La fractura hidráulica agrieta el desarrollo energético argentino

En la bautizada “Arabia Saudita de la Patagonia” florecen los frutales y se extienden los viñedos, pero también abundan el petróleo y el gas de esquisto, que deben extraerse con el fracking.
miércoles, 22 de octubre de 2014 · 21:34
Fabiana Frayssinet /  Tierramérica    
Especial para  la revista Miradas

 

El tesoro de petróleo y gas no convencionales de Vaca Muerta  promete autoabastecimiento energético y desarrollo para Argentina. Pero la fractura hidráulica requerida para arrancar esa riqueza enquistada en rocas subterráneas podría pagarse muy cara.

Vaca Muerta alberga una de las mayores reservas mundiales de petróleo y de gas de esquisto, en estructuras rocosas de hasta 3.000 metros de profundidad. La formación geológica abarca las provincias de Neuquén, Río Negro y Mendoza. La petrolera estatal YPF tiene en concesión 12.000 kilómetros cuadrados,  de los cuales  300 son operados con la estadounidense Chevron.
La explotación obliga a utilizar la tecnología de la fractura hidráulica, conocida también como fracking, a la que YPF prefiere llamar "estimulación hidráulica”. Se trata de la inyección a alta presión de agua, arena y "una baja cantidad de aditivos”, en la roca generadora, a más de 2.000 metros de profundidad para hacer fluir al hidrocarburo a la superficie por las cañerías del pozo.
El ingeniero Víctor Bravo asegura en un estudio publicado por la Fundación Patagonia Tercer Milenio que en cada pozo se realizan unas 15 fracturas, con 20.000 metros cúbicos de agua y unas 400 toneladas de químicos diluidos. La fórmula es un secreto comercial, "pero se supone que son unas 500 sustancias químicas, 17 tóxicos para los organismos acuáticos, 38 tóxicos agudos, ocho cancerígenos probados”, indica. Algunas fracturas, insiste, pueden alcanzar un acuífero y contaminarlo.
El gerente regional de No Convencional de YPF, Pablo Bizzotto, desestimó esos temores, porque la formación rocosa está a 3.000 metros y las napas de agua entre 200 y 300. "El agua tendría que transitar miles de metros hacia arriba. No puede hacerlo”, aseguró.
"Queremos atraer inversiones, generar trabajo, pero en resguardo siempre de los recursos naturales”, acotó el secretario de Ambiente de Neuquén, Ricardo Esquivel. A su juicio,  hay "muchos mitos” sobre el fracking, como que es tanta el agua requerida que disminuye el caudal hídrico. Neuquén, afirmó, usa 5% del agua de sus ríos para irrigación, consumo humano e industria, mientras el resto sigue hacia el mar. Incluso si se perforasen 500 pozos anuales, se utilizaría apenas 1% más del recurso.
"Esa agua no queda en las mismas condiciones en que se sacó del río, se cambia el ciclo hidrológico. Minimizan un  problema que  requiere un análisis más profundo”, rebatió Carolina García, de la Multisectorial contra la Fractura Hidráulica. La activista recordó que en la Unión Europea se cuestiona la técnica y que Alemania estableció una moratoria de ocho años para el esquisto, mientras se estudian los riesgos de la técnica.

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