Agoniza un lago maravilloso

Los pueblos qhas qut suñi urus, habitantes milenarios de la región del lago Poopó, son quienes sienten sobre sus espaldas el peso de todo un desastre ambiental generado por la minería y la contaminación.
domingo, 3 de enero de 2016 · 00:00
Manuel Rojas Boyan *

Una vieja sentencia popular enuncia: "Con toda la plata extraída del Sumac Orcko se pudo haber construido un puente de plata entre Potosí y Madrid”. En la práctica, ya no es ningún secreto que el viejo continente fue rescatado de un estado de penuria, hambre y miseria, en el que las enfermedades, producto de esa miseria, diezmaban la población.

Cuenta la historia que el navegante genovés Colón recibió el apoyo de la varonil reina Isabel bajo la promesa de navegar hacia la India, en procura de canela para contrarrestar las epidemias producto de la extrema miseria en la que debatía su existencia una gran parte de la población de la península, en especial las disenterías, que devastaban poblaciones, y todo apunta a que Cristóforo, en la mar oceánica, por casualidad se tropezó con todo un continente que salvó del hambre a la vieja Europa.

Papa, oro y plata

Muchos fueron los beneficios que Colón obtuvo para Castilla y León, sus auspiciadores. Muy poco se habla de la cantidad de alimentos, de alto contenido nutricional, que el denominado "descubrimiento” proporcionó no sólo a los principados ibéricos, sino a toda Europa. Hay quienes, aún, no conocen que la papa es originaria de pampa Kohana, perteneciente al estado Taypi K’ala, más conocido como Tiwanaku.

De lo que más se habla es de la cantidad de oro y la plata que no sólo quedó en la península, sino que, por los asaltos y luchas intestinas entre europeos,  pasó a beneficiar a toda Europa.

El beneficio que se llevó el Viejo Continente de la región altiplánica se puede ver hoy transformado en bienes que favorecen a las sociedades denominadas, industrializadas o del primer mundo.

La prensa de España registraba titulares como: Tres siglos de leyenda salen a flote, mencionando que el día 27 de noviembre de 2015 una empresa de aventureros caza-tesoros, conjuntamente a fuerzas de la Armada Nacional de Colombia y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, habrían encontrado los restos del buque español San José, hundido a cañonazos por el almirante británico Charles Wagner en una batalla en 1708, en las costas cercanas a Cartagena de Indias.

El presidente  Santos, de Colombia, con la vocación mercantilista tan propia de su gobierno, según la prensa española, estaría negociando con esas empresas transnacionales y de aventureros el reparto del contenido de la nave.

En esa maraña, que rige la legislación que rodea a esa índole de rescates, deslindando aquello que pueden ser las buenas intenciones, queda la parte práctica: el contenido de los barcos rescatados, con el paso del tiempo, se reduce a simples menciones, no sin antes haber abierto discusiones sobre a quién pertenece el codiciado tesoro. Finalmente, el debate se centra en a qué museo deben ir los restos rescatados, del valor de los tesoros muy poco se llega a saber, como ha venido sucediendo con las naves Mercedes y la Capitana.

Lamentablemente, los recursos y bienes obtenidos por los pueblos europeos y ahora conjunto de países industrializados han tenido un costo -deberíamos expresarnos con más propiedad y decir-, ha tenido un lamentable costo material, cultural, medio ambiental y social para los pueblos de donde se han extraídos esos recursos, bienes, en síntesis, esos tesoros.

Paradójica y casi paralelamente al hecho relacionado a quién o quiénes pertenecen los contenidos del San José, que debatía la prensa española, la prensa boliviana nos transmitía una dolorosa realidad, el segundo lago mayor del altiplano andino boliviano, el lago Poopó, se seca, agoniza.

Más de un lector al llegar a esta parte se estará preguntando qué tiene que ver que se seque el lago Poopó con la nave Capitana San José.

No es tan fácil la comparación, especialmente porque desconocemos ciertos capítulos de nuestra propia historia tales como el altiplano andino, que en tiempos anteriores al periodo colonial estaba poblado de dos especies de arbustos maravillosos, la Queñua  (Polylepis) y Kiswara (Buddleja hypoleuca), especies que fueron domesticadas y plantadas por los nativos en tiempos anteriores a la colonia. Los arbustos, de los cuales hay aún vestigios, proporcionaban, gracias al proceso de evapotranspiración, la humedad necesaria para generar lluvias, tan importantes en las zonas rurales, especialmente para el altiplano andino que es tan propenso a la desertificación.

Se tiene referencia de que Fray Luis López de Solís, obispo de Charcas y Asunción, Paraguay, en 1598 habría enviado una carta al rey Felipe III implorando que se prohibiera la tala indiscriminada de estas dos especies preciosas, o habría consecuencias desastrosas.

En lo referente a la fundición de metales preciosos, en especial plata, las wayrachinas de la Real Casa de Moneda de Potosí, fundada en 1572 por Francisco de Toledo, habían devorado en menos de 30 años, amenazadoramente, cientos de miles de arbustos, no sólo de la zona, sino de toda la región del altiplano.

La falta de información nos impide apreciar lo importantes que fueron tanto el lago Poopó como el río Desaguadero para la salida de miles de toneladas de plata y oro de Potosí hacia el lago Titicaca, la ruta más fácil para el transporte del metal hacia ultramar por los puertos de Matarani y Mollendo. Muy poca información hay sobre los motivos que dieron pie a la fundación de ciudades como Platería y San Carlos de Puno, a orillas del lago.

En síntesis, una gran parte de la población boliviana desconoce la importancia que tuvo la cuenca endorreica, o cerrada, lago Poopó y río Desaguadero y afluentes, para la salida de las macuquinas de plata potosinas hacia los centros de acopio y envío con dirección a la península.

 Poopó y Desaguadero

Es importante mencionar al afluente principal del lago Poopó (el río Desaguadero), pero se torna interesante mencionar que a la cuenca endorreica o cerrada los españoles la denominaban "maldita”, puesto que no desembocaba en el mar, y era "embrujada” porque parecía desaparecer o retornar a sus orígenes en el lago Titicaca.

Lo que no se conocía es que el vocablo puj-puj da origen al nombre Poopó, y que es una voz onomatopéyica que reproducía la acción sonora de los remolinos mediante los cuales, por vía subterránea, el agua se desplaza hacia San Pedro de Atacama, en la costa del Pacífico.  

Conocer esa parte de la historia y la geografía, y por sobre todo, de la geología hace más comprensible la razón por la cual el lago Poopó y el río Desaguadero están ahora en el estado calamitoso en el que se encuentran.  

La otrora corriente de agua fuerte, debido a la falta de lluvias, ha generado la merma de agua en el lago, hasta terminar en lo que es ahora. En un inicio habría sido un inmenso charco, como lo relata don Daniel Moricio, patriarca de la nación Qhas qut suñi Urus Uslas o Moratos, pobladores del lago Poopó. El hombre de aguas describe en la obra Historias de un Olvido cómo el lago Poopó fue desapareciendo, desde cuando él era un niño de 11 años y vivía en la Isla de Panza.

Observar este páramo desértico hiere ahora la vista y la conciencia medioambiental, si alguien aún la tiene.
Los peces de la fauna única a nivel mundial han muerto.

Las empresas de la minería mediana asentadas en la zona han vertido mucha miseria sobre los afluentes del río Desaguadero y el lago Poopó. La cantidad de mercurio y arsénico que ha sido echada a la cuenca hidrográfica es un daño incalculable, es un verdadero atentado al medioambiente de toda la frágil zona.

Destrucción

Lamentablemente, los sectores mineros, tanto de la minería legal, cooperativizada, como de la minería clandestina de Bolivia y Perú, parecen no entender que están destruyendo el medioambiente a costa de las ganancias que eso les proporciona.

Están presentes ya los efectos generados por la política colonial, que ha explotado hasta la saciedad los recursos mineros de la zona, como presentes están los daños perpetrados por la minería, sin olvidar que la subsidiaria Transredes de una transnacional petrolera quebrada fraudulentamente, la ENRON, por negligencia vertió 70.000 barriles de petróleo crudo sobre el río Desaguadero que llegaron e hicieron impacto enorme en el lago Poopó el año 2002.

Podrá alguien imaginar que, con la replantación masiva de especies, no apropiadas, sino propias como la queñua y la kiswara, se podría recomponer, en alguna manera, el ecosistema de la zona, para lo cual se necesitan recursos.

Entretanto, mientras los resultados muestran una realidad lacerante, en otras partes del mundo y de manera, diríamos, hasta desvergonzada discuten los aventureros rescatadores, siguiendo la antigua práctica de la piratería ¿A quiénes pertenecen los tesoros que van emergiendo del fondo de los mares?

Este capítulo de la historia nos trae a la mente aquel momento en el que soldados echaban suertes y se disputaban los despojos de aquel que estaba clavado en una cruz y agonizaba.

Los pueblos qhas qut suñi urus, habitantes milenarios de esta región, son quienes sienten sobre sus espaldas el peso de todo un desastre, ellos que son gente de aguas y lagos ya no tienen el principal elemento para desarrollar su existencia. Es la nación, posiblemente, más antigua de Sudamérica, (Nathan Wachtel) que agoniza, junto a sus peces y su totora. En síntesis, su cultura y su lago, herido de muerte.

* El autor es  periodista y antropólogo boliviano que radica en Dinamarca.

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