Los mapas del amor, ¿cómo elegir la pareja correcta?

domingo, 1 de mayo de 2016 · 00:00
Guery Zabala Gumucio
 
¿Por qué me enamoro de este tipo de personas? ¿No sé qué me pasa que con los chicos que estoy, todos me ponen los cuernos? "Ahora entiendo lo que me decía mi madre, ‘todos los hombres son malos’… quizá por eso  dejó a mi papá” . Hoy quiero compartir con ustedes algo sobre los "mapas amorosos”, es decir sobre aquellos aspectos y elementos que nos llevan a elegir cierto tipo de parejas, que por más de que nos sucede una y otra vez, siempre recaemos,  cometemos los mismos errores.

La elección de pareja se basa en el mapa de amor que cada persona ha construido y  desarrollado a partir de la primera infancia, como respuesta a las influencias de la familia, amigos, experiencias y asociaciones fortuitas que se dan en el contexto sociocultural en el que  crecemos. A lo largo de nuestro desarrollo, este mapa inconsciente va tomando forma y emerge conscientemente como una imagen interna prototípica de la pareja ideal, que nos lleva a sentirnos atraídos por ciertas personas e influye en el gusto por cierto tipo de conversaciones, olores, sonidos, estímulos visuales y actividades eróticas que nos puedan resultar excitantes.
 
Los criterios que consideramos para compartir nuestra intimidad con una persona constituyen  un aspecto crucial en la relación de pareja. Para la mayoría, no existe una preparación específica al respecto y, al no considerar todos los factores que entran en juego en el momento de elegir compañía, es altamente probable que elijamos prácticamente a ciegas, con lo cual la probabilidad de que la convivencia resulte satisfactoria disminuye.
 
Por ello, cuando se elige una pareja, conviene ser consciente y tener claro  "desde dónde” se está eligiendo. Es decir, para qué quiero pareja:  "porque la vi y me enamoré”, "fue amor a primera vista” , "ya tengo  35, y no quiero quedarme solo, o sola”, "está embarazada”...  Basar nuestra consolidación de pareja en alguna de estas situaciones nos quita la posibilidad de  éxito, ya que son las circunstancias externas las que han generado la convivencia, y no el afecto.
 
Mi media naranja
 
Socialmente nos quieren convencer con el mito de la "media naranja”, o el mito de la fusión. "Ser uno solo con el otro”. Cargados con esta creencia, podemos pasarnos la vida buscando a nuestro  otro yo perdido, buscándonos fuera de nosotros  y persiguiendo esa mitad que te haga feliz y sentir amado, tal cual como tú lo has construido en tu mente.
 
Así, llegamos a la relación de pareja a base del mapa amoroso que existe en nuestra mente inconsciente y ésta va dominando nuestras reacciones y conductas y muchas veces, sin que nos demos cuenta de ello. Tenemos presuposiciones automáticas respecto a lo que es la relación con otra persona, o cómo nos deberíamos sentir y qué deberíamos obtener.
 
Patrones de familia
 
Como todas las formas de elección tienen su base en nuestra infancia y los aprendizajes que tuvimos, para conocer  desde dónde estoy eligiendo pareja, es recomendable realizar una pequeña revisión sobre estos aspectos:  ¿Cuáles son los patrones de relación de pareja que predominan en nuestra familia desde la relación de nuestros padres, tíos o  abuelos? 
 
Si procedemos de una familia en la cual se han dado muchos divorcios y esto nos ha generado sufrimiento, podemos inclinarnos por alguien cuyo ideal sea mantener la unión a lo largo de la vida a cualquier precio. Y ahí repetimos malas elecciones de pareja o conductas que no nos benefician en lograr estabilidad, sino que seguimos repitiendo inestabilidades generacionales.
 
Pero también se debe tener en cuenta que  la elección de pareja, como muchos actos humanos, no es enteramente libre, ya que también está condicionada por múltiples factores de tipo consciente e inconsciente, como el grado de autoestima, y autoconocimiento, el mapa amoroso, la familia de origen, las historias sobre el amor y la sexualidad y los ciclos de vida.
 
El conocimiento de estos factores y de la historia previa a nuestras relaciones amorosas es importante, pues nos orienta en una dirección u otra en la elección de pareja. 
 
Aunque el  pasado no se pueda cambiar, a base de su conocimiento podemos construir desde el presente relaciones que nos llevan a un resultado acorde con lo que conscientemente queremos que sea nuestra vida afectiva y sexual.

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