Ad Libitum

La mala reputación del autoplacer

domingo, 20 de noviembre de 2016 · 00:00

Guery Zabala Gumucio

A  lo largo de la historia, en especial en nuestro ámbito cultural, la masturbación ha sido considerada como algo negativo que podría acarrear, además de posibles problemas morales, importantes trastornos físicos o enfermedades. 

Su influencia en el proceso educativo ha sido tan importante que en la actualidad la mayor parte de las personas han aprendido que la masturbación es algo malo, de hablar y practicar.
 
Reconocer que se la practica socialmente no es recomendable, ya que suele ir acompañada de un cierto temor o ansiedad en parte a ser descubierto, en parte a estar haciendo algo "inmoral y condenable”, incluso de inmadurez personal.

Se le ha dado a la masturbación una connotación mala que proviene de la religión, filosofía y costumbres represoras y patriarcales; se ha interpretado por mucho tiempo como algo supuestamente indigno, como algo sucio. Sin embargo, poco a poco se han ido abriendo las mentes, pero no podemos dejar de ver que estamos en una sociedad machista y patriarcal.

Esta práctica genera también miedos, prejucios y temores en muchos hombres, que si bien la disfrutan, se sienten "culpables” después.

 "Es rico… pero después me siento mal, digo nunca más, pero igual termino haciéndolo”. "Es que me han dicho que es malo, para la salud, uno se vuelve débil mental, pero sí, es rico”. "Yo me pregunto, si mi padre lo hacía, ¿por qué nunca me   habló al respecto?”. "Me aguanto lo más que puedo, pero al final termino   haciéndolo”, son algunas "confesiones” de preocupados caballeros.

Estas son algunas de las creencias erróneas sobre la masturbación: es un acto antinatural.
 
 Agota el impulso sexual.  Puede admitirse en niños o jóvenes, pero no en el mundo maduro.  
 
Suele convertirse en un hábito que impide el desarrollo de una adecuada sexualidad.  Es sexualmente insatisfactorio.

Desde Alfred C. Kinsey (investigador estadounidense sobre sexualidad) para  adelante, se consideraba la masturbación como un procedimiento para reducir la tensión sexual física y psicológica, por lo que la razón que se aducía para explicarla  era la falta de un  compañero, o compañera sexual.

 Por ello a veces se ha considerado que la masturbación, aun en los que disponen de pareja estable, podría ser un indicador de las dificultades para conseguir  gratificación sexual.   
Kinsey propuso estas  funciones de la masturbación:

1. Durante la adolescencia es parte importante del desarrollo psicosexual, ayudando a la persona a identificar los patrones de excitación de la propia respuesta sexual.

2. Durante una parte importante de la vida, adolescencia, adultez y vejez, la masturbación puede servir para aliviar la tensión sexual y como forma de conseguir placer, en especial cuando no se dispone de alternativas y evitar el consumo de la prostitución y cosificación de las mujeres.

3. En las mujeres alivia los dolores menstruales al incrementar el flujo sanguíneo en la región pélvica.

4. Ayuda a mujeres y hombres a conocer mejor su cuerpo y alcanzar el orgasmo, ya que aprenden a identificar sus centros del placer y entonces puedan pedirle a su pareja lo que les gusta.

5. Masturbarse sube el ánimo. Los neurotransmisores del estado de ánimo crecen, en especial la dopamina y la oxcitocina. Hasta se puede comparar el escáner de un adicto a la heroína con el de un orgasmo, y hay más de lo común de lo que podrías imaginar.

6. Es la forma ideal de familiarizarte con tu cuerpo. 

¿reemplaza a la persona?

Definitivamente sí, pero no sólo eso, sino que también puede lograr suplantar y preferirse de manera exclusiva y compulsiva (varias veces al día) aun teniendo pareja estable se podría volver no recomendable para la persona, ya que no le está permitiendo entablar relaciones interpersonales, sino más al contrario centrarse en sí mismo. Por lo que es vital recurrir a un especialista para trabajar dicha compulsión. 

La masturbación es una de las prácticas sexuales más difundida y practicada (a pesar de la censura social) porque la realizamos a nuestro ritmo, con nuestra imaginación, tocando y acelerando o disminuyendo la intensidad cuando así lo deseamos. De ahí que el autoerotismo sea una parte del desarrollo saludable, a nivel psicosexual, constituyendo un elemento de autoafirmación y de una valoración positiva.

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