El zoo más antiguo del mundo

José Vicente Bernabeu
martes, 03 de diciembre de 2013 · 22:20
Construido por la Casa Real de los Habsburgo en 1752, el zoológico de la capital de Austria fue abierto al público general en 1779, en plena época absolutista, cuando el pueblo llano apenas podía entretenerse.
Con 261 años de historia sobre sus espaldas, el Tiergarten sigue conservando hasta hoy su encanto arquitectónico de antaño, junto al Palacio Real de Verano de los Habsburgo, a los pies de las colinas que rodean la bella Viena.
Y desde su privatización, en 1992, se ha establecido como uno de los zoológicos más importantes del mundo y ha sido galardonado en 2008, 2010 y 2012 como el mejor  de Europa.
Un capricho imperial
El parque surge a mitad del siglo XVII, cuando el imperio austríaco vivía uno de sus mejores momentos. Hacía poco que su ejército había vencido, una vez más, al Imperio Otomano en 1739 y el emperador consorte, Francisco I, decidió crear una especie de "jardín del paraíso” que diera cuenta de las riquezas que atesoraba su Casa Real.
Con este objetivo, pero también con el de acercar la ciencia y el conocimiento a la corte, el emperador vienés se decidió a abrir una casa de fieras, emulando otras que existían en Londres o París.
Su esposa María Teresa, entonces al frente de la Casa Real de los Habsburgo, accedió a la idea de su marido, con la condición de que ningún animal carnívoro pisase los terrenos de Schönbrunn.
"La monarca temía que alguno de sus 16 hijos se acercase demasiado a las jaulas y luego hubiera que lamentarlo”, cuenta Gerhard Heindl, historiador y documentalista del zoo.
Así empezaron a llegar a palacio antílopes, micos y ciervos traídos de todas partes del mundo, gracias a la gestión de las embajadas que Austria tenía repartidas por el globo.
"El emperador movilizó a sus diplomáticos para que le consiguieran animales, pero no era fácil”, explica Heindl.
Por un lado, porque no existía la figura del "tratante de animales” y, por otro, dado que muchos animales resultaban demasiado caros, incluso para una Casa Real como la austríaca.
Y es que, aunque el imperio atravesaba un periodo de bonanza, no todos los deseos del emperador podían ser solventados. "Francisco estaba empeñado en traer una cebra, pero costaba demasiado, nunca lo consiguió”, explica el historiador.
"La emperatriz siempre tenía la última palabra”, añade Heindl entre risas, "pues aunque se sabe que su esposo no quería traer loros, existen varias pinturas de la época en las que aparecen. Ella los hizo traer desde Florencia (Italia)”.
La jirafa, la más popular
Las sumas invertidas eran enormes. Traer un ave casuarius desde Australia costó por ejemplo 2.000 coronas, cinco veces los ingresos de un hombre de buena posición en la época.
Hasta el derrumbe del imperio en 1918, los diferentes monarcas austríacos se hicieron cargo del mantenimiento de su casa de fieras, a la que llegaban animales de los lugares más recónditos.
"Era normal que otros monarcas o austríacos acaudalados que vivían lejos enviaran animales como regalos, desde Asia, África o América, y eso que las comunicaciones entonces eran muy difíciles”, cuenta el historiador.
Hasta que abrieron el canal de Suez en 1869, los barcos que traían animales desde Asia tenían que bordear África y tardaban dos o tres meses.
Además, no existía aún el ferrocarril, así que los animales tenían que venir a pie en muchas ocasiones, como la primera jirafa, que llegó a Viena en 1828, todo un evento en la capital imperial.
Hasta la llegada a la ciudad del primer oso panda gigante, casi 200 años después, esa jirafa fue sin duda el animal más popular en la historia del zoo.
Fue tal la expectación social que provocó la jirafa africana, que decenas de guardias de seguridad tenían que custodiar su casa jaula ante la avalancha de visitantes.
Otros ejemplares populares fueron los elefantes. Tantas eran las monedas que los visitantes les arrojaban que, en 1841, una hembra murió tras ingerirlas. En 1906 el Tiergarten de Viena fue el primero del mundo que vio un elefante nacer en cautiverio.
El zoo, hoy
Desde sus comienzos, cuando el Tiergarten sólo era una mera "Casa de Fieras”, la intención era que sirviera para promover la divulgación de la ciencia, una práctica que, con los años, se ha hecho más y más importante.
"Los alumnos de las Academias Teresianas, fundadas por María Teresa, venían a visitar a los animales, el emperador quería que los niños se familiarizaran con ellos”, explica Heindl.
Ahora, en pleno siglo XXI, el zoológico de Schönbrunn es la segunda atracción turística más visitada en Viena, después del palacio de Schönbrunn, que está catalogado como Patrimonio de la Humanidad.
Cada año, el complejo recibe 2,3 millones de visitantes, muchos de ellos niños. "Sólo un 30% es extranjero, el resto son de Austria y muchos, de Viena”, explica Regina Pfistermüller, encargada de investigación y conservación en el zoológico.
"El zoo tiene cuatro objetivos: la recreación, la educación, la investigación y la conservación”, indica la zoóloga.
"Entretenemos a los niños de forma educativa, queremos que aprendan porque todo lo que puedan conocer ahora lo protegerán en un futuro”, asegura.
Uno de los métodos para financiar el parque zoológico es el mecenazgo de parte de particulares y empresas que "adoptan” animales, lo que ha ayudado a mejorar las infraestructuras y atraer a cada vez más turistas.
En total, este zoológico cuenta con unos 8.400 animales de 730 especies diferentes. Además, el Tiergarten ofrece actividades especiales como excursiones nocturnas o programas especiales para niños.
El centro tiene una superficie total de 17 hectáreas que reproducen ecosistemas de todo el mundo: desde un invernadero de selva tropical, una zona polar con pingüinos y leones marinos y una zona con hipopótamos y rinocerontes, hasta una granja alpina en el bosque que bordea el zoo.
Con sus 150 empleados, el "Tiergarten” facturó en 2012 más de 13,6 millones de euros (más de 18 millones de dólares), lo que multiplica sus resultados de hace 25 años, cuando estuvo a punto de quebrar y ser clausurado por el Estado antes de ser finalmente privatizado.
Para 2014, la empresa gestora tiene previsto inaugurar un nuevo pabellón polar: un hábitat para osos polares que actuará "como un gran centro educativo donde explicaremos cómo viven los animales en los polos y qué problemas enfrentan”, señala la zoóloga.

El proyecto será el más ambicioso emprendido por el parque en los últimos años, una muestra más de la importancia que dan en el zoo más antiguo del mundo a "seguir innovando en busca de la excelencia”, concluye Pfistermüller. (EFE Reportajes)

Historia imperial y vanguardia zoológica se unen en el Tiergarten Schönbrunn de la ciudad de Viena, el zoo más antiguo del mundo con más de un cuarto de milenio de existencia.

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