Sociedades de pastores

La movilidad de los llameros posibilitó el intercambio de productos entre distintos pisos ecológicos en la época prehispánica. Y cuando comenzó la Colonia, estas comunidades se adaptaron rápidamente.
martes, 13 de enero de 2015 · 18:51
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza
Varias generaciones aprendieron en la escuela que las sociedades nómadas, tarde o temprano, se convertían en comunidades sedentarias. Pero la historiadora Ximena Medinacelli, en su libro Sariri. Los llameros y la construcción de la sociedad colonial, asegura que  esto no es correcto.
Habían ciudades que optaban por moverse y no querían ser sedentarias porque no habrían sobrevivido, explicó la especialista a Miradas. Esto se puede notar si se observa desde un punto de vista diferente. "Ésa es la propuesta del libro: cambiar de escenario para mirar otra cosa de la sociedad que no estábamos preparados para ver”. ¿Y qué era lo que no se veía? Una sociedad de pastores, aseguró.
doctorado
La investigación forma parte de los estudios de doctorado que Medinacelli -quien es especialista en historia colonial temprana y prehispánica- realizó entre 2000 y 2007 en la Universidad San Marcos, Lima. La obra es una de las diferentes investigaciones integrales que la Cooperación Sueca en Bolivia impulsó a través de la Universidad Mayor de San Andrés, en la zona del lago Poopó, Oruro.
Medinacelli pensaba investigar algún tema relacionado con los caciques o autoridades étnicas de Oruro, pero se interesó por el tema de los pastores gracias al investigador alemán Jürgen Golte de la Universidad Libre de Berlín, quien le introdujo en la obra de Lautaro Núñez y Tom Dillehay sobre la movilidad caravanera en los Andes meridionales.
En ese momento ella tomó conciencia de que lo central en Oruro era la sociedad pastoril. "Esto es lo central de Oruro, la sociedad llamera”, pensó y comenzó a investigar, con Golte como tutor.
Movilidad y autosuficiencia
Luego Medinacelli conoció la obra Nomads and the outside world (Nómadas y el mundo de afuera) del ruso Anatoly Khazanov, quien estudió diferentes sociedades pastoriles en el mundo. "Vi que el tema del pastoreo era mucho más rico y mucho más complejo de lo que yo me había imaginado”, recordó.
Así la autora obtuvo pautas para comprender la sociedad de llameros, que se fundamentaba en las necesidades de movilidad y de autosuficiencia.
La sociedad pastoril de Oruro, para sobrevivir en una zona árida, necesitaba moverse. "La movilidad era la clave, tenían que ir con sus animales a otros sitios” para conseguir alimentos. Además tenían que descender a los valles para intercambiar sus productos.
Las sociedades pastoriles en el mundo y en los Andes tendían a ser autosuficientes. "Eso es lo que nosotros tenemos en nuestro gen andino, no queremos depender de nadie”. "Nosotros queremos tener nuestro huerto, nuestra papa, nuestra llama; en lo posible no depender de nadie”, afirmó la también docente universitaria.
Los pastores eran fundamentales para el funcionamiento del sistema de Control de Pisos Verticales estudiado por John Murra. Este manejo no habría sido posible sin la movilidad de los llameros, pues éstos no sólo posibilitaron el intercambio de bienes materiales,  sino también de ideas, idiomas, maneras de ver el mundo y más.
Los llameros fueron "agentes de cambio” porque las sociedades agrícolas y sedentarias tendían a ser más conservadoras; y frente a ellas, los pastores llegaban con nuevas ideas y nuevos productos. Esa era la tesis de Khazanov para las sociedades de pastores en el mundo, según la especialista.
 mercado colonial
Con la llegada de los españoles la sociedad andina experimentó profundos cambios. El inicio del periodo colonial se caracterizó por la introducción de un sistema de mercado, de nuevos valores y por el impulso de la construcción de grandes ciudades.
En la época prehispánica las sociedades de pastores apostaron por la construcción de pequeños poblados y markas. "La articulación de los poblados: uno grande con sus satélites pequeños es lo que se conoce como marka”, explicó  la especialista.
Las markas no eran estáticas, pues éstas se movían por factores como el cambio de rutas, la aparición de nuevos productos o porque se decidía que determinada montaña era una deidad y se debía estar cerca.
Las comunidades pastoriles no necesitaban de grandes urbes, sino de "sitios y campamentos pequeños o ciudades como las markas”. En Mesoamérica, por ejemplo, había grandes ciudades como Teotihuacán y Tenochtitlán, pero en los Andes "con suerte” estaban Tiwanaku y Cusco.
En su obra, Medinacelli explica cómo se adaptó la estructura social pastoril a la sociedad de mercado, que, por ejemplo, creó las grandes ciudades como Potosí, "la marka por definición”.
Quillacas
La estructura pastoril rápidamente se reacomodó para aprovechar el sistema de mercado y lo incorporó a su lógica. Por ejemplo, los pastores de Quillacas, según Medinacelli, comerciaban con la sal que obtenían en un salar pequeño de su región.

En determinadas temporadas en Potosí había alta demanda de sal. En esos periodos, a los pastores de Quillacas les tocaba descender a los valles, lo cual hacían a pesar de los precios altos de la sal en la Villa Imperial.
"Ellos tenían que ir a los valles y Potosí tenía que hacer los esfuerzos”, explicó la historiadora. Así, para prevenir la escasez se optó por acumular sal con anticipación. "(La ciudad) estaba supeditada al ritmo de los llameros”. "El mercado potosino se acomodó a la lógica pastoril”, aseguró la investigadora.
Beneficio
También ocurrió que tras los cambios de la Colonia y la introducción del mercado hubo autoridades étnicas que aprovecharon la nueva lógica en su beneficio, como el cacique de Pomata, Diego Chambilla, quien en 1629 declaró tener 36 años de edad. Las numerosas recuas de Chambilla se movían por distintos pisos ecológicos, como la costa y los valles, en los cuales el cacique tenía tierras en las que se proveía con diferentes productos como ají, vino, chuño, tejidos y más.
El cacique en los distintos lugares tenía gente a su cargo e incluso contaba con quipucamayos que le servían como administradores. Cuando Chambilla estaba involucrado en algún juicio en Sucre, sus administradores acudían a esa urbe para brindar la información requerida por las autoridades. "Toda la gente que dependía de Chambilla trabajaba bajo un sistema andino, no consta que se les pagase en dinero”, explicó la especialista al aclarar que  "(los bienes y mercaderías) eran parte del tributo que la gente le debía a su cacique”.
Las caravanas de llamas que transportaban los bienes estaban conformadas por 200 animales en promedio y la travesía hasta Potosí duraba entre un mes y medio a dos. Para el cacique era importante determinar en que época del año era mejor introducir sus productos en la Villa Imperial. Ello fue posible gracias a que Chambilla se casó con la hija del escribano Pedro Mateos, quien le proporcionaba la información requerida. Su suegro le escribía por ejemplo: "Que se apuren en llegar porque ha subido el precio del ají”, explicó la historiadora.
Chambilla había sido capitán de mita en Potosí, tras lo cual retornó a Pomata, donde vivía con su mujer.
En la Villa Imperial, la autoridad étnica disponía de almacenes y caseras para distribuir sus productos. "Era toda una red en la que la ganancia terminaba en el cacique poderoso”, según Medinacelli.
"Él a su vez redistribuía como era el sistema andino, ayudaba a la gente con sus tributos, mantenía su prestigio, se compraba objetos de oro”. También adoptó estrategias culturales para mantenerse como élite, pues mandó a su hijo a Potosí para que aprendiese a leer y escribir.
Luego de la muerte de su suegro, Chambilla solicitó el inventario de sus bienes y sostuvo un juicio contra su cuñado, quien al parecer  incurrió en malos manejos. El juicio  así como otra documentación relacionada con el cacique de Pomata fueron publicados por el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia bajo el título Pleitos y riqueza. Los caciques andinos en Potosí del siglo XVII.
El caso de Chambilla es un ejemplo de cómo las llamas, que eran parte fundamental de la movilidad pastoril, se vincularon con el mercado potosino en las primeras décadas del periodo colonial.
Transformación

Medinacelli considera que actualmente estamos viviendo el periodo de mayor y radical transformación de la cultura pastoril que se está perdiendo, ello debido a factores como el ingreso del narcotráfico o el comercio de autos  chutos.
Incluso el auge de la quinua ha provocado que los sitios destinados al cultivo avancen y los de pastoreo se replieguen, explicó, al señalar que el manejo tradicional de la lana también es una practica en extinción.
En el planeta, en general, las sociedades de pastores "sobreviven” porque la sociedad urbana les ha ganado. Y en el país esto ocurre en una coyuntura en la que supuestamente hay más poder para el indígena. "(Así) es la historia,  no se está reclamando a nadie, no se puede pretender mantenernos estáticos (…) pero se puede intentar no perder las cosas hermosas de la cultura”, concluyó la especialista.

 

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