Los cuatro planos sagrados

domingo, 10 de abril de 2016 · 00:00
Bitia Vargas 
La Paz
 
Desde hace algún tiempo, el nuevo paradigma orgánico al cual la humanidad va mudando, empezó a reconocer la unicidad, la totalidad y la interconexión de todo lo que existe en el mundo; empezó a confirmar la unión del ser humano con todo lo que le rodea y la influencia que éste tiene sobre el mundo, así como también la influencia que el mundo tiene sobre él. 

Los últimos avances de  la ciencia  han demostrado claramente que hay una estrecha relación de los niveles atómicos y subatómicos en nuestro organismo, por lo tanto, la fragmentación es solo una ilusión, somos seres integrados.
 
Por tal razón, cuando hablamos de seres humanos y de integración, difícilmente podemos separar la parte psicológica de la social y la parte material de la espiritual como hace tanto tiempo se lo ha venido haciendo. 
 
Algunos conservadores, con lentitud para asimilar los cambios que ya la ciencia ha demostrado, todavía piensan que los problemas del ser humano se deben solucionar desde el plano en el que se "origina”. 
 
Manifiestan que las enfermedades y los síntomas del cuerpo deberían ser tratados específicamente con medicación, dejando de lado los otros tres planos: el psicológico, el social y el espiritual. 
 
Sabemos ahora que si queremos lograr un verdadero equilibrio y una salud "de hierro” en nuestras vidas, los cuatro planos que nos integran deben estar en completa armonía. Ser conscientes de nuestro bienestar, significa no dejar de lado ninguno de estos cuatro planos, es decir cuidarlos y trabajarlos. 
 
Así como una buena alimentación protege nuestro cuerpo material, la meditación y la oración alimentan nuestro plano espiritual.
 
Existe un proverbio de los nativos americanos que dice: "Consérvate balanceado. Tu persona mental, tu persona espiritual, tu persona emocional y tu persona física: todas tienen la necesidad de ser fuertes, puras y saludables”
Este proverbio nos recuerda  que así como invertimos tiempo en nuestro trabajo y en nuestras finanzas, debemos también invertir tiempo en nosotros mismos, y en potenciar cada una de las cuatro partes sagradas que influyen en nuestro equilibrio. 
 
Una manera de comenzar es preguntarnos ¿cómo cuidamos esas partes? 
 
¿Cómo cuido, por ejemplo, mi parte física?:  ¿Me alimento bien? ¿Descanso lo suficiente? ¿Hago ejercicio regular? ¿Hidrato mi cuerpo?
 
¿Cómo cuido mi parte psicológica?: ¿Reconozco mis virtudes, mis cualidades y mis competencias?  ¿Mi autoconcepto aporta a mi felicidad? ¿Cómo alimento mi autoestima? ¿Cuido mis relaciones interpersonales? ¿Hago cosas que me gustan?
 
¿Cómo cuido mi parte social?: ¿Estoy consciente de que la recreación es importante para mí? ¿Tengo una sólida red de apoyo social (amigos, familiares, compañeros) que me fortalece, me ayuda y me contiene cuando lo necesito? ¿Valoro a estas personas en mi vida? ¿Cómo se los hago saber?
 
¿Cómo cuido mi parte espiritual?: ¿Hago oraciones diariamente? ¿Hago meditaciones? ¿Leo cosas que alimentan mi espíritu y me llenan de paz?
 
Hacernos estas preguntas nos lleva a revisar nuestras vidas, nos ayuda a darnos cuenta de las partes que estamos olvidando y de esta manera podemos empezar a trabajarlas. 
 
Con el tiempo, todos los ejercicios que hagamos en pro de nuestro equilibro vital  se volverán  parte de nuestra rutina diaria  y entonces podremos evidenciar los cambios que se van operando en nosotros.
 
Es importante recordarnos que ningún plano es más importante que otro. Todos son igual de sustanciales para nuestra vida, todos están íntimamente conectados, todos dependen de todos, y todos son igual de esenciales para alcanzar la felicidad genuina.

Confidencial

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