El argentino que estudia la Revolución del 52

jueves, 12 de febrero de 2015 · 19:45

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza

El regionalismo no es una constante, sino algo que aparece en momentos críticos, cuando por ejemplo, desde el Estado central se promueven políticas redistributivas, o se intenta afectar tierras o recursos naturales. "En momentos en que esos recursos están en disputa aparece el regionalismo”, explicó el investigador argentino Hernán Pruden.

Pruden es sociólogo por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Historia por la Universidad Estatal de Nueva York. Ahora es docente de la Carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Carrera de Historia de la Universidad Nacional de La Plata. También forma parte del Tambo Colectivo, impulsado por la socióloga Silvia Rivera Cusicanqui.
El historiador estudió el regionalismo cruceño a partir de la Guerra del Chaco. Luego de sus primeras visitas a fines de los 90, Pruden retornó y residió por un par de años en Santa Cruz de la Sierra. Fue entonces cuando conoció a los historiadores Gustavo Prado Robles y Gustavo Rodríguez Ostria quienes le orientaron en el tema del regionalismo.
"Mi pasión por Bolivia comenzó en mis viajes y se fue convirtiendo en algo vocacional”, explicó.
Parte del país
El investigador primero estudió los intentos separatistas -impulsados por Paraguay y Argentina- de Santa Cruz durante la Guerra del Chaco, pero luego entendió que "la clave” era la reacción de la intelectualidad cruceña frente a esa propaganda.
"La reacción fue nacionalista, integracionista, se reafirmaron como parte de Bolivia”, afirmó.
Un hallazgo de Pruden fue que en la década de los 50 la élite cruceña comenzó a incorporar en su lenguaje político la palabra "camba”. La figura del camba, que antes era un término despectivo para referirse al campesino, comenzó a ser reivindicada por la élite cruceña para oponerse al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).
Aquello fue una muestra de pragmatismo porque para los miembros de la élite, ante políticas tan radicales como la Reforma Agraria y la Reforma Urbana, era difícil definirse de forma exclusiva como cruceños descendientes de los españoles. "Perdían eficacia para convocar a la lucha política contra el MNR, por eso empiezan a recuperar la imagen del camba y a autodefinirse como tales”.
Pruden también notó que en esa época hubo una reivindicación del chiriguano e incluso una utilización política de la arqueología, ya que el fuerte de Samaipata les permitía decir a los cruceños que  "el inca no había podido bajar” hasta su región.  "Fue una interpretación que hicieron, no por casualidad, cuando se estaba por inaugurar la carretera Cochabamba – Santa Cruz, a mediados de la década del 50”, explicó.
Conflictos
Los conflictos entre la élite regional cruceña y el Estado central se dieron en diferentes momentos. El más reciente ocurrió alrededor de 2008, cuando se desarrollaba la Asamblea Constituyente, "con la excusa de la capitalía, pero donde el tema de fondo eran los latifundios del Oriente”.
"Este problema se resolvió cuando se disipó el temor sobre el destino de la propiedad de la tierra distribuida durante el banzerato”, afirmó Pruden.
Ahora se vive un momento de paz entre la élite cruceña y el Estado boliviano, lo cual da cuenta de que el conflicto no es permanente. "No hay que entenderlo como algo permanente e inmutable, sino como algo que tiene que ver con las políticas que están ejecutando desde el gobierno central”.
Otros momentos de crisis se vieron en la década de los 90, cuando el gobierno del MNR intentó una segunda Reforma Agraria. Pero si se retrocede más, se nota otra etapa de conflicto en la época  de la Asamblea Popular del gobierno de Juan José Torres a principios de la década de los 70, "cuando los maoístas de la UCAPO (Unión de Campesinos Pobres) comenzaron a ocupar tierras”.
Asimismo, entre 1957 y 1959 hubo un enfrentamiento por las regalías del petróleo. Y en 1938 se vivieron momentos similares mientras se desarrollaba la Convención Constituyente  "y se debatía que forma debía tener el Estado” durante el gobierno de Germán Busch.

Para Pruden, el regionalismo aparece en momentos de tensión entre la élite cruceña y el Estado central boliviano y se manifiesta con demandas de descentralización, autnomía o federalismo. "Siempre tiene que ver con un intento limitar el impacto de las políticas del Estado central”, explicó.
Olas de interés
Una revolución se define como un cambio de régimen acompañado de una alteración en la estructura social. Ella no implica sólo un reemplazo de élites, sino también una importante redistribución de la riqueza. "No es un cambio de una élite por otra élite, tiene que haber un cambio concreto en la estructura social”, destacó Pruden.
El interés por estudiar la revolución boliviana surgió temprano en la misma década de los 50, tanto desde el mundo académico como el de la política, que en ese momento estaban "menos diferenciados”.
En 1958, el estadounidense Robert J. Alexander publicó The Bolivian National Revolution. Unos años después, Guillermo Lora y René Zavaleta comenzaron a reflexionar, aunque desde posiciones distintas, sobre la revolución y sus fracasos.
La revolución causó mucho interés además entre pensadores de izquierda como  el marxista argentino Liborio Justo, quien publicó Bolivia: La revolución derrotada. También está el estudio de James Malloy publicado como    La revolución inconclusa.
En la década del 80, "con el retorno a la democracia”, aparecieron "tres obras clave de re-interpretación” de la historia boliviana y de la revolución: Oprimidos pero no vencidos de Silvia Rivera Cusicanqui, Rebelión en las venas de James Dunkerley y el ensayo de Luis H. Antezana sobre el Nacionalismo Revolucionario.
A René Zavaleta Mercado le interesaba mucho Santa Cruz de la Sierra y escribió una serie de artículos periodísticos cuando a fines de los 50, fue enviado por el diario oficialista "La Nación” –dirigido por Augusto Céspedes- para cubrir el problema regional durante las "luchas cívicas”.
Si bien Zavaleta no dedicó un libro al tema, fue cercano a investigadores como Laurence Whitehead y orientó a Roxana Ibarnegaray, autora de la obra El espíritu del capitalismo y la agricultura cruceña. Otras aproximaciones al tema del regionalismo fueron las de José Luis Roca y Gustavo Rodríguez Ostria, según Pruden.
En la generación más reciente de investigadores sobre la revolución se puede nombrar a Pablo Quisbert, Mathew Gildner, Mario Murillo, Carmen Soliz y Kevin Young.
Diferenciarse
El interés por estudiar la Revolución de 1952 fue renovado recientemente, según Pruden, como respuesta a los intentos por negarla, tanto de parte del Estado como de los regionalistas.
El intento de olvidar la revolución "está claro en una de las pocas síntesis históricas producidas por el Proceso de Cambio: la última película de Jorge Sanjinés, Insurgentes en la cual no se la menciona”, afirmó el investigador.
En opinión del historiador, la revolución del 52 incomoda porque a pesar de todos sus fracasos y falencias, "marca un estándar alto de cambios como la Reforma Agraria, la Nacionalización de las minas y el Voto Universal”.
Para los regionalistas cruceños, la revolución del 52 también es "algo olvidable”, en parte por los atropellos que cometió el MNR en Santa Cruz y también porque se quiere explicar el desarrollo de los cruceños como obra de ellos mismos.
No se quiere reconocer que Santa Cruz fue un proyecto de desarrollo agro capitalista en el que coincidieron el MNR, la élite cruceña y los Estados Unidos. Tampoco que fue financiado con recursos de todo el país, por ejemplo, con el precio de azúcar subsidiado o con fondos de la Comibol y los préstamos estadounidenses, explicó Pruden. 
"Negar el apoyo que le dio el Estado boliviano, implica no asumir la deuda que tiene Santa Cruz con el resto de Bolivia”, aseguró el especialista.
En aquellos años el país fue un destino privilegiado de la ayuda estadounidense, lo cual se explica desde perspectivas económicas y políticas. Por ejemplo, para Earl Sanders, autor de The quiet experiment, el apoyo fue un experimento para demostrar que el cambio social podía ser impulsado por un gobierno no comunista. Para Estados Unidos era como decir "no estamos contra el cambio social, mientras no sea comunista”, según el especialista.

Curiosidad latente
Todavía hay muchos temas por investigar de la Revolución de 1952 y el Oriente boliviano. Pruden y Kevin Young coordinarán el Simposio "Revolución y desarrollo: economía y formación del Estado (1940 – 1970), que forma parte del VIII Congreso de la Asociación de Estudios Bolivianos (bolivianstudies.org), que se realizará entre el 20 y 24 de julio próximos.
En la mesa de discusión de este año, se verá cómo ciertas tendencias transnacionales, como la Ayuda para el Desarrollo, se procesaban a nivel local, explicó el coordinador. El plazo de entrega de propuestas para el simposio vence el próximo 25 de febrero.
Para Pruden, entre los investigadores que estudian Bolivia, nacionales y extranjeros, hay una tendencia a creer en una especie de "excepcionalismo boliviano”, según la cual, Bolivia es un país único que no admite comparaciones. "Creo que hay empezar a romper esa idea”, afirmó el especialista.
La idea es entender las tendencias transnacionales, pero siempre viendo la aplicación específica en el país. "Deberíamos apuntar a entender qué tenemos en común con otros países y qué tenemos de específico aquí”.  "Así se hace más interesante la historia, la sociología, la antropología o cualquier intento de análisis”, afirmó el bolivianista Hernán Pruden.

 

 

 

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