Un knock out en un vuelo del LAB

En la década de 1980, Mohamed Ali viajó a La Habana en un avión del LAB. Wilde Rodríguez cuenta la historia de una fotografía que marcó parte de su carrera.
domingo, 19 de junio de 2016 · 00:00
Fernando Chávez Virreira  / La Paz

Es la víspera de Navidad de 1988 en el aeropuerto de Miami. Wilde Rodríguez llega, puntual como siempre, para trabajar en el vuelo del Lloyd Aéreo Boliviano desde esa ciudad estadounidense con destino a La Habana, Cuba.
 
 Pero un funcionario de una empresa de turismo que contrató ese vuelo charter le informa que sufrirán un retraso de 50 minutos a una hora. ¿Cuál es la razón? "Estamos esperando al campeón...”, le dicen. ¿Al campeón? ¿Qué campeón?

 Poco más de una hora después, cuando ya todo estaba dispuesto para el vuelo, sube al avión el mismísimo Mohamed Ali, ante la incredulidad de este asistente de vuelo  del Airbus A-310 de la extinta empresa estatal. Acompañado de su esposa y un séquito de unas diez personas, Ali viajaba a la capital cubana con un cargamento de juguetes y ropa para los niños más desfavorecidos de la isla.

  "Lo primero que hice fue darle la mano y abrazarlo; no podía creer que estaba junto al campeón más grande que tuvo el boxeo. Para mí fue emocionante porque solo lo veía en la televisión”, cuentra Rodríguez.

Aquella fotografía de El más grande en el avión del LAB es un tesoro para Wilde. "Quieres una conmigo?”, le preguntó el gran Ali. A lo que, sin dudarlo, le respondió: "¿Será que me aguantas? Aquella anécdota inolvidable para Rodríguez marcó parte de su carrera de más de 33 años en las alas del Lloyd. "Se sentó en la primera fila y yo me senté a su lado y conversamos. Así confirmé el gran corazón que tenía este hombre; un filántropo; defensor de los derechos humanos, un ejemplo de deportista, además de que era un hombre que respetaba al ser humano”, cuenta el ex miembro de tripulación de cabina.

  Pero, ¿por qué el campeón eligió al LAB?  "Hay mil líneas aéreas que vuelan a EEUU, pero el LAB era conocida como una de las líneas aéreas más seguras del mundo; nos contrató una empresa de turismo de Miami; contrató los servicios de la aeronave más tripulación para realizar un vuelo charter entre Miami y La Habana y de regreso a Miami”, cuenta Rodríguez a Miradas.

 "Yo me emociono mucho cuando hablo del LAB porque fue mi segunda casa y me dio todo lo mejor que hoy tengo”, dice el sobrecargo, que comenzó su carrera como técnico en operaciones de vuelo en la empresa Cruzeiro do Sul  de Brasil. Luego continuó su trabajo en Varig.

 "Después de trabajar como 15 años en tierra, decidí subir a volar para ganar unos pesos más. Hice un curso de asistente de vuelo y aprobé. Así pasé al cuerpo de tripulantes de vuelo del LAB, lo que fue un pasaje maravilloso porque llegué a relacionarme con mucha gente,   Mohamed; pero también  conocí a Roberto Mano de Piedra Durán y en una ocasión a Pedrito Fernández”, cuenta.

"En el poco tiempo que pude charlar con él, hicimos ese ademán del box, con los puños, cuando uno  de los pasajeros se acercó y nos tomó la fotografía; era una señora. Yo le di mi dirección para que me mande la fotografía cuando pudiera y ella cumplió con su palabra y me  la envió. Gracias a eso tengo este maravilloso recuerdo”, dice emocionado Wilde, que se jubiló del Lloyd como jefe tripulante de cabina.

  Hoy, a sus 66 años, disfruta de la vida y de sus nietos en Cochabamba y, cada vez que puede, vuelve a ver The Greatest, la película autobiográfica de Ali, con la canción The Greatest Love of All, de Whitney Houston.

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