Mohamed Ali, el hombre y el mito

domingo, 19 de junio de 2016 · 00:00
Agencias  / Phoenix, EEUU
 
Fue un provocador y arrogante, encantador y carismático, pero en el grupo más selecto de los más grandes de la historia estará siempre Mohamed Ali, el boxeador que rompió moldes deportivos, políticos y religiosos, y que se fue a los 74 años en Phoenix, Arizona, Estados Unidos.
 
Ali fue la voz más grande dentro y fuera del cuadrilátero, defensor de los derechos civiles y de la no violencia, el hombre que cambió el boxeo con leyes más justas.
 
El mismo Ali que deslumbró al mundo con su boxeo no convencional para la época, sus bravuconerías y salidas de tono para aumentar la venta de entradas a sus peleas, fue el hombre que se negó a ir a la guerra de Vietnam, "para no matar semejantes”, dijo, y se convirtió en un pacifista y luchador por los derechos civiles. 
 
"¿Por qué me piden ponerme un uniforme e ir a 10.000 millas de casa a arrojar bombas y disparar balas a gente de piel oscura, mientras los negros de Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples? No voy a ir a 10.000 millas de aquí y dar la cara para ayudar a asesinar y quemar a otra pobre nación simplemente para continuar el dominio de los esclavistas blancos. Pregunten lo que quieran sobre la guerra de Vietnam que siempre les cantaré esta canción: ‘No tengo problemas con los vietcong... porque ningún vietcong me ha llamado nigger’ (la forma despectiva de negro)”, declaraba en esos días.
 
Ali tomó postura contra la guerra incluso antes que Martin Luther King. Después lo haría casi siempre en causas justas y se convirtió en uno de los íconos legendarios para la comunidad afroamericana y negra del mundo.
 
Ali transformó  A EEUU
 
Hizo temblar el establishment con su forma de ser, a veces demasiado descarnada, y llevó el boxeo a otra dimensión, lo que marcó el comienzo de la era de peleas millonarias por televisión. 
 
Pero no le bastó con eso. Cuando los promotores inescrupulosos comenzaron a llevarse la mejor tajada del negocio, dejando a los boxeadores a veces en saldo negativo, Ali peleó en los tribunales y el Congreso estadounidense para sacar adelante en 1999 la Ley de Reforma del Boxeo Mohamed Ali, que protege los derechos y el bienestar de los boxeadores. 
 
"Mohamed Ali transformó a EEUU e impactó al mundo con su espíritu. Su legado será parte de nuestra historia para siempre”, dijo Bob Arum, quien se inició en el negocio de la promoción precisamente con una pelea de Ali. 
Sus acciones dentro y fuera del cuadrilátero dieron paso a las bolsas supermillonarias que hoy disfrutan muchos con menos talento y carácter. 
 
Floyd Mayweather, el púgil que más dinero ha ganado en la historia del boxeo, aseguró que sus grandes bolsas fueron posibles sólo porque "Ali nos abrió el camino”. 
 
Cassius Clay
 
Murió como Ali, aunque había nacido como Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942  en Louisville (Kentucky). Desde 1984 sufría Parkinson, enfermedad que le fue diagnosticada casi tres años después de su retirada. Pudo haber sido como consecuencia de los golpes recibidos en su carrera, pero la única seguridad es que en su última etapa en activo ya había perdido facultades físicas, sufría una evidente falta de movilidad. 
 
Pero, sobre todo, tenía mermadas sus aptitudes mentales con claros signos de dificultades para hablar y discernir. Era ya un juguete roto pese a que su memorable estilo de boxeo se había basado mucho más en la esgrima y en la esquiva que en los intercambios directos de golpes.
 
Su vida fue una novela. La novela de un niño pobre y tímido que se metió en el boxeo a los 12 años, cuando un malhechor le robó su bicicleta. Llorando fue a hacer la denuncia y Joe Martin, el policía que lo atendió, lo convenció de que debía aprender a defenderse, y se convirtió en su primer entrenador en el gimnasio Columbia de Louisville. 
 
Ali pasó sus últimos años devastado por la enfermedad de Parkinson, pero nunca se retiró de la vida pública ni tiró la toalla blanca al centro del ring en señal de rendición. En lugar de ello, inició una cruzada contra la enfermedad, una más en la lista de las batallas de su vida extraordinaria.
 
La lista de grandes boxeadores de todos los tiempos tiene muchos nombres, la gran mayoría estadounidenses. 
Su carrera
 
A Ali le precedieron leyendas como Joe Louis o Rocky Marciano, el único campeón mundial de los pesos pesados profesionales que se retiró invicto. Ganó sus 49 combates, 43 por KO. Ali disputó 61, venció en 56, 37 por KO, y perdió cinco. Pero los números a veces no bastan para explicar la gloria ni la genialidad. 
Ali, por ejemplo, no fue el atleta Bon Beamon que saltó los 8,90 metros en los Juegos Olímpicos de México 68 y sólo con ese salto gigantesco pasó a la posteridad. Ali, victorioso y derrotado, incluso se permitió saltar más allá del deporte.
 
Ali, para empezar, fue un innovador con su estilo. Nadie antes que él había boxeado con la guardia baja y un rápido juego de piernas impensable para una categoría en la que se mueven sobre los cuadriláteros moles sobre los 100 kilos. Ali no llegaba a los 95 y medía 1,91 metros en sus mejores momentos. Parecía un tipo delgado en comparación con otros rivales. Incluso ganó la medalla de oro de los semipesados en los Juegos de Roma 60, con menos de 81. 
 
No se había podido clasificar en los pesados, pues perdió con Percy Price, que ni siquiera subió después al podio olímpico en su categoría. Ali también perdió peleas entre el centenar que disputó en su primera etapa como aficionado, pero generó ya desde entonces una gran controversia por su forma tan heterodoxa de boxear. Sólo era el principio de una carrera deslumbrante dentro y fuera del ring.
 
El mismo año 1960, el 29 de octubre, sin que hubieran pasado dos meses desde su título olímpico, logró su primer triunfo profesional en su ciudad natal y enseguida se trasladó a Miami, pues allí entrenaba Angelo Dundee, el gran mentor de sus éxitos. 
 
19 victorias consecutivas de un joven que había arrasado al legendario y eterno monarca de los semipesados, Archie Moore, y que sólo había pasado apuros contra el ortodoxo británico Henry Cooper. Pero ahí estuvo también el astuto Dundee para salvarlo. 
 
Ali estaba destinado a mayores glorias y en las historias de las grandes gestas también cuentan los detalles. Cuando estaba peor en el combate, Dundee lo paró con la argucia de un guante roto, que muy bien pudo rasgar el propio preparador con una cuchilla.
 
El 25 de febrero de 1964, pese al favoritismo absoluto de Sonny Liston, logró su primer título mundial. Su esgrima y rapidez en los combates se imponían y también su verborrea. Insultaba y menospreciaba a los rivales en una táctica que luego confesaría como fingido decorado de comedia y hasta acertaba el asalto en que los derrotaría. 
 
Frases de un famoso
 
"Soy doblemente grandioso, no sólo los noqueo sino que elijo el asalto”. Su rosario de frases llenas de soberbia, ironía, inteligencia y humor fue enorme. "Flotar como una mariposa, picar como una abeja. Tus manos no le pueden pegar a lo que tus ojos no ven”. "Soy tan rápido que cuando apago la luz me meto en la cama antes de que todo el cuarto esté a oscuras”. "Cuando eres tan grande como yo, es difícil ser humilde”. "Es sólo un trabajo.
 
La hierba crece, las aves vuelan y yo le pego a la gente”. "Cuando tienes razón, nadie lo recuerda. Cuando estás equivocado, nadie lo olvida”. "No cuentes los días, haz que los días cuenten”. "La gente no soporta a los bocazas, pero siempre los escucha”. 
 
"Soy un sabio del boxeo, un científico del boxeo. Soy un maestro del baile, un verdadero artista del ring”. "No divido a los hombres entre modestos y arrogantes, sino entre los que dicen la verdad y los que mienten. No hay ningún deportista en el mundo que sepa tantas cosas como yo. Entonces, ¿qué me importa si suena a modestia o inmodestia?”. 
 
"Si sueñas con ganarme, es mejor que despiertes y pidas perdón”. "Debería estar en un sello postal. Es la única forma de que me puedan pegar”. "Al golf también soy el mejor, sólo que todavía no he jugado”. "Yo fui el Elvis del boxeo, el Tarzán del boxeo, el Supermán del boxeo, el Drácula del boxeo, el gran mito del boxeo”. 
 
"Cuando empecé a boxear todo lo que quería era poder comprarles a mis padres una casa y tener un coche grande para mí. Pero mis sueños comenzaron a crecer”. "Coches y espejos, son los objetos que más me gustan”.
Su reivindicación de raza fue también una obsesión no sólo contra el poder blanco, sino frente al grupo de colegas negros condescendientes con el sistema "de los blancos” y a los que llamaba "Tío Tom”. En realidad, eran todos sus grandes rivales de la época. Se vivía el momento del black power y abrió el camino a gestos posteriores como los de los atletas en México 68. 
 
"Tenía que demostrar que se podía ser negro de otra manera y hacérselo ver a todo el mundo”, decía. "Voy a la tienda y el dueño es blanco. Luego voy a la farmacia y el farmacéutico es blanco. El conductor del autobús es blanco. ¿Qué es lo que hacen los negros?”. "Soy América. La parte que ustedes no reconocen, pero acostúmbrense a mí, negro, seguro de sí mismo. Engreído es mi nombre, no el de ustedes; mi religión, no la de ustedes”.
 
El más grande
 
Al día siguiente de ganar a Liston anunció que se cambiaba de nombre. Ya no sería más Cassius Marcellus Clay, sino Mohamed Ali. Pese a su infancia regida por la iglesia bautista, su amistad con Malcolm X lo había acercado a la organización Nación del Islam desde 1959 y después a su líder, Elijah Muhammad. Ahora era El amado de Dios. Y lo proclamó: "Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Mohamed Ali, un hombre libre”.
 
Y todo ello pese a que podía sentirse orgulloso, porque su padre quiso que se llamara como él en recuerdo de un político fundador del Partido Republicano, gran defensor de las libertades de los negros. 
 
Pese a ser hijo de uno de los mayores terratenientes sureños, Cassius Marcellus Clay  empujó al presidente Abraham Lincoln a abolir la esclavitud en 1863. Fue nombrado embajador en España, pero prefirió ejercer en la Rusia de los zares y trabajar en la compra de Alaska.
 
Pero Ali no le tenía mucho que agradecer a su padre, bebedor y mujeriego, incluso maltratador de su madre y, sobre todo, quería romper con mucho más. Aunque las críticas que sufrió por abrazar el Islam fueron ya tremendas. En los peores momentos de los atentados terroristas tuvo que defenderse: "Soy musulmán, soy boxeador, un hombre que busca la verdad. No representaría al Islam si fuese un terrorista. Todo el mundo debe conocer la verdad: el Islam es paz”. Ali, en sus últimos años, incluso abrazó el sufismo más espiritual y reafirmó su fe asumiendo su Parkinson: "Lo más importante de mi vida es lograr la paz. Dios me dio esta enfermedad para demostrarme que soy un hombre frágil como cualquiera”.
 
Hoy,  todos rinden homenaje a The Greatest (El más grande), como él mismo se proclamó en su autosuficiencia juvenil. 

Mohamed Ali era El Más Grande. Punto final. Si le preguntaban, él lo decía claramente. Que él era doblemente el más grande. Que él "iba a esposar al relámpago y a meter al rayo a la cárcel”…

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