CINE

El exorcismo de Anna Waters

Esta perturbación es conocida como Síndrome de Diógenes.
domingo, 2 de octubre de 2016 · 00:00
Israel Yerena Cruz

El exorcismo de Anna Waters, del director Kelvin Tong, nos presenta a Jamie Waters, una joven reportera que viaja a Singapur para esclarecer la misteriosa muerte de su hermana Anna y descubre que el fallecimiento de ésta no es un hecho aislado, sino que se suma a múltiples y muy parecidos casos, a raíz de un extraño mensaje que ha aparecido en los sitios de internet de las iglesias más importantes del mundo.

La cinta del Tong entra en una nueva corriente que ha ido creciendo desde hace unos años con filmes como La posesión de Deborah Logan, en los que se utiliza una extraña mezcla entre la enfermedad, los demonios invisibles pero a la vez tangibles y la tecnología actual para explicar no sólo lo sobrenatural, sino también para dejar en claro que los demonios se actualizan y han encontrado un medio para esparcir su malignidad de una forma más rápida.

Así, El exorcismo de Anna Waters se encarga de mostrar los dos polos opuestos que suelen presentar estas cintas, por un lado nos presenta a un viejo sacerdote atormentado por sus demonios y a Anna, una mujer que padece de la enfermedad de Huntington y que está dispuesta a intentar cualquier cosa basándose en su fe con tal de salvarse; en el extremo opuesto se encuentra Jamie, hermana de Anna quien no cree en el más allá y mucho menos la existencia de un dios que permite el sufrimiento en la tierra.

Ahora bien, teniendo en cuenta que el título de la cinta nos predispone más a un filme de exorcismos, cabría decir que más que éste, la historia se deja llevar principalmente por los extraños sucesos e investigaciones que hay detrás de la muerte de Anna, quien sólo aparece durante breves momentos de la película, dejando las únicas dos secuencias propiamente de exorcismos.

El filme muestra dos  historias paralelas que al final conectan entre sí, esto es, se nos muestra primeramente las investigaciones del viejo sacerdote acompañado de otro cura que lo ayudará a descifrar el enigmático mensaje que ha estado atacando los sitios de internet de diversas iglesias.
 
La otra historia es la de Jamie, quien acompañada del que fuera esposo de su hermana indagan los recientes casos de fallecimientos grabados en videos que parecen estar relacionados con el de Anna.

Aunque la propuesta e historia de la cinta son interesantes, con un par de los ya famosos screamers que valen la pena al producir sustos inmediatos mediante escenas breves y sonidos estruendosos, y aunque las secuencias cumplen con el objetivo de entrelazar las dos historias para que al final converjan en una misma y los personajes se unan para combatir a un mismo enemigo, la cinta carece de trasfondo que explique mejor qué es lo que está sucediendo no sólo en la historia, sino con los personajes mismos.

Aunque entretenida por su forma de contar le relación entre los sacerdotes y la familia de Anna, esto ocasiona que la cinta sea sólo eso, entretenida y nada más.

Hay que recordar que el cine de terror se nutre principalmente de la sociedad y los eventos actuales que ésta vive y que la van aquejando, y en este sentido, El exorcismo de Anna Waters cumple con esto, pues conforme se desarrolla la trama se nos plantea el peligro que tiene el gran contenido explícito que abunda en internet y la influencia, igual de peligrosa, de éste cuando llega a personas demasiado susceptibles gracias al fácil acceso y distribución de este material en la red. 

Así, aunque con fallas en la estructura de sus personajes, lo rescatable de la cinta de Tong es cierta crítica social de la que ya pocas veces se encuentra en el cine de terror actual pero que, lamentablemente, apenas se percibe debido a la falta de cohesión entre los personajes y al estar esperando un clímax que nunca se concreta.
 
 
 

 


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