Sequías atormentan a la población de la metrópoli más grande de Brasil

En los barrios abastecidos por el Sistema Cantareira de Sao Paulo se quejan de un racionamiento no declarado hace varios meses y en 30 poblaciones se impuso el racionamiento de agua.
martes, 14 de octubre de 2014 · 23:35
Mario Osava /  Tierramérica    
Especial para  la revista Miradas

Nueve millones de los 21 millones de habitantes de la Gran Sao Paulo están pendientes de la recuperación del Sistema Cantareira, un complejo de seis represas unidas por 48 kilómetros de túneles y canales, cuya capacidad normal de suministro ya se agotó.
Hace cuatro meses, se consumen sus aguas de la reserva técnica, llamada "volumen muerto” porque está en el fondo antes intocable, bajo el punto de captación. Así se asegura el abastecimiento hasta el 15 de marzo de 2015, según autoridades del gobierno estadual.
Las cinco estaciones de tratamiento del agua servida en la región metropolitana procesan primariamente 16.000 litros por segundo. Un "tratamiento complementario fisicoquímico” podría limpiarla para diversos usos e incluso hacerla potable con cuidados adicionales, propone   Ivanildo Hespanhol,  profesor de ingeniería hidráulica de la Universidad de Sao Paulo.
La situación de emergencia exige ahora medidas más urgentes, como reducir las pérdidas, que superan 30% según varias instituciones, estimular el ahorro de agua y aprovechar mejor los manantiales existentes, matizó  la arquitecta Marussia Whately, especialista en recursos hídricos del no gubernamental Instituto Socioambiental (ISA).
Más dramático, por afectar a millones de personas, es el precario abastecimiento de agua en Sao Paulo y alrededores. Por lo menos 30 ciudades impusieron el racionamiento de agua en los últimos meses.
En Sao Paulo, los barrios abastecidos por el Sistema Cantareira se quejan de un racionamiento no declarado hace varios meses. La estatal Sabesp, que es la principal suministradora en todo el estado de Sao Paulo, admitió haber bajado la presión nocturna del agua para evitar pérdidas en sus tuberías.
El cambio climático amenaza con empeorar la situación. Buena parte de las lluvias que caen en el sudeste brasileño provienen de la Amazonia, donde la deforestación ya redujo la humedad local. Otro fenómeno local suma pesimismo al drama. La isla de calor formada por la gran área urbana de Sao Paulo atrae las lluvias, desviándolas de los manantiales, observó la periodista y activista Isabel Raposo, instalada hace 30 años en la Sierra de Cantareira, donde sobrevive un gran parque forestal y pasan las aguas traídas de cuencas lejanas.
Estudios recientes comprobaron que la pluviosidad es generalmente más intensa en la metrópoli paulista que en las montañas aledañas que alimentan las represas del Sistema Cantareira. Un doble daño es la consecuencia, las ciudades sufren crecientes inundaciones y llueve menos donde es más necesario, concluyó la activista.

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