Ad Libitum

Hombre viejo... hombre nuevo, hombre emergente

domingo, 10 de abril de 2016 · 00:00
Guery Zabala Gumucio
 
 " Yo ayudo en mi casa”… "apoyo en los quehaceres de la casa”. "Hasta cuido a mi hijo”… "yo cocino y no pueden quejarse de mi”. "A pesar de ser responsabilidad de la  mujer, yo ayudo…”. Éstos son los comentarios de hombres casados sobre su aporte en las responsabilidades de la casa, con lo cual quieren mostrar que han cambiado ese rol machista que aprendieron. 
 
Pero, al mismo tiempo, buscan un mayor reconocimiento por su "aporte” en las cosas de la casa, ya que consideran que hacen cosas que otros hombres no hacen, por lo cual quieren su reconocimiento y privilegios, porque son hombres "nuevos”, "modernos” y "no machistas”.
 
Cuando a este hombre "nuevo y moderno” se le dice  que no es un actor invitado, que es un integrante de esa familia, por lo tanto corresponsable de las cosas que pasan, sin más privilegios ni reconocimiento, pone   cara de ¿y por qué?, "si doy tiempo de calidad”, "expreso afecto”, "dejo y permito que la gente de mi casa hable”, "soy la cabeza del hogar”, "yo sé lo que es mejor para mi familia”.
 
Estos hombres que "apoyan y ayudan” aún no han comprendido  la  corresponsabilidad que tienen en el cuidado de la familia, a nivel emocional afectivo; entender que no son protagonistas temporales, en ciertos capítulos de la familia y en otros no aparecen. Deben entender  que el cuidado y bienestar de todos y todas les compete directa e indirectamente, por lo que su  participación debe ser completa y no parcial.
 
Hay  hombres que lavan, cuidan a las wawas, se responsabilizan totalmente del ser padres, del cuidado de su familia; es decir, están presentes, y en ningún momento buscan más reconocimiento y privilegios, ya que son conscientes de que es su corresponsabilidad, y sobre todo reconocen que eso no afecta en la vivencia de su masculinidad, sino más al contrario la fortalece, genera esos vínculos afectivos, de seguridad, confianza como la madre genera con el hijo, y esto por el hecho de estar presente en la vida de ellos y no como actriz o actor invitado. 
 
Estos hombres rompen los privilegios que social y culturalmente se les da y   van tratando de desmontarlos y no repetirlos, por lo tanto no enseñan esa forma de ser hombre a los hijos y apuestan  por relaciones más horizontales.
 
Esta diversidad de vivencias del ser hombre nos permite identificar que actualmente existen varios roles o formas del ser hombre, los cuales se han estado modificando con el tiempo, lo cual evidentemente genera un conflicto entre el "hombre tradicional” y un hombre emergente. 
 
Actitudes de "hombre” con emociones medidas, un comportamiento rudo, insensible, tosco, descuidado en su aspecto, con un lenguaje pobre, será visto como desubicado, como machista y a la vez este hombre emergente viril, más flexible, light, centrado en el cuidado personal, la autonomía, la sensibilidad y la seducción, es visto como algo nuevo y raro, generando confusión en los hombres. Entonces, ¿qué hacer?
 
Este imaginario sociocultural  no termina de dejar atrás el mito del macho poderoso, bravo y protector, el que no sólo es sustentado por los hombres, sino también por las mujeres que siguen en busca de este prototipo. "Hombres eran los de antes”, habla justamente de una nostalgia hacia un modelo que, para muchos, es o debería ser parte del pasado. 
 
Debemos reconocer que  los hombres ya hemos dejado de ser proveedores exclusivos en el hogar, algo que fue vital y fundamental en la construcción de esa masculinidad clásica, puesto que las mujeres han salido al mercado laboral.
 
Esto  puede generar en los hombres un tipo de cortocircuito con lo clásico, puesto que su construcción primigenia se pone en cuestionamiento, motivando de alguna manera a que esa forma tradicional de ser hombre vaya  cambiando lentamente y con mucho esfuerzo. 
 
A los hombres nos cuesta terminar de dar este cambio paradigmático hacia este hombre emergente, el cual nos permite realizar diversas actividades y por las cuales no se duda de nuestra masculinidad.
 
Es un cambio moroso y difícil, porque cuestiona todo lo que hemos aprendido del ser hombres; sin embargo, no podemos pensar que se es hombre de una forma y listo para todos. 
 
Tenemos que darnos la oportunidad de cambiar esos estereotipos que aprendimos del ser hombre y generar unos modelos que nos permitan expresar lo que sentimos, hacer lo que consideramos adecuado, que esto no sea ridiculizado, sino más al contrario sea respetado por todas las personas. Debemos trabajar por ese hombre que busca emerger a pesar de las dificultades sociales y culturales. Y lo que hacemos en la casa no nos quita nuestra masculinidad, sino que la fortaleza.

Confidencial

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