Una luz para el misterio aéreo más grande del mundo

Según investigadores y un programa de televisión, Kenny Christiansen es el famoso D.B. Cooper, que secuestró un avión y saltó de él con el rescate. Luego de eso desapareció.
martes, 13 de enero de 2015 · 19:37
Fernando Chávez Virreira
Este es uno de los más grandes misterios y casos sin resolver en la historia de la aviación mundial y la más importante de Estados Unidos.  El 24 de noviembre de 1971, un hombre con traje negro secuestró un avión, logró un rescate de 200 mil dólares y huyó saltando en paracaídas a 3.000 metros de altitud sobre Washington.
A más de 40 años de aquel suceso,  investigadores del programa Decodificado, de Brad Meltzer, que difunde el canal H2, sugieren que ese hombre es Kenny Christiansen,  un exparacaidista militar que había trabajado en una aerolínea y además  vivió en Washington, cerca del sitio del secuestro, por lo que conocía el terreno. También bebía bourbon, fumaba  y sus rasgos faciales eran similares a los del retrato que se difundió tras la descripción de los testigos.
Llegaron a esa conclusión luego de entrevistas a muchas personas y basan su hipótesis en que  Christiansen tenía un motivo, su imagen concuerda con las descripciones que derivaron en un retrato hablado y, sobre todo, en que meses después del secuestro comenzó a gastar dinero en efectivo y llegó incluso a comprar una casa.
El motivo: tras casi 20 años de trabajo en la aerolínea Northwest Orient Airlines, su sueldo era de 512 dólares mensuales y ante los reclamos sin respuesta a la empresa  habría decidido el secuestro para obtener una especie de indemnización de la compañía.
Los hechos
Aquel día de noviembre de 1971, un hombre de mediana edad, alto, que vestía abrigo y corbata negros, compró un billete en Portland bajo el nombre de Dan Cooper -luego se supo que el nombre D.B. Cooper se debió a una confusión en la redacción de United Press International-. Abordó el vuelo 305 de Northwest Orient Airlines con destino a Seattle y ocupó el asiento 18C, ubicado en la parte trasera del avión. Pidió un bourbon con soda.
Al despegar le entregó a Florence Schaffner, la azafata de 23 años, una nota que ella guardó sin prestar atención, pensando que se trataba de una proposición más de un pasajero, de las que había recibido muchas.
Luego Cooper se le acercó y le dijo: "Señorita, mire la nota. Tengo una bomba”. Además, le dijo  que estaba secuestrando el avión y le pidió que se siente a su lado para recibir instrucciones. "Quiero que cuando aterricemos en Seattle me entreguen 200 mil dólares. También quiero cuatro paracaídas. Recarguen combustible en cuanto aterricemos y no hagan tonterías o este maletín explotará”. Mientras la azafata se acercó hasta la cabina para informar al piloto de la situación, Cooper escondía su rostro tras unas gafas oscuras que utilizaría hasta saltar del avión.
Cuando la aeronave aterrizó en Seattle, los pasajeros bajaron  sin conocer nada sobre el secuestro. Cooper esperó a que le entregaran los 200 mil dólares en billetes de 20 y los paracaídas. Tras recibir el dinero, ordenó al piloto que se dirigiera hacia Reno (Nevada). Le dio órdenes concretas respecto a qué altura volar, a qué velocidad y cómo colocar las alas del avión, y le especificó que no sellaran la puerta de atrás. El Boeing 727 era el único modelo con unas escalerillas que permitían utilizar esa puerta para saltar y el secuestrador conocía esos detalles.
D. B. Cooper repartió los cinco kilos que pesaba el dinero por todo su cuerpo, invitó a la azafata a encerrarse en la cabina con el piloto y se quedó solo.
La tripulación empezó a notar un cambio de presión en la cabina. Cooper abrió la puerta trasera y saltó del avión. Esta fue la última vez que se supo de él. El FBI cree que el salto fue realizado sobre el suroeste del estado de Washington, ya que a esta hora las escaleras traseras se sacudieron, posiblemente en el instante en que abandonó la aeronave. En ese momento, el avión estaba volando a través de una tormenta y la nubosidad impedía ver el suelo. Luego de ese hecho empezaría una de las investigaciones más importantes para el FBI.
El detective neoyorquino Skipp Porteous, de la agencia Sherlock Investigations, relató que "los otros pasajeros apenas le recuerdan, porque el piloto nunca les comunicó que el avión había sido secuestrado. Se les dijo que había problemas mecánicos y que por eso iban a tardar más en aterrizar. De ahí que la identificación siempre haya sido difícil”.
 Las sospechas
Un año después del secuestro, todos en Northwest Airlines hablaban sobre el secuestro del vuelo 305. Todo el mundo, excepto Kenny,  que nunca dijo una palabra al respecto y dejó de asistir a las reuniones sindicales.
Según relató Porteous, "Kenny Christiansen compró una casa en Bonney Lake, en el Estado de Washington, apenas un año después del secuestro. Trabajó como mecánico y como jefe de cabina para la compañía Northwest Airlines, lo que explicaría su conocimiento del avión secuestrado. Sin embargo, cubría rutas de larga distancia, lo que explicaría que aquella tripulación no le conociera. Y lo más importante, había sido paracaidista en el Ejército e incluso había hecho paracaidismo de riesgo para ganar dinero extra”.
En 1980 apareel niño Brian Ingram, de ocho años, encontróun paquete con 5.800 dólares en billetes
de 20 dólares, semidestruidos, de losque se comprobó pertenecían a las series difundidas por el FBI del dinero entregado al secuestrador. El hallazgo se produjo aproximadamente a 12 metros de la orilladel río Columbia, a ocho kilómetros al noroeste de Vancouver (Washington).Los investigadores de Decodificado hablaroncon militares, abogados, pilotos,paracaidistas, exfuncionarios y detectives
para tratar de reconstruir los hechos y llegarona la conclusión de que sí fue posible saltar desde un avión a 3.000 metros de altura,cargando el dinero y utilizando un paracaídas.EL "CÓMPLICE”En su afán por descubrir finalmente el escabroso misterio de esta historia, ubicaron a Bernie Geestman, amigo y compañero de trabajo de Christiansen en la aerolínea,con quien se entrevistaron. Durante el
encuentro, Geestman contó que conoció y trabajó con Christiansen durante muchos años, pero negó que él fuera el famoso D. B.Cooper.La hermana de Geestman admitió ante los mismos investigadores que recibió unpréstamo en efectivo por 5.000 dólares deChristiansen sólo cinco meses después delsecuestro para el pago inicial de su casa.Geestman negó conocer ningún detalle acerca del préstamo a su hermana.Margaret Ann Miller, exesposa de Geestman,se refirió a su exmarido como "cómplice del secuestro” en cinco entrevistas entre enero y agosto de 2010.Los investigadores de History visitaron la casa en la que vivió Christiansen, hoy convertida en una imprenta, y hallaron en el ático una especie de escondite en el que, se especula,guardó el dinero durante años.Según el programa Decodificado, tras la muerte de Christiansen en 1994, sus ahorros
en el banco sumaban algo más de 186 mil dólares.Pero pese a todos estos claros indicios contra Kenny, no se ha encontrado una evidencia concluyente y no puede ser considerado como autor del secuestro.Esta historia, que inspiró libros, películas,canciones y un sinfín de conjeturas y posibilidades, seguirá alimentando el imaginario popular que incluso llegó a convertir a D.B. Cooper en un héroe norteamericano.El FBI entrevistó a más de mil personas después del hecho y sostiene hasta hoy que Cooper falleció al saltar del avión. "He visto y oído de todo, y nadie ha podido probar
que sobreviviera”, afirmó Ralph Himmelsbach,el agente retirado que más años trabajó en el caso.
Y como reflexionó el sociólogo Otto Larsen,de la Universidad de Washington, "fue un increíble triunfo en la batalla del hombre contra la máquina. Un solo individuo contra la tecnología, las grandes empresas y el sistema.Por eso se le retrata como un curioso Robin Hood, que toma de los ricos. Da igual si se lo da a los pobres o no”.

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