Una aventura por los monumentos del renacimiento africano

El Museo del Apartheid, la casa de Mandela y los guetos de Soweto tratan de ocultar un pasado de discriminación, esclavitud y sangre en ciudades africanas.
domingo, 14 de febrero de 2016 · 00:00
Gabriela Canedo Vásquez

Hace más de un año emprendí un viaje a Dakar (Senegal). Fue la primera vez que pisé suelo africano. Me fui con las ganas de conocer todo lo que fuera posible, en los pocos días que estaría en dicho continente.

Largo e intenso fue el viaje, como todas las cosas que marcan a una persona en la vida. La ruta más corta que elegí fue tomar el vuelo de La Paz a Sao Paulo y luego no tardé nada en abordar el avión que me llevaría de Sao Paulo a Johanesburgo, atravesar el océano Atlántico me llevó más de 10 horas. Una vez en Johanesburgo, la espera sería de 12 horas, para luego recién tomar el vuelo con destino a Dakar (Senegal).

Johanesburgo es la puerta de entrada a África y es el paso obligado. Su aeropuerto lleva el nombre de Oliver Reginal Tambo (O. R. Tambo), en honor a uno de los más grandes luchadores por los derechos civiles.

La aventura en tierra africana empezó en Johanesburgo. Confieso que titubeé sobre la posibilidad de aprovechar la oportunidad de conocer esa ciudad en las horas de espera que me quedaba, pero la curiosidad me ganó y me lancé a conocer un poco de esa misteriosa ciudad.

Johanesburgo es una de las ciudades más activas de Sudáfrica, y cuna del inolvidable Nelson Mandela y del Apartheid. Cargada de una historia fuerte, pues aún los recuerdos de la esclavitud y del racismo rondan esa ciudad. Aún en las calles se puede respirar inequidad, especialmente al pasear por las colinas de Hyde Park, grandes mansiones, que pertenecen a empresarios adinerados, de acuerdo a lo que me relató mi guía, el chofer del taxi.

La historia de Johanesburgo nos muestra una ciudad teñida de ambición, esclavitud y sangre. Sin embargo, la diferencia es que en algún momento y de alguna manera aquí la trama dio un giro hacia la reconciliación, la hermandad y la visión de un futuro compartido.

Es lo que el Museo del Apartheid muestra. A la entrada la figura del ícono Nelson Mandela resaltando el periodo en el que vivió 1918-2013. Y luego dos entradas que destacan "blankes, whites” y "nie blankes, non whites”,  muestran crudamente la diferenciación y separación que existía entre negros y blancos, como política reconocida.

La historia de racismo y de segregación y de la diferencia entre blancos y negros se plasma en todo, tal como lo muestra la historia viviente que cuenta el museo. Sin embargo, el museo también cuenta el final esperanzador y resalta seis principios en unas plaquetas gigantes: democracia, reconciliación, diversidad, responsabilidad, respeto y libertad; como muestra el fin del Apartheid.

Soweto, guetos y discriminación

Después de pasear por el Museo del Apartheid, uno de los lugares obligatorios que se debe visitar pues guarda la historia de Sudáfrica, es Soweto, una especie de gueto donde vivían los negros acorralados y hoy, tras el fin de la discriminación, es un distrito que recuerda dignamente su historia.

Ahí, en el corazón de dicho distrito, está una de las residencias en las que vivió Mandela y en la que hoy en día se exhiben sus objetos personales. La casa es pequeña, y está llena de fotos del desaparecido líder en diversas décadas. También se puede apreciar su cama, la cocina, un comedor y una serie de plaquetas en señal de reconocimiento. En el exterior de la casa los comerciantes han formado un pequeño mercado de venta de artesanías y recuerdos de Soweto, Mandela, entre otros motivos.

Pude dirigirme con mi guía a recorrer rápidamente el centro de la ciudad. Mi guía me contaba que la zona central con sus edificios, hasta hace dos décadas era la zona lujosa de la ciudad, en cuyos edificios residían los europeos con sus familias. Al llegar Mandela al poder, creyeron que la segregación se revertiría hacia ellos y huyeron. Con el tiempo, cada edificación fue tomada por destechados, inmigrantes y refugiados.

En contraste con la zona central, se puede observar en las colinas de Hyde Park que la escena es diferente, gigantescas mansiones que hablan de una riqueza desproporcionada, hoteles de lujo extremo.

Y así finalizó mi corta visita por Johanesburgo, para luego emprender el viaje a Dakar, mi destino final.

En la sala de espera de Johanesburgo me encontré con un colega cubano, que más adelante se convertiría en un gran amigo por la solidaridad mostrada en el tortuoso paso por la oficina de migración que me permitiría el ingreso a la ciudad de Dakar.

Ya no recuerdo si fueron alrededor de nueve horas de vuelo para llegar al aeropuerto Léopold Sédar Senghor de Dakar-Senegal. Una terminal que me pareció pequeña. La entrada a la ciudad de Dakar fue complicada por el requerimiento de la visa. Pese a que contaba con una constancia de trámite, me hicieron esperar siete horas para darme el visado y por tanto el permiso de ingreso a Dakar. Me quedé con Yunier, el amigo cubano, en una sala de espera junto a otros inmigrantes que tenían el mismo problema.

Una vez obtenido el pase de ingreso a Dakar, quisimos tomar un taxi seguro para dirigirnos al hotel. Habían cientos de taxis amarillos que nos decían que todos eran seguros. Bueno, nos dimos cuenta que la discrecionalidad y la "viveza” primarían frente a dos turistas que no hablaban el wolof (idioma nativo o el francés) como lengua franca.

Camino al hotel ya se podía ver algunos rasgos que vería en los días que permanecería en Dakar. Minibuses viejos como medio de transporte atiborrados de gente, basura en algunos lugares y las mujeres vestidas con atuendos coloridos. Al llegar al hotel, en cada esquina se observaba gente durmiendo en las calles, mendigando. Me llamó la atención que las aceras se encontraban ocupadas por autos y que la gente tenía que caminar por las calles o vías sorteando el tránsito. Como todo en la vida está llena de contrastes, la escena de pobreza se oponía con la zona de hoteles lujosos frente al paseo marítimo Corniche.

Otro pasaje de la vida de la ciudad que me marcó fue la cantidad de gente vendiendo mercadería y artesanías.

En realidad existe un mecanismo de venta que consiste en que los dueños de tiendas tienen a cientos de vendedores en las calles asediando a los turistas o "cazando compradores”. Y obviamente aquel que atrapa a algún turista y lo dirige hacia la "venta”, recibe una comisión.

No se podía apreciar mucho, pues la cantidad de gente tratando de convencer a realizar la compra a cualquier precio era impresionante.

Isla Gorée, la historia de la esclavitud

Uno de los paseos que me gustó mucho fue la visita a la isla Gorée. Mucha historia sobre la esclavitud y la trata de esclavos se halla en ella. Tomando un ferry y viajando unos 30 minutos se llega a la isla, pues está a dos kilómetros de Dakar. El viaje de media hora tranquilo, muy grato.

Al llegar a la isla en el mar se veía a decenas de niños como peces esperando que se les arrojen monedas. Un país con tantos millones de habitantes como Senegal, explica que la gente quiera ganarse unos pesos de cualquier forma. Y a esto se suma que los lugares focalizados como turísticos, recibían aún más el asedio de comerciantes de todo.

Esta isla se halla cargada de mucha historia, pues es el lugar donde se realizaba el comercio de esclavos en el Atlántico. Un monumento de una pareja de esclavos negros abrazados y rompiendo las cadenas de la esclavitud recibe a todos los visitantes en el ingreso a una de las calles principales donde se encuentra  La Maison des Esclaves  o la casa de los esclavos. En ella se puede ver varias celdas, donde se encontraban niñas/ adolescentes de acuerdo a la explicación del guía, las mejor vendidas, en otra estaban sólo hombres y en otra sólo mujeres. Los niños separados de sus madres se hallaban en otra celda.

La celda que llamó mi atención fue la de  Cellule des recalcitrants,  o el cuarto de castigo para los rebeldes, o para los que pretendían sublevarse. Aquellos tenían que permanecer en ese ambiente en el que cabía una persona, quien tenía que permanecer días agachada, pues las dimensiones del cubículo no permitían mantenerse de pie.

Otro de los lugares más impresionantes de la casa es la Puerta del viaje sin retorno, desde donde los barcos zarpaban con los esclavos senegaleses vendidos y obviamente en el trayecto los que perecían por enfermedad o hacinamiento  eran echados al mar.

En la parte superior de la casa existen vestigios de una serie de comodidades de las que disfrutaban los colonizadores franceses, quienes estaban a cargo de la trata de esclavos.

Con todo, Gorée es un lugar importante para conocer los horrores de la trata y venta de esclavos.

El monumento al renacimiento africano


La visita al monumento al Renacimiento Africano la hicimos en grupo. Este monumento es una escultura de bronce de 49 metros de altura que se encuentra en las afueras de Dakar. Su estreno sucedió el 4 de abril de 2010, el día de Senegal.

La escultura consta de 3 miembros de una familia que salen de la cima de una montaña. Está compuesta por la figura completa de una mujer, un hombre y  en cuyo brazo  está un niño que señala   el mar. El monumento anuncia la iniciación de una nueva etapa, el Renacimiento Africano, la independencia y la finalización de la esclavitud y la colonización. Mediante un ascensor se puede ascender a la parte más alta desde donde se divisa la ciudad de Dakar y la costa senegalesa.

Por dentro, este monumento contiene una muestra de la historia de África y alberga unas esculturas de las etnias que habitan ese continente. Pese a que el monumento levantó diversas controversias, yo me quedo con el énfasis de que la independencia de Senegal se remonta a la década de los 60, es decir hace apenas 55 años que ese país -al igual que muchos otros países africanos- se liberó de la colonia francesa.

En síntesis, el continente africano se encuentra viviendo un proceso de construcción de sus naciones, su institucionalidad, de construcción de una economía que se redistribuya entre todos sus habitantes. La gran cantidad de habitantes refleja también la pobreza e  inequidad existentes.

En el caso de Dakar-Senegal los habitantes corren con suerte, pues la calidad de vida no es comparable con la de Somalia, donde una guerra civil sacude a ese país, o como el caso de Zimbabwe, en la que el dictador Mugabe se perpetúa en el poder, pues ya lleva 30 años en el trono. Con todo, el continente africano invita a conocer la historia ocurrida al otro lado del Atlántico.

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