Interna de campo de trabajo forzado escribió un diario en retazos de tela

Liu Hua fue enviada a centros de “reeducación a través del trabajo” en tres ocasiones. La última vez documentó su experiencia en pedazos de tela que robaba cuando los guardias no la veían.
jueves, 26 de diciembre de 2013 · 21:39
Martin Patience Beijing
Para Liu Hua, de 50 años, los horrores de los campamentos de trabajo forzado están todavía frescos en su memoria. En los últimos siete años, ha sido enviada a campos de "reeducación a través del trabajo” un total de tres veces, por protestar contra lo que ella describe como la apropiación de tierras en su pueblo natal por parte del Gobierno.
Durante su última estancia en estos campos, Liu hizo algo verdaderamente extraordinario: escribió un diario secreto que documenta su experiencia.
Trabajaba unas 11 horas diarias en la confección de  trajes para los militares chinos y, cuando éstos no miraban, robaba piezas de tela para escribir su diario. Al principio utilizaba papel, pero éste era difícil de esconder. Escribir su diario en tela le permitía esconder las páginas dentro de su edredón.
En su pequeño apartamento de Beijing extiende ante mí pedazos de tela. Pero al mirar con detenimiento los trozos, que han sido cosidos el uno al otro, son en realidad entradas de un diario escrito durante un periodo de dos años.
Lista de abusos
El extraordinario documento es una lista de abusos. Una de las entradas, del 13 de septiembre de 2011, habla de cómo una prisionera es torturada por guardias con bastones eléctricos. "Su cara estaba púrpura después de que la golpearon”, narra.
En los campos de trabajo, pequeños errores eran normalmente castigados. La persona debía mantener  los brazos en alto durante "seis u ocho horas”, cuenta Liu Hua. Una media de 20 mujeres de unas 400 que había en el campo eran castigadas a diario, recuerda.
Liu también me enseña una pequeña bolsa roja. Dentro de ella está el pequeño cartucho del bolígrafo azul que usaba para escribir el diario.
 Escondió la pequeña bolsa bajo su axila. Por suerte para ella, los guardias nunca la encontraron.
Pedía a otras prisioneras que cuando fueran liberadas sacaran del campo las piezas de tela. Cuando Liu fue puesta en libertad las recopiló y las cosió todas juntas.
Las autoridades la sacaron de las calles de Beijing en 2010. Fue encerrada por protestar contra la expropiación de tierras, no hubo juicio y no cometió ningún crimen.
Liu dice que durante su encarcelamiento,  al igual que otras 400 mujeres en el campo, fue golpeada por los guardias. "Éramos tratadas como esclavas”, me dice, "esclavas del Partido Comunista”.
A principios de noviembre, Beijing anunció la abolición de los odiados campos de trabajo para la reeducación, el equivalente a los gulags rusos.
En el pasado, delincuentes de poca monta y a menudo disidentes o personas que protestaban, podían terminar encerrados en estos campos durante cuatro años sin juicio alguno.
Como animales
Liu trata de regresar a una vida normal de la mejor forma posible después de su experiencia, pero no puede olvidar lo que vivió.
"Nos trataban como animales”, dice. "Nosotros sólo queríamos que nos trataran como ciudadanas y tener derechos como cualquiera”.
El cierre de los campos le da un poco de consuelo. Tal ha sido su desesperación que en el pasado trató de quitarse la vida.
Todavía cree que con campos o sin campos, el Partido Comunista encontrará la forma de encerrarla de nuevo. (BBC Mundo)

 

 


   

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