Empleos de explotación y maltrato

La precariedad del empleo, en el país, se ha convertido en una lacerante realidad. Lo sabe Juan Carlos Baltazar, quien es albañil, carpintero, electricista, comediante y payaso.
jueves, 2 de enero de 2014 · 21:16
Jacques Duhaime
María Taquila Quispe, de 47 años, vive en Pampahasi con dos de sus cuatro hijos. Debe trabajar "doble turno”, es decir durante 20 horas al día. De noche es portera en un centro de salud y de día ejerce como trabajadora asalariada del hogar. Roba unos minutos de sueño cuando puede y saca lo máximo del fin de semana para compartir con sus hijos, "todo lo que no hemos compartido durante la semana”.
Ernesto Pérez, economista del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, afirma que la necesidad de contar con dos y hasta tres empleos es una característica boliviana que se ha ido acentuando desde los años 80. Otra economista, Daniela Sánchez, ve en esta tendencia una "estrategia de supervivencia” que se explica por los salarios tan bajos que obligan a tratar de diversificar los oficios lo más posible.
El alteño Juan Carlos Baltazar personifica muy bien esta tendencia. Él se define como comerciante, albañil, carpintero, plomero, electricista, comediante y payaso. "Por ejemplo, ahorita llueve, entonces tengo que ir a trabajar dentro de una casa, haciendo pintura o lo que sea. Si hace sol tengo que salir a vender helados y, si está nublado, vendo chocolates y galletas. O sea, conforme va el tiempo y van llegando las cosas, tengo que trabajar de todo”, explica.
Persiste una cultura de la sobreexplotación y prácticas de maltrato arraigadas en Bolivia. Santusa Mallqui Quispe, de 38 años, es una madre con tres hijos que lava ropa a domicilio para completar los ingresos generados por su esposo, quien es albañil.
"A veces, hasta las tres de la tarde me hacen lavar y no me invitan ni un té ni un vaso de agua”, se queja. "Te pagan apenas, algunas señoras te arrojan la plata”, agrega. Una vez fue castigada físicamente por la dueña de una pensión por haber quemado una olla y hasta quemaron toda su ropa y demás pertenencias. Luego fue a trabajar a una casa particular, por un sueldo mensual  de 30 bolivianos. "Eso no me alcanzaba para nada”, dice.
Un sueño
"¿A quién no le encantaría tener un trabajo fijo bien pagado?”, responde con otra pregunta el alteño Juan Carlos Baltazar al director de cine Marcos Loayza, quien lo interroga para un documental producido por el PNUD y Cuarto Mundo.
No es más que un sueño para la mayoría de los bolivianos.
Las cifras de la última  encuesta de hogares del Instituto Nacional de Estadísticas en 2011 muestra que en las ciudades del país seis de cada 10 trabajadores están ocupados en una actividad informal -nueve de cada 10 en las zonas rurales- y que el 85% de los trabajadores no está afiliado a las Administradoras de Fondos de Pensiones.
Después de 10 años de labor, Damiana Callampa, una trabajadora del hogar, de 32 años, dejó la casa familiar que atendía en Villa Armonía. El motivo: sus empleadores se negaron a adelantarle, al menos en parte, el pago previsto por ley de la indemnización por cada año trabajado. Es más: no le quisieron reconocer ningún beneficio ni pagar nada. "En el Ministerio de Trabajo me dicen que tengo que sacar citaciones. En eso estoy andando. Me piden que regrese de aquí a tres, cuatro días. Es así. No te atienden rápidamente”, se queja.  
"No hay antigüedad, no hay aguinaldos, son muy pocos los trabajadores que gozan de esos beneficios sociales”, dice Martha Torrico, del Centro de Servicios para la Familia y el Desarrollo.
Hilda Flores Quispe se las arregla vendiendo trabitas y aretes de feria en feria desde que se accidentó una mano cuando trabajaba como albañil. "Está rota, entonces ya no tiene fuerza. Por falta de dinero no le he hecho poner perno, solamente me han masillado ahí y así de chueca ha sanado”, explica.

El alteño Eliodoro Mamani, de 41 años, también es albañil. "Hay particulares y también empresas que no nos hacen trabajar ocho horas, sino 10 y hasta 12 horas (al día) sin pagar las horas extra ni tampoco los feriados ni el aguinaldo. No tenemos seguro de vida y cualquier accidente nos puede pasar”, se lamenta.
En una cerrajería
El alteño Juan Carlos Baltazar cuenta que fue contratado por un taller de cerrajería. Vale la pena transcribir íntegramente su entrevista con el dueño del taller:
-Ya pues, ¿tienes experiencia?-, me dice.
-Sí-, le digo, porque si le decía que no, no me recibía.
-Bueno, ya, solamente tienes que cortar eso -me dice-, esta tarde hablamos.
Toda la mañana estuve trabajando duro y me hacen cortar todo.
En la tarde me dice: -Che, ¿sabes que tu sueldo va a ser de 80 bolivianos? Semanal.
-Pero, ¿80 bolivianos? Eso no me alcanza-, respondí.
El almuerzo costaba esas veces cinco pesos y yo hacía cuentas: Seis por cinco son 30, en seis días 30 bolivianos voy a gastar y quedan 50 bolivianos para mí. No me alcanza para nada. Mi alojamiento, ¿cuánto voy a pagar?
Entonces me dice:
-Ahora, ¿tienes tus documentos?
-No, no tengo documentos, recién me voy a sacar, están en trámite.
-¡Ah, no! Así no te recibo. Ándate nomás, toma dos pesos pa’ tu pasaje y te vas. Ese día no había comido, hubiera aprovechado mi tiempo en otra cosa”.
El drama de los jóvenes
Los jóvenes son las primeras víctimas de este contexto laboral antagónico.
Andrea Sirpa Tórrez es una joven estudiante de turismo que vive con sus padres. Trabajó una temporada en una heladería: "Era un poco pesado, ganaba un sueldo bajo, no teníamos derecho a elegir el horario y trabajábamos más horas de lo previsto. Se han aprovechado de nosotros porque éramos jóvenes”.
En su nuevo empleo en una imprenta, cuando trataba de sacar provecho del receso universitario, Andrea recibía 25 bolivianos cada vez que lograba compaginar mil libros. Así, con la ayuda de su hermana, ganó en el mejor de los casos 75 bolivianos por todo un día de dura labor física. "Esto es una explotación para nosotras, pero es cuestión de acostumbrarse”, afirma.
La citada encuesta de hogares del INE revela que siete de cada 10 jóvenes entre 18 y 24 años de edad ocupados en el sector informal tienen ingresos laborales por debajo del salario mínimo en Bolivia (actualmente es de 1.200 bolivianos). Según los datos de una encuesta realizada en 2009 por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, ocho de cada 10 jóvenes bolivianos perciben que se les paga muy poco.  
Los testimonios recogidos reafirman la necesidad de abrir un amplio debate público sobre la vigencia en el país de un mercado laboral informal que tiene como uno de sus efectos la exclusión de miles de ciudadanos de los beneficios de la seguridad social.

(*) El autor trabaja en el Informe sobre Desarrollo Humano en Bolivia: http://idh.pnud.bo.

No hay antigüedad, no hay aguinaldos, son muy pocos los trabajadores que gozan de esos beneficios sociales

Información adicional
Para ver más: En asociación con el PNUD y Cuarto Mundo, el director Marcos Loayza ha producido un reportaje que critica las malas condiciones de trabajo en Bolivia, incluyendo una entrevista muy ilustrativa con el payaso alteño Juan Carlos Baltazar.

Para escuchar más: La Revista del Futuro ha consagrado todo un programa de radio a los "malabarismos laborales”, es decir a estos padres y madres de familia que deben trabajar en paralelo en varios oficios para acumular unos ingresos apenas mínimos.

 

 


   

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