La lucha del colectivo TLGB en Uganda

Call me Kuchu, según la autora, es un documental que denuncia la situación denigrante que viven los homosexuales en Uganda y cómo éstos luchan por el reconocimiento de su grupo
jueves, 2 de enero de 2014 · 20:56
Rocío Rebollo Pérez
Call me Kuchu es uno de esos documentales que hay que ver al menos una vez en la vida. Fue escrito y dirigido por Katherine Fairfax Wright y Malika Zouhali-Worrall, quienes han hecho su entrada al mundo del largometraje documental por la puerta grande: Call me Kuchu ha recorrido multitud de festivales internacionales cosechando más de una docena de premios.
Es un documental que denuncia la situación denigrante que viven los homosexuales en Uganda, donde ser homosexual es ilegal, y se centra en el periodo posterior a la presentación del proyecto de ley contra los homosexuales, en el que la violencia contra este colectivo se intensificó y las persecuciones por parte de diversos sectores sociales aumentaron.
El término kuchu es un derivado del swahili y es empleado por el colectivo LGTB ugandés para denominarse a sí mismos. Los kuchu son uno de los colectivos más desfavorecidos en un país extremadamente conservador, en el que la influencia del evangelismo procedente de Estados Unidos ha contribuido en la expansión e institucionalización de la homofobia.
En este contexto, el filme muestra la acción de la organización Sexual Minorities Uganda en la lucha por la defensa de los derechos de los homosexuales. Uno de los protagonistas de esta historia es David Kato, activista comprometido con la causa y primer ugandés en salir públicamente del armario aún arriesgando con ello su vida. Junto a él, un grupo de ugandeses lucha  por el reconocimiento de los derechos de este colectivo.
El filme se centra en la realidad de los homosexuales en Uganda en la actualidad así como en las acciones emprendidas tanto por parte del Gobierno contra el colectivo como por parte de otros sectores de la sociedad, como la Iglesia o los medios de comunicación, que tienen una función fundamental en la propagación de la homofobia.
Tal y como muestra este impactante documental, el periódico Rolling Stone, publicado en Kampala entre agosto y noviembre de 2010, se encargó durante su corta vida de publicar un listado de homosexuales ugandeses, ofreciendo toda clase de información personal sobre ellos, así como fotografías bajo un titular que decía: "Colgadles”.
En ocasiones, una historia tan impactante sobrepasa a la forma. Pero, por suerte para el espectador concienciado con causas como la defendida en el filme, también amante del buen cine, este documental ofrece una visión desprovista de filtros (gracias a que ofrece al espectador las dos caras de la moneda, esperando que sea él quien juzgue).
El filme está realizado con gran delicadeza y ofrece una fotografía sincera desprovista de artificios que roben protagonismo a sus verdaderos protagonistas, y empleando únicamente la música extradiegética como elemento de transición, aportando así una mayor veracidad al relato además de una sensación de profundo respeto por el tema tratado.
Call me Kuchu logra traspasar la barrera de la propaganda y ofrece un documento visual de gran valor y calidad fílmica.
Si algo sorprende en este filme tan dramático es la fuerza, energía y vitalidad que desprenden sus protagonistas, personas comprometidas con una causa que va mucho más allá de lo personal y que, a pesar del miedo y la inseguridad con que viven su día a día, no pierden la esperanza ni se dan por vencidos en su lucha por conseguir una Uganda más justa y libre.
Call me Kuchu es un filme necesario y el magnífico trabajo de sus realizadoras lo convierte en imprescindible para comprender que aún queda mucho camino por recorrer en materia de igualdad y respeto, pero que, como dice el eslogan de los miles de ugandeses que luchan por el reconocimiento de sus derechos, a luta continua. (Extracine)

 

 


   

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