La lucha por el Ekeko Tunu en Suiza

Elizabeth Salguero cuenta los entretelones de la recuperación de la estatuilla que era conocida como “Santo de los ladrones”. La forma en la que salió de Tiwanaku fue determinante para las gestiones de devolución.
miércoles, 28 de enero de 2015 · 20:02
Amancaya Finkel / Berlín
La historia de un europeo remoto que visitó Bolivia hace más de un siglo y una fotografía antigua contenidos en el libro Tunupa y Ekako, escrito por el arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanjinés a fines de la década de los años 60, fueron la clave para buscar la estatuilla del Ekeko Tunu en Suiza.
La historia del dios de piedra, robado de Tiwanaku y llevado a Suiza, era conocida por algunos bolivianos, como el investigador aymara Cancio Mamani, que desde hace tiempo pedían su retorno al país. Ponce Sanjinés narra en su obra una historia que a su vez leyó en el libro de viajes del diplomático y científico suizo Johann Jakob von Tschudi, quien en  una visita a Tiwanaku, y por medio de un traductor, entró en contacto con un grupo de indígenas en la ciudad de piedra.
Los indígenas tenían con ellos una imagen que, según el traductor, era conocida como  "Santo de los ladrones”. Si alguien era víctima de un robo, debía encender una vela a la figura los días viernes, y pedir que el objeto robado regrese a su poder.
Von Tschudi ofreció una suma de dinero a cambio de la figura. Los indígenas se negaron y éste les ofreció alcohol e hizo que se embriagaran, mientras realizaba un dibujo de la illa, fingiendo que no le importaba. Luego insistió y cuando, a causa de su ebriedad aceptaron, él y su traductor abandonaron el lugar. Von Tschudi narra que los indígenas, seguramente inmediatamente arrepentidos, intentaron seguirlos, pero ellos iban a caballo y los otros habían bebido demasiado alcohol.
 casualidades
Para Elizabeth Salguero, el Ekeko Tunu, más allá de la política y la diplomacia, se ha convertido en parte de su historia personal. Supo de la illa perdida durante su gestión en el Ministerio de Culturas y en alguna ocasión fue invitada a un ritual para "llamar al espíritu del Ekeko” pero no pudo asistir. Más adelante, en un ritual andino del Viceministerio de Descolonización le entregaron un pedazo de arcilla para que formulara un deseo. Sin saber por qué, formó una pequeña figura. "Ésta es la Illa que tiene que retornar a nosotros”, le dijeron los amautas.
 En otra oportunidad, un artista boliviano en un viaje le regaló una figura tallada en madera de palo santo que ella asoció a un "extraterrestre andino”. Mucho tiempo después se dio cuenta de  que la figura no era otra que la del Ekeko Tunu.
"Tienes que ayudar a que se recupere la Illa del Ekeko”, le dijeron cuando  el Presidente la designó como embajadora de Bolivia ante Alemania y Suiza. Recién en Europa, Salguero vio la fotografía en el libro de Ponce Sanjinés y se dio cuenta de que era la misma que tenía tallada en madera.
Según el libro, al parecer el propio Ponce Sanjinés había hallado el Ekeko en el Museo Histórico de Berna, pero no podía saberse si 40 años después aún seguía allí. Además, sería necesario probar que realmente pertenecía a Bolivia. El equipo de Salguero en Berlín encontró el libro de Von Tschudi, con la narración y el dibujo de la figura en una biblioteca. Poco después, Juergen Moritz, encargado de prensa de la embajada, encontró una fotografía de la Illa en la página web del Museo de Berna y una ficha que la describía como un objeto peruano. "No podía creer que realmente estuviera ahí” comenta Moritz.
 Pedido jocoso
Elizabeth Salguero se encaminó a Berna con una solicitud de devolución -firmada por yatiris y amautas bolivianos-, con el libro de Tschudi y la figura de madera que conservaba. Explicó la importancia de la figura para el pueblo boliviano. Las autoridades del museo quedaron estupefactas ante su pedido. "Se sorprendieron y hasta se rieron. Les pareció extraño el reclamo y hasta jocoso”, recuerda.
Los pronósticos que le habían hecho algunos entendidos en el tema no eran favorables. "Expertos relacionados con la Unesco me dijeron ‘hay muy pocos casos de devoluciones y generalmente se pagan altas sumas de dinero’. Alemania, por ejemplo, tuvo que pagar a Inglaterra más de 13 millones de euros por los diarios de viaje de Alexander von Humboldt” dice la  embajadora.
Las negociaciones
Las negociaciones fueron duras. "Había una barrera cultural. Para ellos era no más que una pieza arqueológica; para nosotros es un objeto sagrado” afirma. Según la argumentación inicial del museo, no correspondía una devolución debido a que había comprado legalmente la figura a un descendiente de Von Tschudi.
La manera en la que el Ekeko salió de Tiwanaku fue determinante. "Demostrar que fue prácticamente un robo, fue un elemento ético moral muy importante para que el museo la devolviera. Tuvimos mucho apoyo de la prensa, la sociedad civil, intelectuales y el Gobierno de la Confederación suiza”, apunta la diplomática.
Incluso la expresidenta suiza Evelyn Widmer Schlumpf conoció el caso y el vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Jean Ziegler, apoyó  públicamente a Bolivia. "Suiza debe devolver el Ekeko, de inmediato”, sentenció en un artículo del matutino suizo Sonntagsblick.
Varias autoridades bolivianas, como el canciller David Choquehuanca, viajaron a Suiza para abogar por el regreso del Ekeko . El museo se negó a devolver la imagen oficialmente al presidente Morales en Suiza y optó por enviarla por correo.
"Durante dos semanas no sabíamos dónde estaba el Ekeko ni si lo habían enviado o no. Hasta el último momento tuve miedo de que no llegara”, cuenta Salguero y concluye: "Estoy  muy feliz porque su recuperación sienta precedentes y es un logro para los pueblos indígenas, para Bolivia, y abre el camino para que los países que tenemos patrimonios culturales dispersos en el mundo puedan recuperarlos también, junto a nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra dignidad”.

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