Cine

Angry Birds, la película, esto ya no es un juego, es peor

domingo, 5 de junio de 2016 · 00:00
Mikel Zorrilla
 
Me he cansado ya de tanto leer o decir yo mismo que el séptimo arte ha demostrado hasta una capacidad muy pobre para sacar adelante películas interesantes basadas en videojuegos. 
 
Hay alguna con detalles interesantes y unas pocas que te queda el consuelo de ser relativamente entretenidas, pero lo habitual es que la gran duda sea hasta qué punto nos han hecho perder el tiempo con propuestas de ninguno o muy poco interés.

Por mi parte, no me cuesta nada reconocer que fui una de las millones de personas que se enganchó a la saga de Rovio, pero apenas aguanté unos meses antes de dejarlo de lado, mientras que con otras franquicias comparables, aún hoy sigo jugando. Ese agotamiento hizo que ya hubiera perdido bastante interés para cuando se anunció su adaptación cinematográfica.
 
Lo primero que me gustaría puntualizar es que los 80 millones de dólares que Sony y Rovio se han gastado en hacer la película lucen por encima de lo que uno esperaría, ya que es cierto que el cine animado está alcanzando niveles cada vez más asombrosos, pero lo hace con presupuestos que superan holgadamente los 100 millones de dólares, y llegando incluso a rozar los 200 en otros casos…
 
Sí que es verdad que   lo vistosa que resulta se debe más a su dinamismo que a la gran definición de cada uno de sus elementos, pero es que es algo que encaja con el toque frenético que tiene Angry Birds, la película, por momentos incluso coqueteando con un estilo más físico, con ecos de Looney Tunes, que le habría venido de fábula si explorase a fondo en lugar de plantearlo y luego dejarlo solamente para detalles de fondo que oscilan entre lo efectivo y, sobre todo, lo totalmente fuera de lugar.
 
Esto último es algo que también se aplica a lo que es la película en sí misma, pues de entrada plantea un escenario con algún detalle simpático que hace pensar que  al menos te va a dejar la sensación de no haber perdido tu tiempo. El problema es que no hace nada para realmente llegar a conquistarte para que así te dejes llevar con "alegría” y pases por alto todas las libertades que se toma con notable rapidez -tanto a nivel de personajes como de historia-, llegando incluso a volver irritante y/o aburrida en función del momento.
 
Ahí algo ayuda la combinación entre personalidades superficiales con secundarios que pretenden ser graciosos sin conseguirlo. Con todo, he de reconocer que me sorprendió el buen trabajo de Álex de la Iglesia, que hasta ahora sólo recordaba que hubiera hecho una breve participación en la genial Los increíbles.
 
Por lo demás, Clay Kaytis y Fergal Reilly, los directores, al menos intentan dar a Angry Birds... del mayor dinamismo posible para hacerlo todo más digerible. Sería injusto no reconocerles el mérito y también que quizá eso haga que sea mejor recibida por el público infantil, algo a lo que también ayuda que los pájaros estén ideados para llegar a targets diferentes, pero para el resto veo más probable que acabe viendo en ella una simple chorrada que se agota mucho antes de llegar al final.
 
En definitiva, Angry Birds...  es vistosa y durante sus primeros minutos tiene alguna ocurrencia simpática, pero no tarda en convertirse en una aventura sosa y sin chispa que se agota con rapidez. Apoderándome de su eslogan promocional, esto ya no es un juego, es peor, así que si quieren ir al cine les  recomendaría darle antes una oportunidad a la estupenda Espías desde el cielo, y si tienen pasión por  estos pájaros, pues jueguen otra partida, que seguro que la disfrutarán más.

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