Wendy Quiroga/Chocolates Carezza

“Dejé de trabajar pero quería un negocio”

Hace ocho años que Wendy Quiroga convirtió su hobby de hacer chocolates en un dulce emprendimiento, cuyos productos llegaron hasta Suiza
domingo, 22 de mayo de 2016 · 00:00
Ivone Juárez 
La Paz

" Siempre me gustó hacer chocolates, desde que estaba en colegio. Cuando me casé y nació mi primera hija, Luciana, me encargaba de hacer todo para sus cumpleaños: la torta, las galletas, los chocolates y me gustaba hacerlos muy atractivos, lo que llamaba la atención de mis familiares y amigos invitados”, cuenta Wendy Quiroga. Así resume el inició de su innovador negocio: una empresa de chocolates.
 
Si bien el inicio de su iniciativa es muy parecido a la de muchas mujeres, los resultados que alcanzó no son para nada comunes, porque la repostería y las golosinas a las que dan forma sus manos han llegado a toda Bolivia e, incluso, a Suiza.
 
Wendy echó mano de la tecnología, específicamente del Facebook,  para ofrecer las delicateses  que elabora en la cocina de su casa y la complementó con el  marketing boca boca -del que se encargaron sin querer sus satisfechos clientes- para promocionar sus productos. Es que los chocolates y demás delicias que elabora esta mamá no son para quedarse callado.
 
Bombones rellenos con dulce de leche, crema de maní y otras delicias, trufas, brochetas de chocolates, tortas, bocaditos… todos los manjares para ofrecer una fiesta sin igual. 
 
En su página de Facebook, además de promocionar sus productos, lanza concursos y otras iniciativas para atraer cada vez a más clientes. "Quiero que mis productos lleguen cada vez a más gente. Las redes sociales son el espacio ideal para las mamás que trabajan en casa”, sugiere.
 
La razón para iniciar su negocio fueron sus tres hijos, no quería dejarlos en casa, ni perderse su crecimiento.
"Cuando nació mi primera hija Luciana continué trabajando, pero para mí era muy doloroso dejarla en casa, muy triste. Cuando se enfermaba era lo peor. Por eso cuando me embaracé de mi segundo hijo, Gael, decidí dejar de trabajar. Mi esposo me apoyó, pero yo pensaba  en un negocio, lograr un ingreso sin tener que dejar a los chicos”, cuenta.
 
Su primer pedido de chocolates fue para un familiar. Bombones, trufas, masmelos y brochetas de frutas bañadas en chocolates que trabajó con gran dedicación y algo de nerviosismo, pues tenían que dar perfectos. Decidió que no cobraría por ese su primer servicio porque -pensó- sería una buena carta de presentación para ser recomendada a más clientes. Le resultó porque sus amigos comenzaron a hacer pedidos, no sólo para cumpleaños o bodas, sino también para despedidas de solteros  y otros.
 
"Cada vez tenía más pedidos, más trabajo. Me buscan desde Santa Cruz, Cochabamba y Cobija. Algunos de mis chocolates han llegado hasta Suiza”, cuenta  esta  mamá.

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