Puerto Rico y sus bahías bioluminiscentes

domingo, 6 de marzo de 2016 · 00:00
Alfonso Rodríguez

Aunque se registra en todos los mares del mundo, en Puerto Rico la bioluminiscencia tiene una mayor intensidad. Este fenómeno  es causado por la presencia en ciertas concentraciones de agua de una gran cantidad de dinoflagelados, organismos unicelulares que forman parte del plancton.
 
En realidad se trata de una reacción de defensa natural en esos organismos cuando son agitados, lo que provoca como respuesta la liberación de energía en forma de luz.
Para que se produzca esta curiosidad las bahías deben poseer unas características concretas, tanto a nivel físico como químico.
 
La combinación de los factores de salinidad, temperatura, nutrientes y material orgánico proporcionado por el arbusto del manglar y el intercambio entre las aguas de la bahía y el mar, dan como resultado la formación de condiciones que permiten el fenómeno de la bioluminiscencia.
 
La poca profundidad, niveles concretos de salinidad y la presencia de manglar permite que tres enclaves puertorriqueños se conviertan en lugares propicios para que se dé el evento con mayor intensidad que en otras partes del mundo.
 
LA TEMPERATURA DEL AGUA FAVORECE EL FENÓMENO
 
La temperatura del agua, especialmente cálida en las costas de Puerto Rico, así como otras características relacionadas con la localización geográfica, topografía y clima, contribuyen a que las poblaciones de dinoflagelados puedan reproducirse de forma estable e iluminar la noche en estas bahías de la costa caribeña.
 
Esta maravilla natural se ve afectada por muchos factores, por ejemplo, por la forma y dimensión de los manglares, las corrientes marinas o los niveles de contaminación.
 
Así,  en La Parguera hay cerca de 30.000 microorganismos por litro de agua, mientras que en Vieques la cifra ronda los 480 mil por litro.
 
La Bahía Mosquito, en la isla de Vieques, es la bahía bioluminiscente más brillante en la Tierra, según el Libro Guinness de los récord, gracias a una densidad de microorganismos sin paralelo en ninguna parte del mundo.
 
El espacio se conserva en su estado natural sin desarrollo por la mano del hombre que haya afectado sus condiciones naturales y es uno de los pocos lugares donde es posible ver este espectáculo sin necesidad de grandes profundidades.
 
EL FENÓMENO EN LA ISLA DE VIEQUES
 
A poco más de 10 kilómetros de la costa este de Puerto Rico se encuentra Vieques, isla con gran población manglares, bosques y playas paradisiacas en las que destaca el brillo en la oscuridad de sus aguas gracias a 
la bioluminiscencia.
 
Vieques, conocida como la Isla Nena, es un pequeño territorio de solo 33 kilómetros de largo y ocho kilómetros en su parte más ancha, muy popular entre los visitantes por sus playas y, por supuesto, por el destacado efecto de la bioluminiscencia.
 
Los vecinos de Vieques se vieron sorprendidos hace un año cuando las autoridades locales restringieron el acceso a Bahía Mosquito para llevar a cabo investigaciones científicas sobre el descenso del nivel de bioluminiscencia.
 
Científicos de la Universidad de Puerto Rico, el Fideicomiso de Conservación e Historia de Vieques, el Servicio Geológico de Estados Unidos y la Junta de Calidad Ambiental trabajaron para identificar los motivos de la pérdida del efecto de ese fenómeno.
 
La iniciativa se puso en marcha debido a que, a principios de 2014, se documentó una reducción en los niveles de la bioluminiscencia, que coincidió con el aumento en la magnitud e intensidad de las marejadas.
 
Los estudios científicos consistieron en la toma de muestras de dinoflagelados, la medición de la calidad del agua mediante análisis de temperatura, de oxígeno disuelto y salinidad (PH), entre otras pruebas.
 
Los niveles de bioluminiscencia volvieron a su nivel normal a la Bahía Mosquito, una de las atracciones de una isla de Vieques que ofrece a los visitantes, además otras atracciones como la Central Azucarera de Playa Grande, el Fortín Conde de Mirasol o el Faro Punta Mulas, entre otras.
 
LA LAGUNA GRANDE EN FAJARDO
 
La segunda de las opciones en Puerto Rico para observar este portento natural es la Laguna Grande, en Fajardo, municipio de la costa noreste de la isla caribeña y desde donde parten las embarcaciones que comunican con Vieques. 
 
El lugar se llena todos los días de compañías que organizan excursiones para los turistas que quieren experimentar de primera mano el fenómeno de la bioluminiscencia.
 
Las excursiones comienzan al anochecer, cuando los kayak ponen rumbo a la bahía, donde los visitante pueden observar cómo todo lo que se mueve en el agua, incluidos remos y peces, resplandece.
 
La Laguna Grande es uno de los reclamos más importantes de Fajardo, aunque el municipio cuenta además con la Reserva Natural Las Cabezas de San Juan, área que incluye varios tipos de ecosistemas.
 
La playa arenosa, playa rocosa, arrecife de coral, bosque seco, manglar y, por último, la laguna bioluminiscente, son los ecosistemas que se pueden encontrar en el área.
 
Las tierras y las aguas de la reserva son además refugio y criadero de especies en peligro de extinción, incluidos el águila y la tortuga marina.
 
Excavaciones arqueológicas encontrados en la zona hacen pensar de la presencia en ese lugar de grupos indígenas que emigraron del nordeste de América del Sur al comienzo de la era cristiana.
 
Incluye, además, el segundo faro más antiguo que construyó España en Puerto Rico durante la época de la Colonia, que entró en servicio el 2 de mayo de 1882. 
 
El edificio, que mide 30 metros de largo por 12 metros de ancho, se pintó de gris y blanco con ventanas verdes, colores que ha mantenido hasta la actualidad.
 
LA PARGUERA, EN LAJAS
 
El tercer lugar en Puerto Rico donde se registra el fenómeno es en la Parguera, en el distrito de Lajas, aunque aquí el prodigio de la bioluminiscencia se ha reducido, lo que los expertos atribuyen a la proliferación de viviendas en el área, la intensidad de la iluminación artificial y la mala planificación en el uso de los terrenos en las zonas cercanas.
 
La destrucción de los manglares y el elevado trasiego de embarcaciones son otras de las causas apuntadas que han contribuido a que se reduzca el fenómeno.
 
En la Parguera se registran hasta 30.000 de los microorganismos por litro, mientras que en Vieques se han alcanzado hasta 480 mil por litro.
 
La pérdida de bioluminiscencia llevó a que el Fideicomiso de Conservación adquiriera algunos de los terrenos de la Bahía de La Parguera para proteger el entorno, a la vez que se puso en marcha el programa Puerto Rico brilla naturalmente para reducir la contaminación lumínica.

La Parguera ofrece también a los visitantes la posibilidad de visitar la Isla Magueyes, una de las más grandes del sistema de cayos de la zona, que se encuentra anclada por arrecifes de coral convertidos en su soporte principal.
Los visitantes pueden acercarse en la Parguera a Cayo Caracoles, una reserva de vida marina y diversas especies de corales.

La bioluminiscencia es un fenómeno común en mar abierto, pero rara vez ocurre en bahías costaneras.  En la región de La Parguera hay dos bahías resguardadas que exhiben este fenómeno.  Por las noches, las aguas de la Bahía Fosforescente y la Bahía Monsio José brillan cuando son agitadas por el oleaje, por un cardumen de peces o una mano pasada por el agua.

La bioluminiscencia de la Bahía de La Parguera se debe a que está poblada de millones de microorganismos conocidos como dinoflagelados, entre los cuales el más que abunda es el Pyrodinium (pyro, fuego y dinium , que gira).  Ocasionalmente otros organismos mayores en tamaño pueden contribuir a las emisiones de luz que resaltan en la bahía.

La luz o brillo en el agua es resultado de una reacción química entre substancias presentes en ellos, los cuales al combinarse, destellan.  Al producirse se genera un tipo de luz fría que se llama bioluminiscencia.  Destellan cuando el agua es agitada por el paso de un bote, con los remos, con las manos, cuando llueve o al nadar.
Se encuentran en la Bahía Fosforescente debido a la estrecha entrada de la bahía y a la poca fluctuación de marea.  La bahía es como "una trampa en la cual estas poblaciones se concentran”.  Alrededor de la orilla se generan substancias vitamínicas que son requisito indispensable para la reproducción y el mantenimiento de las poblaciones de los organismos causantes de la bioluminiscencia.
Desde el punto de vista ecológico, las bahías luminiscentes son un valioso recurso, focos significativos del interés científico debido a su importancia en la producción primaria y secundaria.

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