Todos los niños están en riesgo

domingo, 26 de junio de 2016 · 00:00
Al reflexionar sobre todos los niños que conocí en mi recorrido de los programas de Espiritualidad para Niños en Colombia y Perú, me sorprendió cómo todos, desde los más pobres hasta los más ricos, enfrentan retos internos similares. Sí, la vida de un niño pobre podría parecer muy distinta de la vida de un niño rico, pero en esencia todos ellos son vulnerables a los mismos riesgos y comparten las mismas necesidades básicas. 

Veo tres riesgos principales encarando a nuestros niños hoy en día. Ser conscientes de estos riesgos puede ayudarnos a replantear la manera en que interactuamos con nuestros hijos. 

1. El riesgo de asociar el poder con negatividad

A través de los medios de comunicación y/o la vida real, los niños actualmente están presenciando violencia de pandillas y armas, bullying, corrupción política y corporativa, terrorismo, guerras, etc. La negatividad atrae toda la atención, y pareciera que ser poderoso y fuerte va de la mano con ser "malo”.
Cuando miré a los ojos de niños de ocho años en Lima, todo lo que vi fue Luz pura. Entonces pensé: "¿Cuándo es que esta Luz es cubierta por miedo, enojo y desconfianza? ¿Y cómo podemos prevenirlo?”. 
Como padres, necesitamos preguntarnos: ¿Les estamos mostrando a nuestros hijos una mejor alternativa? ¿Creemos que nuestra Luz es más poderosa que nuestro Oponente? ¿Estamos ayudando a nuestros hijos a reconocer su poder con amor y bondad? 

2. El riesgo de no saber cómo manejar sus emociones

¿Cuántas veces les decimos a nuestros hijos que dejen de pegar, de provocar, de hacer trampa? Nos enfocamos en corregir la conducta de nuestros niños, ¿pero qué herramientas les estamos dando para tener éxito en el manejo de sus emociones? 
Todos tenemos emociones negativas y reactivas en ocasiones. Esos sentimientos son válidos e incluso necesarios. Pero el poder real consiste en detenernos antes de actuar, y poder controlar nuestro siguiente movimiento. 
Todos los niños deben aprender la diferencia entre un sentimiento reactivo y una conducta reactiva, con la adición de una mano de ayuda, no de castigo,  y adquirir la fuerza para resistir. 

3. El riesgo de no ser capaces de vencer los retos

Como padres es muy duro ver sufrir a nuestros hijos, por ello constantemente intentamos protegerlos de los retos. Hacer esto genera el mismo efecto que cuando tenemos fiebre y tomamos un reductor de fiebre: nuestro cuerpo deja de combatirla. Les quitamos a nuestros hijos la necesidad de luchar y la habilidad de vencer.
¿Y qué ocurre con los niños que ven a sus padres enfrentar sus retos con violencia, drogas, alcohol o depresión? ¿Se les está mostrando cómo ver los retos como oportunidades?
Hay muchos pasos que como adultos podemos dar para ayudar a nuestros hijos, y hemos explorado varios en blogs anteriores. Pero el primer paso es estar conscientes de estos riesgos la próxima vez que interactuemos con nuestros hijos en casa o en el salón de clases. El mayor riesgo de todos es cuando no damos un paso adelante para ser su ejemplo para seguir.

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