Suizos en su segunda patria

Hoy 1.170 suizos viven en el país. Algunos han fundado empresas, como lo hicieron Fred Schaub y los esposos Édgar y Mischa Lupa. Extrañan la nación europea, pero se sienten muy bien en Bolivia
jueves, 26 de diciembre de 2013 · 21:22
Layla Hasler *
Ya a fines del siglo XIX, algunos suizos llegaron a Bolivia y en particular a Beni, donde la explotación de caucho estaba en su apogeo.  En la actualidad, 1.170 personas de esta nacionalidad viven en el país, según la embajada helvética. La mayoría reside, en orden de importancia, en Santa Cruz, La Paz, Cochabamba y en los restantes departamentos. Algunos de ellos establecieron un negocio y viven lejos de la nación europea, como Fred Schaub (68) y los esposos Édgar Lupa (51) y Mischa Joubert (44).
A cara o cruz
Fred Schaub llegó a Bolivia con su familia a los cinco años de edad, en 1950. El ingeniero suizo es gerente general de Kalifra, una empresa familiar. Bolivia se ha convertido en su patria y afirma que no volverá a Suiza.
Sus padres, Roberto y Elena Schaub, arribaron a La Paz. Fred Schaub sólo tenía cinco años de edad y su hermana Maya, dos años más.  "No había mucho trabajo en Suiza y por eso mis padres decidieron emigrar”, cuenta.
En la posguerra, Suiza vivía un auge económico pero también había pobreza y desempleo. Su padre era ingeniero. "Mi padre tuvo dos opciones de contratos de trabajo, una para Bolivia y otra para India, y entonces echaron la decisión a cara o cruz”, relata Schaub. Así, el destino quiso que llegaran a Bolivia, donde su padre trabajaba en la empresa suizo-boliviana Volcán. "Los primeros años eran muy duros para mis padres, con poco dinero”, recuerda.
Volvió, pero para estudiar
Tras dos años, con un socio suizo compró la empresa Kalifra, que fue fundada por Kalina Francisco de origen checo. Pero en 1956 su padre falleció. Su madre asumió la responsabilidad en la empresa. "Un año después me mandó a Suiza para terminar el colegio y cumplir mi formación en mecánica e ingeniería”, dice Schaub.
Se casó con una suiza-francesa, en el país europeo, y volvió a Bolivia en 1970. Las épocas de bonanza y de sobresaltos iban de la mano. Sobre todo en la época de la UDP, de 1982 a 1985, un período muy difícil, recuerda Schaub. "La inflación llegó a 26.000 %, los precios de la mañana ya no valían en la tarde”, afirma. En esa complicada etapa, su esposa decidió volver a Suiza con sus dos hijos; Fred Schaub estaba decepcionado. "De un lado entiendo que quiso irse, pero el matrimonio también es apoyarse en lo bueno y en lo malo”, asegura.
El primer ascensor
Hoy Fred Schaub está casado con una boliviana, con la que también tuvo dos hijos.
Todos trabajan en la empresa familiar, Kalifra, de la cual Fred Schaub es gerente general. Su esposa trabaja en la administración, su hijo es el gerente técnico y su hija es la gerenta de la sucursal en Santa Cruz. En Cochabamba, funciona otra filial. La compañía emplea a 44 personas y está a la vanguardia en los rubros de metalmécanica, de ascensores importados desde España y de servicios en general. Antes, la firma era representante de los ascensores Schindler y en 1958 instaló el primer elevador en Cochabamba, en un hotel.
En 2000 Fred Schaub adoptó la nacionalidad boliviana, debido a que está convencido de que la patria está donde uno se siente cobijado, donde se funda una familia y se encuentra amistades, por todo lo cual está muy agradecido a su segunda patria.
Schaub evoca con placer su infancia en la finca de sus abuelos en Suiza, pero sin muestras de añoranza o del deseo de volver a radicar en su patria de origen. En verdad, de Suiza no extraña muchas cosas. "Aquí tambíen se puede comprar chocolate y kirsch (aguardiente suizo, hecho de cereza)”, dice con una sonrisa. Sólo extraña a su madre y a su hermana; este año, después de residir 63 años en Bolivia, su madre volvió a Suiza para vivir sus últimos años. "Allá tiene un mejor tratamiento médico”, explica Schaub.
Está muy interesado por todo lo que pasa en Bolivia, que ahora considera su patria. En 1977 regresó a Suiza por cuatro meses para una actualización profesional. "Todas mis amistades eran extranjeros. Aunque hablo el dialecto suizo y conozco la historia y la geografía, era difícil hacer amistades con suizos”, asegura. Por el contrario, en Bolivia hizo buenos y fieles amigos. "No voy a volver a Suiza”, resume.
A Europa, como músico
Cuando tenía 24 años, Édgar Lupa fue a Suiza con un grupo para hacer unas presentaciones de música en colegios, iglesias y también en la calle.
Era, entonces, un músico muy famoso del grupo "Coca” y ya había grabado 10 discos. Con la música ganó dinero para pagar sus estudios de arquitectura interior. Tocaba la zampoña. "Hicimos muchos temas sobre los indios de Latinoamérica y pasamos meses tocando allá”, recuerda.

Un día, cuando el grupo actuaba en una calle en Basilea, conoció a Mischa Joubert, cuyos padres son dos prestigiosos músicos; ella tiene un oído muy educado. "Se paró para vernos porque estábamos tocando buena música, era la impresión de ella –relata- y hablamos un poco en inglés”. Fue el primer encuentro con su futura esposa.
Están casados hace 25 años y viven en La Paz. Ambos tienen doble nacionalidad: suiza y boliviana.
El regreso
Lupa pensó en terminar sus estudios, pero también quería quedarse en Suiza con su novia. Finalmente se casaron y él terminó sus estudios en el país europeo.
Lupa se sentía bien en Basilea, porque está llena de cultura y porque llegó a ser, como dice él, su nueva "ciudad-patria”. "Nunca me perdí un carnaval, que es una tradición muy famosa en Basilea”, afirma. Casi sin darse cuenta, vivió 12 años en ese país. Cuando mira hacia atrás, dice que extraña "la comida suiza, los quesos, las ensaladas y los buenos vinos, pero poco a poco todo eso se puede encontrar acá, en Bolivia”.
Y también extraña "la amabilidad de la gente”. Pero lo que más le gusta es que en Bolivia no está sujeto a una agenda fija, tiene una gran libertad, y si por la noche tocan el timbre y vienen amigos puede compartir un rato con ellos. "En Suiza, siempre tienes que hacer una cita”, dice él, quien sabe que a los suizos a veces les hace falta un poco de espontaneidad.
"Al terminar mis estudios, pensamos en volver a Bolivia para ver si estaría bien quedarnos acá o continuar en Suiza”, cuenta. Ya tenía un buen trabajo en la nación europea.
Llegó con unos planes para mejorar la carpintería de sus padres, en La Paz. "Vine con tantas ideas…”, afirma. Pero también estaba la pasión por la música y volvió a tocar con sus amigos de antes. Su esposa Mischa se integró al grupo musical, pues toca la mandolina y canta. "Así teníamos un poco de arte en nuestra vida”, explica.
Los jóvenes esposos comenzaron a trabajar y participaron en una feria internacional de muebles. "Nos presentamos con cocinas integrales de Suiza y puertas y ventanas con doble cristal. Fueron un éxito y tuvimos muchos pedidos. Creo que la gente estaba esperando esos muebles, porque hay mucha gente que conoce Europa y quiere vivir así, con estos muebles”, cuenta Lupa.
Mischa ayudó en la administración, pero también aprendió a diseñar muebles. A los pocos meses tuvieron que ampliar el taller, porque el negocio creció. Hoy tienen 13 empleados. Los secretos de su éxito son muy suizos, dice Lupa: "la calidad y la puntualidad”.
Una pequeña familia
"Nosotros estamos contentos en Bolivia”, asegura Lupa.
Después de 20 años de matrimonio, llegó su primer hijo, Rumi. Es un nombre quechua que significa "piedra”. La pareja planificó la vida por etapas: resolvieron que inicialmente tenían que completar sus estudios, después trabajarían y ahorrarían y finalmente elegirían dónde vivir, para fundar una familia.
Lupa es paceño y habla quechua, pues sus padres son potosinos. Pero en su casa hablan más el suizo. A veces también se dirige en quechua a su hijo, quien ya conoce algunas palabras; Rumi cumplirá seis años. La familia decidió adoptar a una niña. "Era un deseo porque aquí ves también la pobreza y la orfandad. Quisimos compartir un poco y dar cariño a alguien que lo necesita”, explica. Hoy la pequeña Raissa tiene cuatro años.
La empresa de la familia, Muebles Eliberth, es sólida y opera desde hace 45 años. Lupa asegura que  siempre estuvo enamorado de las máquinas y herramientas. "Es una profesión muy noble, porque puedes trabajar con cosas naturales y hacer cosas útiles de la naturaleza que pueden alegrar tu vida en tu casa”, se entusiasma.
En 2003, en la época del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada había pánico. "Había tantos muertos y en dos semanas hemos vivido horrores. Al final, mi esposa Mischa quería volver a Suiza”, relata. La situación económica empeoraba. En 2005 Mischa se fue a Suiza. Un poco más tarde Édgar la siguió. Pasaron un tiempo en Suiza, pero deseaban volver a Bolivia. "Luego vino la calma y volvimos con nuestros hijos”, rememora. Desde que Evo Morales llegó al poder, las cosas han mejorado para la compañía, porque hay más construcción y, por tanto, mucho trabajo.
Édgar y Mischa Lupa siempre están al tanto de lo que ocurre en Suiza .”Leo la Basler Zeitung, un diario suizo, cada día en internet”, dice Lupa. Su esposa trabaja en la embajada del país helvético. Suelen votar cuando hay elecciones.  
Aunque su familia ya está bien establecida acá, Lupa no tiene miedo de regresar. "Eso nos da seguridad. Suiza es mi segunda patria”, afirma.
 
(*) La autora es una periodista suiza que hace una pasantía en Página Siete.

Es una profesión muy noble, porque puedes trabajar con cosas naturales y hacer cosas útiles de la naturaleza que pueden alegrar tu vida en tu casa.

La corriente migratoria suiza
Suiza no siempre ha sido un país rico.
 
Antes de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los emigrantes escapaba de la pobreza. Entre 1850 y 1914, unos 400 mil suizos se vieron forzados a dejar su patria. Sólo a mediados del siglo XX la situación cambió y el territorio helvético dejó de ser una nación que expulsaba a sus pobladores.
 
Entre 1400 y 1848, muchos de ellos se ganaban la vida como mercenarios en los ejércitos extranjeros. En el siglo XIX, por ejemplo, muchos fabricantes de quesos emigraron a Rusia. El queso "Tilsit” fue creado por un suizo en Prusia Oriental, en una ciudad del mismo nombre.  

A principios del siglo XVI, algunos se convirtieron en refugiados en otros países por razones religiosas.
 
América Latina ya era, en los siglos XVI y XVII, un destino para los emigrantes helvéticos. Casi todos ellos eran campesinos, misioneros o científicos. Pero Latinomérica se tornó más importante para quienes buscaban un mejor futuro sólo en el siglo XIX. Los principales países que recibieron la corriente migratoria suiza fueron  Brasil –en especial el sur-, Uruguay, Argentina y Chile.

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