó que durante esa década, en la que se sentaron las bases para el fenómeno que es hoy en día, vivió un periodo oscuro. Pitt confesó en una entrevista concedida a The Hollywood Reporter que entonces sufrió una depresión y que "se escondía de la fama, fumaba demasiada droga y pasaba el día sentado en el sofá”, sintiéndose "realmente irritado” consigo mismo y sin encontrar un sentido a su vida.
 La ansiada estabilidad
Ahora, el actor muestra una actitud e imagen muy diferentes a nivel personal.  Después de un matrimonio fallido con Jennifer Aniston, entre 2000 y 2005, Pitt decidió embarcarse en una relación que le cambiaría la vida, con la que es su compañera sentimental desde que se divorció: Angelina Jolie. Con ella ha formado su familia, que supone un pilar básico para él y a la que tiene muy en cuenta a la hora de elegir sus trabajos en el cine.  
Juntos forman una mediática pareja que hace correr interminables ríos de tinta y para la que se acuñó un curioso nombre: "Brangelina”. Las noticias sobre sus intimidades llenan las revistas del corazón y la prensa sensacionalista, que desbordan sus páginas con rumores de supuestas infidelidades y extravagancias de los actores.
Otro hervidero constante de rumores es su futura boda, de la que todavía se desconoce la fecha, aunque su compromiso se hizo oficial en abril de 2012 después de que Jolie fuera vista con un lujoso anillo diseñado por Robert Procop.   
La pareja tiene seis hijos, tres de ellos biológicos -los mellizos Vivienne y Knox y Shiloh Nouvel Jolie-Pitt- y tres adoptados: Maddox, Zahara y Pax. Ser padre ha hecho que todo lo que no esté relacionado con su familia se convierta en "algo secundario”, como no se cansa de repetir en sus encuentros con la prensa.
En el último año, la pareja ha vivido un momento complicado: en mayo, Jolie hizo pública su decisión de realizarse una doble mastectomía ante el riesgo de padecer cáncer. Una dura elección que ha contado con todo el apoyo de Pitt, que calificó el acto como "absolutamente heroico”.
Más que un actor
Está en la cima como actor, pero Pitt también ha desarrollado otras vertientes que hacen de él un hombre polifacético. Destaca su tarea como productor, a través de la compañía Plan B Entertainment. Aunque fue creada conjuntamente con Aniston, ahora la lleva en solitario.
Con ella ha respaldado películas como The departed, A mighty heart o Killing them softly, siguiendo la filosofía de ayudar a aquellas películas que encuentran más dificultades para llegar a las salas por no pertenecer al cine comercial.   
Al contrario que Jolie, quien se puso detrás de las cámaras para rodar In the land of blood and honey,  o su amigo George Clooney (The Ides of March, Good night and good luck), Pitt no ha mostrado nunca interés por ejercer como director. Según él, ésta sería una labor que le quitaría mucho tiempo que utiliza para estar con su familia.
A estas alturas, cuesta imaginar qué le queda por alcanzar. Quizá su mayor cuenta pendiente sea obtener un premio Oscar que redondee su filmografía y ponga en relieve la madurez que ha alcanzado como intérprete.
Como actor ha estado nominado por sus trabajo en Twelve monkeys (1995), The curious case of Benjamin Button (2008) y Moneyball (2011), pero las tres veces ha vuelto a casa con las manos vacías. Algo que confirma que nadie, ni siquiera Brad Pitt, es perfecto (EFE Reportajes).

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