El magnicida que desató la Primera Guerra Mundial

Gavrilo Princip estaba a punto de cumplir 20 años cuando cometió el atentado de Sarajevo. Pasó sus últimos años en prisión.
miércoles, 7 de mayo de 2014 · 23:54
  EFE Praga

Soledad, aislamiento y enfermedad. Así fueron los últimos cuatro años de vida de Gavrilo Princip en la prisión checa de Terezin, donde murió hace 96 años mientras cumplía condena por el asesinato, en junio de 1914, del heredero del Imperio austro-húngaro, que desató la Primera Guerra Mundial.
"Estoy muy mal en mi encierro solitario, sin libros, nada para leer, sin ningún contacto”, confió el prisionero Princip al psiquiatra Martin Pappenheim, quien trabajó en Terezin en 1915 y 1916  y publicó años después sus conversaciones con el joven serbio-bosnio, bajo el título de Gavrilo Princips Bekenntnisse (Confesiones de  Gavrilo Princip).
Tras matar al archiduque Francisco Fernando y a su esposa Sofía Chodek, condesa de Hohenberg, Gavrilo Princip fue condenado a 20 años de cárcel, ya que no había cumplido aún la mayoría de edad de 20 años que exigía la ley para poder condenarlo a muerte.
El 28 de junio de 1914, día del atentado de Sarajevo, el magnicida estaba a un mes de cumplir 20 años de edad.
La fortaleza de Terezin, donde las autoridades austro-húngaras encerraron al magnicida, fue dos décadas más tarde un campo de concentración nazi, donde murieron decenas de miles de judíos.
Princip fue sometido a una estricta vigilancia en una celda individual, sin apenas luz, con una exigua dieta, permanentemente encadenado y con permiso para pasear sólo media hora diaria.
El preso, aunque sólo dormía cuatro horas por la noche, "soñaba mucho, dulces sueños sobre la vida, el amor, nada intranquilo”, señaló el médico austríaco en sus protocolos.
Las descripciones de Pappenheim dibujan a un joven "idealista, que quiso vengar a su nación” y que fue espoleado por "folletos anarquistas que incitaban al atentado”. "Toda la juventud comparte ese afán revolucionario”, continuó Pappenheim en su semblanza de Princip, que fue publicada después de la guerra.
En ella asegura que el preso "piensa que la revolución social en Europa es posible, porque las cosas están cambiando”.
En cuanto al ambiente en la prisión, Pappenheim consignó que el propio Princip reconoció que no le trataban mal. "Todos se comportan hacia él con corrección”, describió el médico.
La vida de Princip se fue apagando en esa celda oscura durante casi dos años, desde el 5 de diciembre de 1914 hasta abril de 1916, cuando fue hospitalizado aquejado de tuberculosis.
Su estado de ánimo fue también decayendo, con episodios de desesperación, un intento de suicidio, creciente nerviosismo, falta de apetito e incluso dudas sobre el ideal que le llevó a cometer el magnicidio: unificar a todos los eslavos del sur en un único Estado. (Gustavo Monge)

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