REPORTAJE

Marte en la Tierra

Más de un millón y medio de personas visitan cada año el Parque Nacional de Timanfaya, en la isla canaria Lanzarote, testimonio todavía candente de una de las mayores erupciones de las que se tiene conocimiento en tiempos históricos en todo el planeta.
domingo, 27 de noviembre de 2016 · 00:14
José María Rodríguez

La Agencia Espacial Europea (ESA) ha desplazado durante una semana hasta la pequeña isla española de Lanzarote a tres astronautas, Pedro Duque, Luca Parmitano y Matthias Maurer, y a una decena de científicos en un programa de entrenamiento destinado a preparar futuras misiones a Marte en aquellos lugares de la Tierra que más se parecen al planeta rojo.

"No hay ningún sitio en la Tierra que sea exactamente como Marte, ninguno. Ni siquiera como Marte fue en el pasado, pero sí existen  lugares que nos permiten estudiar determinadas zonas, proponer algunos modelos científicos importantes para las futuras misiones y también probar nuestros instrumentos”, explica a EFE el geólogo español Jesús Martínez Frías, del Instituto de Geociencias de la Universidad Complutense (IGEO), uno de los asesores del programa.

CURSO PARA ASTRONAUTAS

Miembro del equipo fundador del Centro de Astrobiología (CAB) de la NASA en España, Martínez Frías ha dedicado gran parte de su carrera a buscar en la Tierra espacios que puedan servir, por analogía, para investigar condiciones como las que se pueden encontrar en la Luna, en Marte y en otros planetas y satélites del sistema solar. Además, coordina un programa específicamente orientado a investigar los parecidos entre Lanzarote y Marte.

"Marte es un planeta básicamente volcánico, en el que podemos ver los mismos tipos de basalto que tiene Lanzarote”, detalla este científico, que colabora en dos de las misiones de exploración del planeta rojo que están en marcha en este momento, el robot Curiosity de la NASA y la ExoMars de la ESA, así como en el nuevo proyecto de la agencia estadounidense, la Mars 2020.

Durante su estancia en Lanzarote, los astronautas de la ESA han recorrido montañas y cráteres, campos de lava, tubos volcánicos y lagunas de costa generadas por antiguas explosiones freatomagmáticas, poniendo a prueba sus conocimientos de geología.

Como explica Pedro Duque, el objetivo era preparar un  curso para astronautas a Marte, un programa que ayude a sus futuros exploradores a entender su geología, a saber dónde buscar rastros de agua y posibles indicios de vida actual o pasada y, sobre todo, a manejarse de forma autónoma, sin depender siempre de las instrucciones del control de la misión, que pueden tardar en llegar hasta 40 minutos  (20 para el mensaje de ida y 20 para el de vuelta), según la distancia a la que se encuentren de la Tierra.

"Hay unas pocas zonas en la Tierra donde la actividad de los volcanes esté tan a la vista y en tan grande extensión como en Lanzarote. Y, sobre todo, donde no haya sido destruida por las otras fuerzas de la naturaleza. Lanzarote está como si el volcán hubiera hecho erupción ayer. Y así es más o menos como están las zonas volcánicas de la Luna y Marte, porque allí no hay ni viento ni lluvia, ni placas tectónicas subiendo y bajando”, relata Duque.

GEOPARQUE MUNDIAL 

Reconocida por la Unesco como Reserva de la Biosfera y también como Geoparque Mundial, Lanzarote es una de las islas más antiguas de Canarias. 

Comenzó a emerger del fondo del Atlántico hace unos once millones de años, gracias a  una sucesión de erupciones volcánicas que se prolongaron desde el Mioceno hasta hace sólo 21.000 años, durante el momento de máximo frío de la última glaciación, cuando el descenso del nivel de los mares hizo que estuviera unida a Fuerteventura por algunos milenios.

Sin embargo, las erupciones que transformaron la isla en lo que se puede contemplar hoy ocurrieron mucho más recientemente, en el siglo XVII y, de ellas, dejó un preciso relato Andrés Lorenzo Curbelo, párroco en aquellos momentos de la localidad de Yaiza, en el sur de la isla:

"El primero de septiembre  (de 1730), entre las nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diez y nueve días”. 

Así comenzaron seis años seguidos de vulcanismo que sepultaron nueve pueblos enteros (Tingafa, Mancha Blanca, Las Maretas, Santa Catalina, Jaretas, San Juan, Peña de Plomos, Testeina y Rodeos) y que dejaron como legado las Montañas de Fuego.

Timanfaya conserva vivas las huellas de aquel cataclismo. El calor de magma todavía se nota allí muy cerca de la superficie, como demuestran cada día los guías del parque encendiendo paja seca con tan sólo acercarla al fondo de algunos hoyos excavados en el suelo.

El equipo de la ESA recorrió buena parte del parque nacional estudiando minerales, identificando afloramientos y aprendiendo a tomar muestras y a saber qué cuentan las rocas. 

Pero su trabajo no se ha limitado a Timanfaya, sino que los astronautas y sus asesores también  visitaron el Charco de los Clicos, en El Golfo, el volcán del Tinguatón (levantado por una erupción aún más reciente, de 1824) y el tubo de lava de la Corona, por el que corrieron ríos de roca fundida hace sólo 25.000 años, en la última glaciación.

"En un tubo de lava se podría vivir de forma indefinida”. Esa frase la podría haber dicho César Manrique, el artista cuyo nombre ha quedado unido de forma inseparable a Lanzarote, que construyó su casa entre burbujas de lava y convirtió parte del túnel volcánico de la Corona en todo un centro de arte, los Jameos del Agua. 

Sin embargo, la frase es de Pedro Duque, que salió tan impresionado de la visita a la Corona como convencido de que los tubos volcánicos de Marte serán un buen refugio para futuros astronautas, que podrán encontrar en ellos protección frente a las radiaciones ultravioletas del sol y de la radiación cósmica.

AGUA, MOTOR DE LOS PROCESOS GEODINÁMICOS

El geólogo Martínez Frías lo corrobora, pero va más allá y aporta una de las claves que convierten a Lanzarote en especialmente interesante para ensayar misiones a Marte: en el planeta rojo las radiaciones ultravioleta son tan intensas que hacen imposible que ninguna forma de vida prolifere en la superficie. 

Sin embargo, los científicos han comprobado en el laboratorio que basta una finísima capa de polvo de basalto (0,3 milímetros) para anular esos efectos.

"Cualquier colonia de bacterias que pudiera estar viviendo debajo de esas 300 micras de polvo de basalto, estaría protegida de las radiaciones”, relata este investigador, que subraya que los basaltos hallados en Marte se asemejan bastante a los de Lanzarote.

Y existe otro factor que hace de esta isla canaria un sitio especial para preparar investigaciones en Marte: el repertorio de relaciones entre lava y agua que ofrece, con todo tipo de ejemplos: agua dulce, agua del mar, aguas subterráneas, aguas lacustres... Agua, en definitiva, el ingrediente imprescindible de la vida.

"No se conoce ni un solo ejemplo de vida que no esté relacionado con el agua líquida. Además, el agua es el motor de todos los procesos geodinámicos, por eso nos interesa tanto la interacción entre los basaltos en todos los ambientes y el agua”, precisa.

Martínez Frías está aún emocionado con el hecho de que una agencia espacial haya elegido Lanzarote para un programa de entrenamiento de astronautas en geología planetaria y astrobiología. 

 

 
 
 
 
 

 

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