TENDENCIAS

Acumuladores compulsivos

Esta perturbación es conocida como Síndrome de Diógenes.
domingo, 2 de octubre de 2016 · 00:00

Bitia Vargas  La Paz
 

Durante mi adolescencia, y aún en esta etapa de mi vida, me he visto más de una vez guardando objetos simples que en un futuro me recordarían eventos especiales.  Así, el ticket del cine, la factura de un restaurante, una servilleta dedicada, de pronto dejaron de ser "chucherías” para convertirse en tesoros del recuerdo.


Para nosotros los románticos parece ser una reacción natural atesorar cosas que a la vista de los demás pueden no tener valor alguno. Pero puesto que son eventos aislados y se presentan de vez en cuando, no pueden considerase un problema mayor. 

Sin embargo, cuando empezamos a convertirnos en verdaderos acumuladores compulsivos, guardando cualquier cosa que encontramos en las calles, o cuando ya no tenemos más espacio en nuestra casa y aun así continuamos conservando objetos que ocupan más de la mitad de nuestro hábitat, esto empieza a tornarse en un problema serio que necesita atención.

Los acumuladores  piensan que todo les puede servir y  que a todo le darán un uso.   Esta enfermedad afecta a una gran cantidad de personas, en su mayoría gente de recursos precarios, personas ancianas que viven aisladas y solas. 

Según los expertos, la acumulación compulsiva consiste en la adquisición ilimitada de objetos que a veces ya fueron descartados en los basureros por otros. Las personas que sufren de esto  tienden a acumular todo lo que pueden para después utilizarlo como respuesta eventual ante alguna emergencia. Sin embargo, aunque nunca lo utilicen o sean inútiles, peligrosos o poco saludables, son incapaces de deshacerse de ellos.

Esta perturbación es conocida también como Síndrome de Diógenes, y le debe su nombre al filósofo griego Diógenes de Sinope, que vivía como un mendigo, y al igual que los acumuladores, recogía de las calles innumerables artículos y objetos sin valor.

Como todo síndrome, éste también tiene una especial afectación en la salud física y mental de quienes lo sufren. Por ejemplo, el aislamiento social, debido a que las personas terminan rehuyéndoles, puede conducir a una depresión severa. Por otro lado, en casos extremos la acumulación de objetos llega a disminuir la movilidad de estas personas dentro de sus casas, interfiriendo en la realización de actividades tan rutinarias como la higiene personal.

Las personas que queremos ayudar, debemos saber que para los que acumulan  no es sencillo librarse de todas las cosas que durante años han almacenado. Una limpieza general puede causar en ellos una gran sensación de vacío y pérdida muy grande que los conduce a determinadas crisis de ansiedad. Por lo tanto, un abordaje tan impactante como ése debe ser acompañado por una terapia específica.

También es importante comprender que como todo síntoma, el tema de la acumulación también nos quiere decir algo. Contextualizar el problema es de gran ayuda, sobre todo si conectamos el inicio de la enfermedad con un evento traumático, como la muerte de un familiar importante, crisis familiares o incapacidad de adaptación a la soledad. La acumulación para estas personas puede ser quizá el único remedio para llenar ese vacío tan grande como el que nos provoca una pérdida significativa.

Sean cuales fueran las razones, hoy  la ciencia y los métodos de abordaje terapéutico han avanzado tanto que es posible darle una solución a este problema. Lo importante es estar conscientes de la necesidad de buscar ayuda profesional. 

Como amigos, familiares  o compañeros de las personas que acumulan, lo que podemos hacer es dejar de enfocarnos en los síntomas y en la enfermedad y ver a las personas. Solo así podremos generar la empatía suficiente para brindarles nuestro apoyo moral y contención emocional para comprender mejor esta enfermedad, y de esta manera vislumbrar más soluciones.

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