Apuntes

El Tatío es uno de los géisers más altos y más grandes del mundo

El Tatío, horno en quechua, cuenta con cerca de 80 géisers activos, convirtiéndolo en el mayor del hemisferio sur y el tercero mayor del mundo por detrás del de Yellowstone, en EEUU.
domingo, 19 de junio de 2016 · 00:00
AFP Atacama, Chile
 
La visita empieza al alba para contemplar las fumarolas en todo su esplendor provocadas por el frío de la noche. Desde sus 4.320 metros en el desierto de Atacama, El Tatío es uno de los géisers más altos y más grandes del mundo. 
 
Este destino turístico por excelencia en el norte de Chile es una caldera en permanente ebullición rodeada de cadenas de volcanes que calientan sus aguas atrapadas en el subsuelo de la planicie. Las columnas de humo, de hasta diez metros, que hacen tan especial y hasta místico el lugar, desaparecen a medida que el sol altiplánico aprieta. 
 
Parece un campo de chimeneas, por las que se oye y se ve brotar el agua a temperaturas de 84 grados, suficiente como para causar quemaduras mortales a quien desafíe las estrictas medidas de seguridad que rodean las frágiles formaciones de sílice acumulado en torno a los orificios por los que se hace camino el agua hirviendo. 
 
Cuatro personas han muerto al caer en alguno de ellos. El Tatío, horno en quechua, cuenta con cerca de 80 géisers activos, convirtiéndolo en el mayor del hemisferio sur y el tercero mayor del mundo por detrás del de Yellowstone en Estados Unidos y el Valle de los Géisers, en la península rusa de Kamchatka.
 
En invierno, las temperaturas en esta zona desolada pero de una belleza indescriptible por las siluetas de decenas de volcanes  pueden oscilar hasta 40 grados entre el día y la noche (-20º C de mínima y 20º de máxima), explica a la AFP la guía turística María de los Ángeles Rivera. En verano la diferencia se acorta a 25 grados (-7º en la noche), haciendo las condiciones de vida en este desolado desierto realmente extremas, sólo propicias para algún que otro burro salvaje, las vicuñas y las vizcachas, unos roedores un poco más pequeños que las libres. 
 
Por eso, la mejor manera de visitar los géisers es al alba, cuando el contraste del agua caliente con el aire frío activa las columnas de vapor, sugiere la guía. También se puede entrar en calor dándose un baño en la piscina natural con el agua a unos 40° que se ha ido formando por la erosión y el desgaste que sufren los géisers. 
 
"Unos nacen y otros van muriendo”, aunque en la planicie siempre "tienen la misma actividad”, dice la guía. 
 
Hubo varios intentos de explotar esta fuente de energía geotérmica, pero la dificultad que generan la altura y las condiciones extremas que presenta el desierto más árido del mundo, junto a la oposición de ambientalistas y sobre todo de las comunidades indígenas que habitan este lugar desde hace miles de años y que gestionan el turismo en la zona de manera sustentable, han preservado los géisers para disfrute y deleite de los visitantes. 
 
El último intento se produjo durante el gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014), pero la perforación de un orificio para la explotación del agua caliente casi destruye el campo de géisers, lo que le valió a la empresa explotadora una denuncia y una multa de la Comisión de Medioambiente de Chile, obligando a poner fin al proyecto, explica Rivera. El Tatio no es el géiser más alto. Al otro lado de la cadena de montañas que constituyen Los Andes hay otro campo geotérmico más pequeño, pero que se sitúa en torno a los 5.000 metros de altura.

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