Reportaje

El Helicón Ópera regresa con gloria y majestuosidad

domingo, 24 de enero de 2016 · 00:00
Bernardo Suárez Indart

Pese a su corta historia, el teatro dirigido por su fundador, Dmitri Bertman, se ha ganado no sólo un espacio entre sus hermanos mayores, el mítico Bolshói y el reputado Stanislavski y Nemeróvich-Danchenko, sino  también el cariño del público que, noche a noche, colma su sala principal, dotada ahora de la última palabra en tecnología.

Situado en la Bolshaya Nikítskaya, la misma calle que alberga la Gran Sala del afamado Conservatorio Chaikovski, el Helicón ocupa un restaurado palacete del siglo XVIII que cuenta con una extensa historia artística. El edificio fue construido en la década de 1730, pero su carrera musical comenzó en 1759 gracias a la princesa Nastasia Dashkova, quien organizaba conciertos familiares en los que cantaba su nuera Yekaterina Dashkova, y que muy pronto cobraron notoriedad en la vida de la nobleza moscovita.

Un incendio lo destruyó  

Diez años después el palacete pasó a manos del senador y general Fiódor Glébov, quien junto con su esposa, Elizaveta (Stréshneva, de soltera), ofrecía cuatro recepciones anuales para las personas más importantes de Moscú, que se acompañaban con música de orquesta y conciertos vocales en una sala especialmente construida para ese fin.

En septiembre de 1812, el palacete de los Glébov-Stréshnev, como casi todas las edificaciones de la calle Bolshaya Nikítskaya, fue pasto del gran incendio que asoló Moscú tras la entrada en la ciudad de Napoleón y sus tropas. Quedaron en pie sólo los muros de la fachada y sus costados.

Medio siglo después, el edificio ya restaurado fue heredado por la princesa Yevguenia Shajovskaya, quien construyó en un solar aledaño el primer teatro comercial de Rusia, poco después de que el Senado anulara el monopolio imperial sobre los teatros en Moscú y San Petersburgo.

En 1918, después de la revolución bolchevique, todas las propiedades de Shajovskaya fueron nacionalizadas, incluido el palacete de la Bolshaya Nikítskaya, que no obstante siguió su vida artística ya bajo el signo soviético.

En sus dependencias se instalaron el Teatro de la Sátira Revolucionaria y, luego, el Teatro de la Revolución, además de variadas asociaciones de artistas. A partir de 1936 acogió la Casa del Médico, que en los años 70 del siglo pasado se convirtió en un importante centro cultural de Moscú.

El Helicón Ópera se instaló en la pequeña sala del palacete de la princesa Shajóvskaya en 1990 y rápidamente se convirtió en uno de los favoritos del público moscovita.

Es único

Ya en este siglo, el Ayuntamiento de la capital rusa decidió restaurar y adecuar el edificio a las necesidades del Helicón Ópera.  Además de restaurar la histórica sala, la "Shajovskaya”, se construyeron otras dos, la "Pokrovski” y la "Stravinski”, con capacidad para 200 y 500 espectadores,  respectivamente.  Las obras comenzaron en 2007 y no estuvieron libres de polémica. Fueron duramente criticadas por el movimiento Arjnadzor, de defensa del legado arquitectónico, que denunció los trabajos como destrucción del monumento.

"El renovado Helicón ya ha sido reconocido como una maravilla arquitectónica de Moscú. No se parece a ningún otro teatro del mundo”, escribía  en defensa de su remodelación la revista especializada Teatrálnaya Afisha.

Pero según Bertman, el principal y gran activo del teatro es su plantilla, integrada por más  de 500 personas. "El Helicón cuenta con cantantes jóvenes, excelentes, que tienen una formación teatral extraordinaria”, dice a EFE el director del Helicón, que destaca la originalidad de sus espectáculos, que se conjuga con una ejecución clásica.

"Y ahora tenemos este bello palacio con un extenso repertorio. Toda una rareza en Moscú”, indica Bertman, quien no se queda aquí y añade: "Quizás podríamos poner en escena una zarzuela, es algo que está en nuestros planes. De momento, en nuestro escenario tenemos personajes españoles, pero no óperas españolas, pero creo que algo haremos”. Para su vigésima sexta temporada, el teatro preparó varios estrenos, entre ellos Sadkó, de Rimsky-Korsakov, y Yevgueni Oneguin, de Piotr Chaikovski. Esta última obra se presenta en la recuperada puesta en escena de Konstantín Stanislavski, autor del método  interpretativo que lleva su apellido, de 1922.

"La puesta en escena de Stanislavski fue descrita hasta el más mínimo detalle y este enorme legado nos ha permitido reproducir exactamente el espectáculo”, señaló Bertman. Pero no sólo de clásicos vive el Helicón: el 16 de abril se estrenará en la histórica sala Shajóvskaya la opera Doctor Haass del joven compositor ruso Alexéi Sergunin, dedicada al médico alemán Friedrich Joseph Haass (1780-1853), quien vivió casi toda su vida en Rusia, donde por su labor filantrópica le llamaban "el doctor santo”.

Entre los numerosos y ambiciosos planes del director del Helicón se encuentra la puesta en escena en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona de la opera El demonio, de Antón Rubinstein, proyecto que tiene previsto plasmar para fines de 2016 y en el que participarán varios solistas del teatro moscovita.

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