Ad Libitum

El precio de ser una madre entregada

domingo, 14 de febrero de 2016 · 00:00
Guery Zabala Gumucio

Es muy común escuchar a las madres decir "yo me sacrifico por mis hijos”… "Una madre debe dar todo  por sus hijos”… "Soy madre antes que mujer”… y muchas veces no se reflexiona sobre el  peso, la carga y el malestar psicológico, físico y espiritual que esto puede llevar, tanto a la persona como a su entorno próximo.

Y es por eso que me animé a escribir esta columna, porque hay tantas madres que vienen al consultorio con estos argumentos, pero cuando comenzamos a hablar sobre lo que significa cada una de ellas, el llanto es inevitable.

Socialmente tenemos instaurado el gran valor de que una madre lo debe dar todo por sus hijos (o hijas), hasta al extremo de negarse, es decir, dejar de ser persona, ser humano, porque ante todo es madre, y esto es por la mirada social y no porque ella precisamente lo quiera (aunque seguro hay mujeres que desean esa mirada del otro).

De ahí que cuando escuchamos o vemos en las noticias que una madre abandonó a sus hijos, aparecen comentarios totalmente despectivos y sancionadores: "Qué clase de mujer es esa”. "Para qué tiene hijos si los va a abandonar”. Se genera una sanción social tan fuerte, que esto va como mensaje consciente al inconsciente de las demás mujeres, en forma de advertencia, ustedes si quieren ser madres, deben sacrificarse y darlo todo por sus hijos.

Sin embargo, frente a la misma situación de que un padre abandone a sus hijos, la sociedad y sus instituciones hacen un cómplice silencio, con el argumento de "así son los hombres”… Y bajo esta justificación la que queda sojuzgada y sacrificada al cuidado de los hijos debe ser la mujer. El hombre queda desligado, y peor aún desresponsabilizándolo de asumir un rol activo en el hogar.

Todo por mis hijos


Entonces este sacrificio… "todo por mis hijos”,  ¿qué podría implicar? Que la madre cocine, cuide y atienda a los hijos y al marido; que en la casa nadie le pregunte ¿cómo estás mami?; que cuando ella les dice que regresen temprano y se cuiden los hijos , le digan  "no me controles tanto, soy joven, déjame vivir”.

O peor, que cuando la madre busca una nueva pareja los hijos  la ataquen y le digan "para qué quieres un hombre, acaso nuestro amor no te alcanza”. Ese "amor de madre”  puede autolesionar a la mujer.

Llegan los extremos sociales de control sobre las mujeres que cuando un  hijo es   borracho  y malcriado ¿a quién se  culpa? Cuándo la hija se embaraza antes de casarse, ¿de quién es la culpa? Si el hijo tiene problemas escolares, ¿quién no le ayuda en las tareas? Si el  hijo es gay o lesbiana, ¿quién tiene la culpa por mimarlos mucho? Si el hijo tiene problemas emocionales, ¿quién debe buscarle ayuda? Si se embaraza, ¿quién no la cuidó? La realidad nos dice que  en la mayoría de estas preguntas  la respuesta es la madre.

Así, cuando una mujer-madre quiere luchar por su independencia, quiere ser ella, dejar de que la miren solamente como madre, que la vean como una integralidad, viene la sociedad con toda su fuerza y doble moral y la aprisiona. Cientos de prejuicios y mensajes sociales, en la que es ella la única que debe responsabilizarse del cuidado de los  hijos. Que ella es madre antes que mujer, dejando de lado que es un ser humano, una persona, antes que madre, que mujer, que esposa o que  hija.

A este ser humano se le niega visibilizar incluso sus propias metas, porque ella es solo una proyección de su hijo, los logros de él son los suyos, ella no necesita tener metas ni sueños propios, ¿para qué?

Si tiene un hijo que anhela, sueña, actúa y realiza sus metas personales: él es un sujeto pleno capaz de realizarse, ante la mirada orgullosa de una madre satisfecha. Por más profesional que ella sea. En la mayoría de los casos sus logros personales son minimizados con los logros de sus hijos.

Madre antes que mujer


Ser madre antes que mujer puede dejar que te olvides de tu salud; ser madre antes que mujer puede dejar que te olvides de desarrollarte como ser humano; ser madre antes que mujer puede hacer que asumas como tuyas los errores de tus hijos  y tu pareja; ser madre antes que mujer puede tenerte en el rincón de las prioridades del hogar; ser madre antes que mujer te puede hacer enojar con tu vida; ser madre antes que mujer te puede quitar la opción de ser deseada y sentirte deseada.

Eres un ser humano con todas tus capacidades, habilidades, destrezas y competencias, y no se puede circunscribir a un solo rol toda la maravillosa persona que eres tú. Es cierto, tenemos una sociedad que te ha enseñado a sacrificarte por los demás, a negarte porque los demás se sientan bien.

Pero es tiempo que te preguntes esto ¿te hace sentir feliz? ¿Te hace ser lo que de verdad eres? ¿Sabes quién eres? Eres un ser humano integral y lucha, trabaja para vivirlo plena y satisfactoriamente.

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