Recibo lo que doy

domingo, 19 de junio de 2016 · 00:00

Bitia Vargas
La Paz

Existe una metáfora interesante que compara a l ser humano con una fuente: mientras más da, más recibe. Cuando la fuente deja de dar se seca y pierde el sentido de su existencia. 


Al igual que la fuente de agua, nuestra existencia humana tiene sentido en tanto demos a los demás aquello que queremos recibir. 
 
Cualquier acto de amor que hagamos engendrará amor hacia nosotros. Es posible que no lo percibamos rápidamente, pero aunque esta energía vital demore, llegará. Lo mismo sucede con el odio, el rencor el racismo y la discriminación, si actuamos así, no debe sorprendernos que recibamos lo mismo.
 
Podemos observar esta "ley de reciprocidad” en cualquier plano y aspecto de nuestras vidas. Cuando una madre da a luz, por ejemplo, su pecho está listo para generar la leche que alimente a su bebé y lo seguirá haciendo hasta el día en que el bebé no lo necesite más. Su existencia está en función de lo que necesita y provee al bebé, por sí misma, por sí sola la leche no tiene razón de ser. 
 
Dar es darnos. No hay justificación para no dar si sabemos que dando, recibiremos. Tener certeza de este maravilloso regalo puede hacer que las cosas cambien en el mundo. En primer lugar, se acabaría el egoísmo, porque, pensándolo bien, ¿cuál sería la razón del egoísmo si esto sólo me generará egoísmo también? 
Incrementaría el amor y la solidaridad porque ambos actos engendrarían sentimientos nobles hacia mí. 
 
Lo que muchos desconocemos  es que al regalar algo, en realidad nos estamos haciendo regalos a nosotros mismos, porque: "creamos un flujo de energía circular en nuestra vida, es decir, todo lo que invirtamos en el mundo y en las personas  volverá hacia nosotros con creces”.
 
La llave para no escatimar en dar amor, empatía, amistad, sonrisa, alegría es ésa, ser conscientes de que: "recibiré lo que daré”.
 
Cada día puedo levantarme con una pequeña misión de dar algo de mi al mundo para ver lo que recibo a corto o largo plazo. Así como un cheque puede tardar en llegar, pero cuando lo hace nos alegra la vida, lo mismo sucede con las energías que damos, lo importante es no perder la confianza en el universo. 
 
Podré decirme a mí mismo, "hoy quiero recibir sonrisas, entonces sonreiré a todas las personas con las que me encuentre”. Solo probando y teniendo una actitud positiva hacia la vida es que comprobaremos cuán circulares son las energías. 
 
Para ello, la actitud positiva es importante. Las personas tristes o deprimidas difícilmente podrán brindarnos alegría, por lo tanto difícilmente cosecharán para ellas mismas alegría. Por ello   es imprescindible tener una actitud de abundancia hacia la vida para crecer física y espiritualmente, una actitud de escasez, de vacío, de conformismo, solo nos limitará. 
 
La actitud de abundancia puede asemejarse a un sembrador que disemina sus semillas. Aunque no hay certezas, hay esperanzas porque su cosecha sea buena, puesto que ha escogido bien sus semillas. Al final de la temporada solo cosechará aquello que ha sembrado. Con nosotros pasa lo mismo. 
 
Ahora bien, debemos aprender a escoger las semillas que queremos sembrar. Aprender a preguntarnos qué
queremos cosechar en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nosotros mismos: amor, tolerancia, aceptación, ayuda, comprensión, compañerismo, respeto, confianza, oportunidades, cariño. Las semillas son diversas y abundantes, nos toca escoger.  Solo así estaremos seguros, o al menos tendremos la esperanza de que lo que recojamos de los demás será bueno para nosotros mismos.
 
Más información en: http://duendedelaciudad.com/  

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