La Cueva del Diablo de Potosí

La Cueva del Diablo y la Quebrada de San Bartolomé, ubicadas a media hora de la capital potosina, según especialistas, son los lugares de culto prehispánico más importantes de la región.
miércoles, 10 de diciembre de 2014 · 21:10
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza
La Cueva del Diablo de Potosí se encuentra en la Quebrada de San Bartolomé, sobre la carretera que une esta capital con la ciudad de Oruro y los balnearios de Miraflores y Tarapaya, al norte de la urbe potosina.
Para llegar al lugar se puede tomar uno de los microbuses que durante todo el día parten a Miraflores del mercado Chuquimia, en la parte baja de la capital. Miradas llegó al lugar junto a Alfredo Díaz de Oropeza, quien se ofreció a conducirnos no sólo a la mítica cueva, sino también a la hacienda colonial de Mondragón.
Antes de llegar a la quebrada se aprecia una gran cantidad de eucaliptos que crecen en el extremo izquierdo de la carretera. Asimismo, sobre la curva de ingreso, en el lado derecho, hay una curiosa formación rocosa que se asemeja a una cabeza humana.
Los dos peñascos que conforman el cañadón están separados por pocos metros y sobre el fondo pasa un riachuelo visiblemente contaminado. Para acercarse a la cueva hay que descender y sortear algunas rocas hasta llegar al borde del arroyo, que está a dos metros por debajo del nivel de la carretera.
En ese lugar se tiene la sensación de que en cualquier momento puede ocurrir un derrumbe. Los peñascos de color rojizo son como muros, cuyas cimas por lo menos deben encontrarse a 100 metros de altura. Tal como pasaría en el fondo de un pozo, para ver el cielo se debe elevar la mirada perpendicularmente.
De la cueva llaman la atención una gran mancha de color verde oscuro y otras más pequeñas que, según los especialistas, son dibujos rupestres que representan a camélidos.
Leyenda colonial
Los habitantes de la Villa Imperial creen que la mancha oscura es un rastro que dejó el diablo  tras estrellarse sobre la roca cuando huía de la imagen de San Bartolomé. Según esta creencia, antes de la intervención del santo, en determinadas horas, quienes pasaban por la quebrada, se perdían cuando las montañas se cerraban por la voluntad demoníaca.
Esta creencia está vigente en Potosí desde la época colonial. En 1737, Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela escribió: "Es memorable esta quebrada (…), pues pasando las gentes por allí, repentinamente se juntaban las dos peñas (que son altísimas) y matándolos a todos se tornaban a abrir”.
Lo mismo ocurría cuando un jinete cruzaba a toda carrera. "Otras veces si pasaban de cabalgaduras, de improviso se alborotaban y no paraban hasta hacer pedazos a los hombres con sus corcovos”.
En ese entonces, se creía que el responsable de estos males era el diablo que moraba en la formación geológica. "Afirman (…) que el causador de estos daños era el demonio que habitaba en aquella gran cueva”, escribió el autor de la Historia de la Villa Imperial de Potosí.
Para remediar aquella situación y expulsar al maligno que moraba en la quebrada, los jesuitas trasladaron una imagen de San Bartolomé al lugar. "Después de que se fundó en esta Villa el colegio de la Compañía de Jesús (…) fueron un día llevando en procesión la imagen del apóstol San Bartolomé, y colocándola en otra pequeña y natural cueva vecina a la grande, al punto salió de ésta el demonio bramando, y haciendo un espantoso ruido se estrelló contra la misma peña, quedando hasta hoy las señales de un color verdinegro”.
"Colocado el santo y puesta una gran cruz en la cueva mayor nunca más se experimentó otra desgracia, y desde entonces tiene esta Villa gran devoción a San Bartolomé y cada año van españoles e indios a celebrar su fiesta con gran solemnidad”, explicó el historiador de la Villa Imperial.
Desde entonces cada 24 de agosto comienza una celebración en honor a San Bartolomé, que se prolonga toda la última semana de ese mes, lo que  dio lugar al nacimiento de la festividad de Chutillos.
Culto prehispánico
La antropóloga Pascale Absi y el arqueólogo Pablo Cruz en el artículo "La puerta de la W’aka de Potosí se abrió al infierno. La quebrada de San Bartolomé”, publicado en el Anuario 2006 del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, afirman que, en realidad, la quebrada de San Bartolomé era el "lugar de culto prehispánico más importante registrado en los alrededores de Potosí”.
La quebrada de San Bartolomé también es conocida como Wayq’u Punku (Puerta de la quebrada), palabras que evidencian su carácter sagrado prehispánico. La palabra "Punku” se utiliza para designar "ciertos lugares accidentados del relieve que marcan una transición entre diferentes zonas ecológicas, paisajes o caminos, y que son a menudo concebidos como una concentración de los poderes saqras del inframundo”, explican los especialistas.
El término saqra encarnaba un poder telúrico que "designa la fuerza salvaje (no domesticada) del mundo”. Y la quebrada, con sus formaciones rocosas que se destacan por su "tamaño, forma y coloración”, además del riesgo natural que entraña por los derrumbes, pudo considerarse dentro de esa categoría.

Si bien este sitio no fue el único importante para los cultos prehispánicos  -pues formó parte de una red de lugares sagrados relacionados con la gran montaña de plata, como los cerros Chico, Chullpaloma y Khari Khari-,  se puede afirmar que era el principal, dicen los investigadores Absi y Cruz.

Se creía que el responsable de estos males era el demonio que moraba en la formación geológica.

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