Cartagena: 3.000 años de historia

Ciudad púnica, romana, militar y modernista y marcada por el mar Mediterráneo que la baña, por su puerto, y por tesoros naturales, culturales y gastronómicos que la conforman como una de las joyas del levante español.
domingo, 1 de mayo de 2016 · 00:00
Joaquín Méndez Rosa

Ciudad de tesoros, unas veces excavados en la tierra, otras al aire libre y algunos sumergidos bajo  sus aguas, la ciudad de Cartagena, en la comunidad española de Murcia, con algo más de 200 mil habitantes, que en su área metropolitana llega a los 400 mil, es una urbe abierta con una historia que proviene de los cartagineses, 200 años antes de Cristo, y que conoció su apogeo gracias a los romanos, quienes la bautizaron como Cartago Nova.
 
Gracias a su situación geográfica estratégica, hace 2.000 años se convirtió en uno de los principales puertos del Imperio y, hoy en día, su enorme patrimonio cultural e histórico sigue siendo de especial relevancia a la hora de mostrarse a los visitantes. Además,  Cartagena posee una gran riqueza minera, con minas de plomo y plata, y unas aguas de una riqueza marina extraordinaria.
 
Para el bloguero especialista en viajes, José Luis Sarralde  (http://guias-viajar.com), entrevistado por EFE: "Quien llega a la ciudad descubre que es muy luminosa, con unos jardines y unas murallas que conforman un magnífico mirador al mar, y  con un centro histórico, que se extiende al pie de la colina del castillo, casi todo peatonal”.
 
También sorprende ver en el centro histórico edificios de arquitectura modernista, como el Casino o el Gran Hotel lo que, a juicio de Sarralde, "configura una ciudad muy agradable de pasear”.
 
LOS ORÍGENES Y ROMA
 
Aunque las joyas arqueológicas de la ciudad descansan en el Imperio romano, a la entrada de la ciudad existe uno de los escasos yacimientos púnicos de la Península Ibérica, la Muralla Púnica, que se levantó en siglo III a. C. y que es el origen de esta urbe. 
 
Pero entre sus más preciados tesoros está, sin duda,  su Teatro Romano, con capacidad para 6.000 espectadores, que data del siglo I antes de Cristo y que se interpreta al visitante perfectamente desde el museo sobre este monumento, que fue diseñado por el arquitecto español Rafael Moneo.
 
Pero a este respecto lo mejor, tras conocer el Teatro Romano,  es visitar el Barrio del Foro Romano, que está ubicado  al pie de una de las colinas de la ciudad, el Molinete. "En los últimos años  se han hallado numerosos restos  arqueológicos de una manzana -cuadra- de la antigua ciudad romana, y desde marzo de 2012 se pueden visitar”, comenta Sarralde.  
 
En él también se nos ofrece un complejo termal del siglo I d.C. y un edificio destinado a celebrar banquetes de carácter religioso. 
 
Forma parte de  un  yacimiento de 4.000 metros cuadrados de superficie, que lo convierten en el parque arqueológico urbano más grande de España, y en el que se aprecian el Augusteum, sede de culto al emperador Augusto,  donde estaba ubicado el antiguo Foro, centro político, económico y religioso, y la casa Fortuna, un "domus” clásico de una familia pudiente romana que fue hallado en el año 2000.
 
MODERNISMO Y DEFENSA
 
Otra ruta de interés por el casco antiguo es la denominada modernista, que incluye varios edificios de ese estilo arquitectónico y que incluyen la estación de ferrocarril, la Casa Aguirre, sede actual del  Museo Regional de Arte Moderno, la casa Maestre, un inmueble que recuerda descaradamente al insigne Antonio Gaudí, el Casino, el Gran Hotel o el Palacio Consistorial.
 
Pero otro de los referentes de la urbe murciana es su arquitectura defensiva, de cara a la costa mediterránea. "Yo recomiendo un viaje por la bahía, que dura unos 45 minutos, donde se descubre la importancia que ha tenido a lo largo de la historia. Allí se contempla un cañón defensivo que tiene un alcance de 35 kilómetros”, indica el bloguero.
 
Es de destacar también el fuerte de Navidad;  la batería de Castillitos y la torre de Santa Elena, en el Cabo Tiñoso,  ejemplo  de los sistemas diseñados en el siglo XVIII para controlar los accesos y defender la ciudad de los ataques externos. 
 
Precisamente los ataques externos, concretamente franquistas, durante la Guerra Civil de España, pasaron factura en la ciudad. Uno puede hacerse una idea al visitar el Refugio de la Guerra Civil, que muestra la construcción de galerías defensivas y cómo era la vida durante esa contienda. Un lugar que albergaba hasta 5.000 personas. Cartagena fue el último bastión en rendirse al ejército de Franco. 
 
Pero en Cartagena no todo está a vista de tierra, porque bajo sus aguas también existe un patrimonio digno de mención. En el Museo de Arqueología Subacuática (Arqua) pueden apreciarse  restos de las embarcaciones, como los pecios romanos de la Isla de Escombreras o monedas de oro y plata recuperadas de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes.
 
También bajo el mar se desliza el submarino. Precisamente fue un cartagenero  científico, marino y militar español,  Isaac Peral, quien lo desarrolló como arma militar al diseñar el submarino torpedero, del que existe una réplica en el museo Naval de la ciudad.
 
EDÉN DEL BUCEO
 
Pero lejos de quedarse solo con su pasado y vivir de esas rentas, la ciudad se apuntó a la modernidad  y, como muestra, su ascensor panorámico turístico, de 45 metros de altura, que permite al visitante llegar hasta el castillo. Punto de interés especial por su mirador.
 
"Es un lugar magnífico para hacer fotografías porque desde él se contempla toda la bahía y un lugar ideal para ver el atardecer y culminar la jornada turística”, añade Serralde. 
 
En sus costas también existen joyas naturales de innegable valía, como el Parque Natural de Calblanque y uno de los templos del buceo, como es la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, con casi 1.900 hectáreas y praderas oceánicas en un excelente estado de conservación. 
 
Según la Fundación Cousteau, es el mejor lugar del Mediterráneo para la práctica del submarinismo, por la rica biodiversidad de sus poblaciones de flora y fauna y la espectacularidad de los restos de naufragios como los del Sirio, el Minerva y el Nord America.
 
Pero no solo de belleza se vive, y para el descanso del turista, nada como su gastronomía. Entre sus pescados destacan el mero, la dorada, el dentón o el mújol. Todos se pueden degustar de diversas maneras, pero a la brasa, a la sal, o al horno, son de las más sabrosas. 
 
También son muy recomendables sus salazones y arroces, especialmente el arroz caldero, típico entre los pescadores, resultado de cocer arroz en caldo de pescado y acompañarlo de ajoaceite. Para los postres es obligado saborear un "asiático”: café, leche condensada, cóñac y canela, servido en una peculiar copa. 
 
Por lo tanto, por historia, belleza, clima y gastronomía, Cartagena es un buen destino en el que el Mediterráneo saluda al visitante y los cartageneros le muestran la cara amable de un pueblo de orígenes muy antiguos.

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