Lesbianas y católicas

Zu Linares y Pilar Iturri viven juntas desde hace tres años y no están de acuerdo con que la gente piense que por ser lesbianas ellas no creen en Dios o están peleadas con la religió
jueves, 26 de diciembre de 2013 · 21:47
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza
"Somos unas lesbianas bien católicas”, dice Zu Linares quien desde hace tres años vive con Pilar Iturri. Ambas asisten a misa, se dan la paz, se confiesan y comulgan y respetan todas las fiestas de la Iglesia Católica como el Miércoles de Ceniza, la Cuaresma, la Semana santa, la Navidad, etc.
Ellas creen en los sacramentos, en la Virgen y los santos, pues crecieron en hogares católicos y no están peleadas con la religión. Por ello, no están de acuerdo con que la gente piense que por ser lesbianas ellas no creen en Dios, que para ellas es un ser especial y único.
Amor al prójimo
"El amor a Dios es ante todo amor al prójimo”, dice Pilar Iturri quien sabe que hay gente hipócrita que dice ser católica, pero no actúa según su convicción. Cuando se rompe el mandamiento de amar al prójimo, "cuando lo rechazas”, uno ya no es el católico que dice ser, afirma.
Para Zu Linares, en cambio, Dios es una buena energía. "Está ahí, todo el tiempo acompañándonos”, afirma.
Para ella, rezar y orar son dos formas de meditar y nutrir el alma. Además, está convencida de que enseñar y trasmitir la fe en Dios y otros valores reconforta mucho más el espíritu; por ello, se ha preocupado en transmitir sus creencias y valores a sus hijos Carlos (14) y Fabián Alberto (10). Así, sus hijos han crecido imbuidos en el respeto por los demás, en la tolerancia hacia los otros, de tal forma que ahora no dispensan trato discriminatorio alguno.
Aceptación
Gracias a esta formación tolerante ambos niños aceptaron a Pilar Iturri sin ningún problema.
Al principio, ambos pensaban que ella era una amiga de su mamá, pero a medida que pasaba el tiempo y Pilar iba su hogar comenzaron a darse cuenta que entre ellas había algo más. Un día ellos preguntaron y su madre les explicó que con Pilar Iturri formaban una pareja y se amaban, lo cual fue aceptado y comprendido por los pequeños.
Al comenzar su relación, Zu Linares pensó que cuando Pilar conociera a sus hijos, ella no volvería más, sobre todo por la condición especial que tiene su hijo menor.
Cuidados
El hijo menor de Zu Linares, a quien cariñosamente llaman Beto, padece una grave enfermedad renal por lo que necesita hemodiálisis regularmente. Además, hay momentos de crisis en los cuales se pone muy mal y requiere de cuidados especiales. Ella pensaba que todo esto sería demasiado para Pilar Iturri.
Ella recuerda que sus padres le aconsejaban que busque a otra persona sin esas  responsabilidades, pero ella persistió y no solo continuó con su relación con Zu Linares, sino que también comenzó a atender a Beto cuando se ponía mal.
Eran noches muy difíciles, recuerdan ambas. "Pilar iba, lo bañaba, lo limpiaba, lo cambiaba y yo estaba traumatizada en el borde la cama”, evoca Zu Linares.
"Ella tenía la paciencia de hacerlo dormir y después venía y hacía terapia conmigo”, recuerda. "Sabes amor, tranquila, ya está bien la wawa”, recuerda que le decía. Así pasaron varias noches y Pilar Iturri se convirtió en un pilar para Linares y sus hijos.
Zu Linares dice que la comprensión y atención que recibieron de Pilar no la conocieron de nadie más; y ahora sólo ellas y los dos niños conocen todo lo referente a la enfermedad de Beto.
Zu Linares dice que Pilar llegó a su vida en un momento difícil, pues estaba terminando la relación con su exesposo, con quien ahora se lleva muy bien. Gracias a esta relación, ella recobró su autoestima que estaba deteriorada, pues su nueva pareja le trasmitió parte de la seguridad que le caracteriza.
La mamá de Zu Linares vio el cambio que se dio en su hija, por lo cual ahora adora a Pilar Iturri. Sin embargo, ella siempre aclaró a ambas que no acepta y que no está de acuerdo con las relaciones entre dos personas del mismo sexo, pero que sí las respeta.
Primera cita
Zu y Pilar se conocieron en un bar gay paceño, donde esta última había ido para reconciliarse con su expareja, lo cual no ocurrió, ya que después de conocerse se quedaron hablando toda la noche. Hubo una conexión a primera vista, recuerdan.

Esa noche Pilar invito a Zu para que fuera a verla al día siguiente en un partido de volleyball. Linares le dijo que tal vez no podría. Pero al día siguiente acudió y así tuvieron su primera cita. "Fue emocionante, fuimos a la plaza Isabel la Católica”, recuerda Pilar. Ahora ambas dicen que esa plaza es su plaza, pues en ella "ocurrió todo”.
Pasaron los meses y cerca a una Navidad comenzaron a hacer chocolates en la casa de Zu Linares, lo cual implicaba trabajar hasta altas horas de la noche, por lo que Pilar se quedaba a dormir. Un día, Zu propuso a Pilar que se vaya a vivir con ella y sus hijos.
Encerrada en el clóset
Pilar dice que hasta que conoció a Zu era una lesbiana "encerrada en el clóset”, es decir, no exhibía su homosexualidad. Al principio los padres de Pilar Iturri pensaban que Zu era simplemente su amiga y, como Pilar tiene un carácter más masculino, uno de los padres se acercó a Zu y le dijo: "Yo sé que usted se pinta, usted puede cambiarle y puede presentarle un buen chico”.
Así, el momento de la revelación llegó y ambas conversaron con sus respectivas familias. Después de ello, ambas pasaron momentos difíciles, pues al principio sus familiares no estaban de acuerdo con la relación e incluso tuvieron que separarse por un tiempo. El tiempo pasó y ambas se escaparon por cuatro días y, al volver, pidieron a sus respectivas familias que les dejaran estar juntas.
Ahora ellas dicen que gracias "al amor, la confianza y el respeto” están juntas. "Cuando tuvimos esas tres cosas en nuestros bolsillos, supimos que queríamos algo grande, duradero y estable”, dice Zu Linares.
Carnaval
Después de la Navidad en la que hicieron los chocolates los meses pasaron y llegó el Carnaval, ocasión en que  aprovecharon para viajar a Oruro. Antes de partir, Pilar  preparó sus maletas y comunicó a sus padres que ya no volvería a su hogar, pues comenzaría una nueva vida con Zu Linares y sus hijos.
De esta forma, un viernes por la noche viajaron al Carnaval de Oruro y un domingo volvieron juntas a su nuevo hogar, donde les esperaban los dos niños, quienes ahora, como dice la mama de Zu, tienen dos mamás.
Convivencia
Ya pasaron tres años desde el momento en que comenzaron a vivir juntas y como a toda pareja les ha tocado vivir diferentes situaciones. Zu Linares es más femenina y Pilar Iturri es más masculina, pero eso no significa que sólo la segunda deba llevar el sustento y la primera ocuparse de la casa, pues ambas cumplen los mismos papeles y tareas.
Ahora les enseñan a los niños que deben ser capaces de hacer de todo, como lavar, limpiar, cocinar, etc. pues ellas no quieren que ellos crezcan pensando que sólo el hombre es quien debe llevar el sustento a la casa y la mujer la que debe quedarse en la cocina o el hogar.
Ellas mismas, por ejemplo, pasaron momentos en los cuales una trabajaba y la otra se ocupaba de la casa. Así, cuando sólo Zu trabajaba, Pilar se ocupaba de la casa y los niños y viceversa.
Ahora, como ambas trabajan -Zu Linares es administradora del posgrado de la Facultad de Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés y Pilar Iturri es supervisora en un prestigioso restaurante de la ciudad de La Paz -, se turnan para cocinar.
Diferencia
La única diferencia que tienen ambas, dicen, se la aprecia en la cocina, pues ellas no pueden cocinar juntas, pues tienen diferentes formas y técnicas.
Pilar, al principio, no sabía cocinar pero fue aprendiendo, hasta que llegó un momento en el cual los chicos preferían su comida. Ahora su especialidad son los rellenos de papa. Cuando se trata de ocasiones muy especiales, Zu Linares se ocupa de preparar fricasé de pollo o de cerdo, que es el plato favorito de la familia.
En fin de año se da la única ocasión en la que ellas cocinan juntas, pues ambas preparan picana. "Modestia aparte, nuestra picana es la mejor de la ciudad”, dicen convencidas.
Tradición familiar
Linares e Iturri están instituyendo una tradición en su familia, pues el día de Navidad del año pasado, por primera vez, organizaron un almuerzo con las dos familias. Y justamente cuando Miradas conversó con ellas no sólo estaban haciendo los preparativos para su almuerzo tradicional navideño junto a sus familias, sino también estaban planificando y preparando el armado del nacimiento del niño Jesús en su hogar.

 

Sus hijos han crecido imbuidos en el respeto por los demás, en la tolerancia hacia los otros, de tal forma que ahora no expresan ningún tipo de discriminación.

 

 


   

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