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Una decisión puede cambiarlo todo

Para ser felices, primero hay que ser leales a nosotros mismos y luego a los demás.
domingo, 25 de diciembre de 2016 · 00:00
Bitia Vargas  La Paz

 

¿ Cuántas veces hemos escuchado sobre nuestro derecho a decidir? A  hombres y mujeres nos refuerzan este concepto desde pequeños, pero, ¿será realmente que hacemos prevalecer nuestra decisión o estamos siempre sujetos a las decisiones de otros, a las decisiones que otros hacen por nosotros?

Aun siendo niños deberíamos tener derecho a decidir. Deberíamos reforzar esta capacidad de libertad, comenzando por  pequeñas cosas, como la elección en cuanto a la ropa que quieren vestir o los  alimentos que quieran comer. Es cierto que nuestro papel de padres es precautelar su bienestar, pero también  es importante escuchar las razones que  presentan, por ejemplo, para no gustar de ciertas comidas, y es trascendental también que ellos escuchen por qué deben hacerlo. Lo importante es permitir que  entiendan que tienen la posibilidad de elegir y que las imposiciones en ciertas circunstancias tienen razones valederas.

En cuanto a nuestras relaciones sentimentales, ¿seremos lo suficientemente autónomos e independientes como para hacer prevalecer nuestro derecho a decidir?

Si hacemos un repaso mental, ¿en cuántas oportunidades no habremos terminado aceptando lo que nuestra pareja nos da y no así lo que realmente queremos? 

Con frecuencia  no somos capaces de comunicar nuestra insatisfacción emocional en nuestra relación, o lo que anhelamos de ella, por miedo, seguramente a no obtener ni con palabras aquello que queremos. 

Por supuesto, este asunto se convierte en un gran motivo para terminar una relación que ya no nos aporta nada, pero no lo hacemos. ¿Por qué? ¿Porque estamos muy enamorados? ¿Porque tenemos miedo a la soledad? ¿Porque preferimos aceptar lo que nos toca sin la opción de poder buscar algo mejor?

Cuántos seres humanos habrá hoy en día que podemos decir realmente que somos leales primero a nosotros mismos y luego a los demás. ¿Cómo saber lo que es la lealtad si no la practicamos con nosotros mismos?

Parte de esa lealtad implica hacer prevalecer nuestra decisión de no aceptar sólo lo que algunos piensan que nos merecemos. Parte de la lealtad hacia nosotros mismos es no conformarnos con relaciones y/o situaciones y emociones mediocres porque merecemos más. 

He visto muchas parejas que año tras año aceptan que aunque tienen una mala relación continúan juntas porque se han conformado con lo que cada uno  da al otro. La decisión de ser feliz se ha esfumado por simples circunstancias derivadas del miedo a no hacer prevalecer este derecho fundamental que nos puede empujar a buscar más y mejores cosas.

He visto muchas mujeres que no pueden decidir sobre su vida sexual, sobre el número de hijos que quieren tener, sobre la carrera, una vez casadas, que quieren continuar. Y también muchos hombres que no pueden decidir sobre su derecho a elegir pareja, sobre su derecho a querer o no casarse. 

Si bien, en las relaciones sentimentales somos dos los que decidimos para el bien de la pareja, esa decisión mutua debe contemplar  algo de lo que los dos quieren, y si uno de los miembros no está verdaderamente satisfecho debe hacer prevalecer su decisión de no continuar más.

No es sencillo, pero nuestra vida es "nuestra”. Sólo nosotros podemos cuidar de nosotros. 

Primero debemos ser felices para poder dar felicidad a otros. Si nos sometemos a lo que los otros creen que queremos estaremos alejando nuestra oportunidad de ser felices y confundiremos el amor con el conformismo, y esto ¿qué nos aportará?

Reforcemos poco a poco nuestro derecho a decidir, para  que nuestras decisiones sean tomadas en cuenta dentro de los procesos de consulta familiares, de pareja, laborales o en otros ámbitos de la vida.  

Decidir implica libertad. Son nuestras decisiones las que pueden cambiarlo absolutamente todo. Practiquemos la libertad de decidir en todo momento, incluso si queremos o no tomar en cuenta lo que estas palabras nos transmiten.

 

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