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Del señorita al señora

domingo, 29 de mayo de 2016 · 00:00
Bitia Vargas 
La Paz


Ya hemos llegado al consenso unánime sobre la cualidad transformadora y creativa del lenguaje. Es tan poderoso  que causa en nosotros un sinfín de emociones. No pude evitar preguntarme, por ejemplo, ¿qué reacciones comunes surgen en nosotras las mujeres, a medida que pasa el tiempo y pasamos de ser llamadas señoritas a señoras?

 

Puede parecer una simpleza hablar de ello, sin embargo, esas dos simples palabras   generan todo un debate.
Cuando mencionamos la palabra señorita, muchos nos imaginamos a una mujer joven, probablemente en pleno auge y llena de vida. Lo contrario podría sugerir la palabra señora, ¿alguien mayor? ¿Alguien ya entrada en años? Por lo tanto asociamos esta palabra, no con el estado civil, como lógicamente debiera ser, sino con los años que irremediablemente avanzan.
 
El "señorita”  para algunas mujeres de mediana edad puede resultar un halago, así como el "señora” para esas mismas mujeres  una palabra de mal gusto.  Es cierto que todo está en nuestra cabeza, pero vivimos en un mundo donde ciertamente las palabras marcan la diferencia, en este caso entre joven y vieja.  
 
Tuve la oportunidad de confrontar estas ideas con algunas mujeres de treinta y tantos años, algunas de ellas casadas, otras solteras, otras madres, otras no. Todas ellas entrando en la transición de escucharse de señoritas a señoras.
 
"Cada vez que alguien me dice señora, pienso,  ¿me veré como una señora?” decía alguna, y entonces surge la pregunta subsecuente ¿qué es verse como una señora? "obviamente una mujer mayor”, pero ¿es realmente así? ¿Que acaso esta palabra no debe estar asociada con el estado civil más que con la edad? por lo menos los diccionarios nos acercan a esta definición. Si nos basáramos en ello, una muchachita de veintitantos años es señora, si es madre y está casada. 
 
Ahora bien, ¿estas palabras de alguna forma no son una manera de discriminar por el estatus civil o una forma de etiquetar a alguien solo por su apariencia? Porque siendo honestos, en nuestro país, y creo que en ningún otro, la gente no anda preguntando si una mujer es casada o no para llamarla de señora o señorita. Aquí te llaman señora simplemente por cómo te ves, o más claramente dicho  por la cantidad de años que creen que tienes.  Y como la mayoría de las mujeres bolivianas estamos al tanto de estas convenciones sociales del lenguaje, automáticamente cuando nos llaman de señoras  surge la interrogante que nos tortura: "¿tan vieja me veré?”
 
Algo parecido ocurre con el resto de las mujeres en el mundo. En Francia, por ejemplo, mujeres que no quieren ser categorizadas o señaladas como solteras, solteronas o casadas están a favor  que hombres y mujeres sean saludados de la misma forma. No olvidemos que la palabra "señorito” ha desaparecido del lenguaje popular hace ya mucho tiempo. 
 
Por lo tanto, llamar de señoras a todas las mujeres, indistintamente la edad o el estado civil, sería una manera de uniformar este saludo, lo cual ha sido apoyado por el Gobierno francés actual, tanto que en el año 2012 prohibió el uso de mademoiselle (señorita) en los formularios de trámites. Aunque para que esto sea acatado por la esfera cultural, es decir el lenguaje común, falte mucho, esto ya es un gran avance. 
 
Empezar a utilizar un lenguaje universal, que no discrimine ni etiquete, es una necesidad. Conforme la humanidad vaya madurando, empezaremos a utilizar palabras más neutrales que no afecten las emociones de hombres y mujeres. 
 
Mientras eso ocurra, creo que la mejor terapia para todas las mujeres es entender que no se trata del señora o señorita el verse y sentirse bien, es una cuestión de actitud, de autocuidado, una cuestión de autoestima y lo que significa ir alimentándola. 
 
También es una cuestión espiritual, mientras más jóvenes nos sintamos por dentro más lo reflejaremos por fuera, y cuando esto acontece, las etiquetas van quedando de lado, al igual que los prejuicios; o como bien lo mencionaba una amiga, se trata de "envejecer con clase”.

 

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