Apuntes

Agunot, las mujeres judías a las que sus esposos les niegan el divorcio

domingo, 10 de abril de 2016 · 00:00
AFP/ Jerusalén
 
Las llaman las agunot, o esposas encadenadas. Cientos o incluso miles de mujeres judías viven en Israel sin poder rehacer sus vidas porque sus maridos les deniegan el divorcio. 
 
Es el caso de la esposa del rabino y profesor universitario Oded Guez. En enero, el tribunal rabínico supremo, una especie de corte para temas religiosos judíos, como forma de presión decidió proscribir al hombre de toda ceremonia religiosa mientras se siga negando a otorgar el divorcio. No es la primera sentencia de este tipo, pero ésta ha tenido un eco excepcional debido a que la corte aceptó, como pedía la mujer, que se publicase en las redes sociales. 
 
"No puede participar en las oraciones colectivas diarias ni recitar el Kadish (la oración de los muertos) en una sinagoga en caso de duelo por un familiar mientras siga ignorando a los rabinos y no le dé el guet (divorcio) a su mujer”, decreta la orden. 
 
El guet es un documento que el marido entrega a su mujer durante una ceremonia ante testigos y jueces rabínicos en el que le declara que queda libre. 
 
Sin él es una aguná, o mujer encadenada a su marido que no puede casarse de nuevo. Si tiene un hijo con otro hombre será un bastardo que no podrá casarse por el rito judío. 
 
En la actualidad hay 131 mujeres en esta situación por cada 11.000 divorcios de judíos anuales, según el director de los tribunales rabínicos, Shimon Yaakobi. 
 
Esta cifra no contabiliza los casos en los que se ha ordenado al cónyuge que acepte el divorcio. Aliza Gellis, responsable de Yad La Isha (Una mano tendida a la mujer), afirma que su asociación recibe cada año 6.000 solicitudes de ayuda.
 
Recobrar la libertad 
También hay casos, aunque pocos, de hombres encadenados porque sus cónyuges rechazan recibir el guet. 
Las mujeres que recurren a la Yad La Isha esperan un promedio de cinco años para obtener el guet, afirma Gellis. "Pero hemos tenido casos más difíciles”, con maridos que huyen al extranjero y cambian de identidad, añade. 
Para una aguná es muy difícil rehacer su vida con un hombre teniendo en cuenta el séptimo mandamiento: "No cometerás adulterio”. A veces también salen perjudicadas económicamente. Gellis menciona el caso de una mujer de unos 60 años a la que los bancos le exigían que saldara las deudas de su marido. 
 
Para J., la mujer de Oded Guez, lo importante es recobrar "la libertad cuanto antes”. "Hace casi cuatro años que pido el divorcio y dos años que el tribunal rabínico obligó a mi marido a concedérmelo”, afirma esta mujer de 30 años. 
 
Tienen dos hijos, pero el problema no es la guardia potestad ni el dinero. Oded Guez sólo quiere que ella vuelva con él. "No escucha a ningún rabino”, se queja su mujer. Oded Guez guarda silencio. 
 
Tiene un doctorado en física y ella uno en biología, pero estos litigios no afectan a un estamento social, sino a todos y a todas las edades. Y no sólo en Israel, sino en las comunidades judías de todo el mundo. 
 
La maldición de las agunot es casi tan antigua como el judaísmo. Se habló mucho de ellas con la guerra de Yom Kipur en 1973, cuando muchas mujeres acabaron "encadenadas” porque sus maridos habían desaparecido en combate sin que hubiera una sentencia de divorcio previa. El fenómeno cobró visibilidad con el auge del feminismo.

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