¿Luchar por amor?

domingo, 17 de julio de 2016 · 00:00
 
Bitia Vargas La Paz

 Cuántas veces hemos escuchado en las películas, en las novelas y en los cuentos que los verdaderos amantes luchan por su amor, situaciones que  han motivado  a escritores y directores de cine a plantearnos miles de posibilidades: desde batallas contra dragones que escupen fuego para salvar a la amada, hasta situaciones realmente imposibles en las que al final el amor, de alguna u otra forma, triunfa.

Románticamente hablando suena fantástico que el amor, para ser amor, precise de esa clase de peleas contra el destino. Pero el amor no es una concepción romántica que deba florecer a partir de ir contra el universo. El amor en su más pura esencia no tiene nada que ver con el sufrimiento. El sufrimiento es la consecuencia de considerar a la persona que se ama como un objeto de nuestra propiedad, alguien imprescindible para que podamos ser felices, y de eso no se trata el amor. 

Aunque suene ilógico, el amor es dejar ir, y es en ese sentido que el amor no necesita que luchemos por él. 
¿Luchar por amor? ¿Por qué? ¿Luchar por la persona que amamos? ¿Por qué?

Hay una certeza absoluta, y es que por encima de nosotros hay una Sabiduría Divina que lo permite todo, siempre y cuando ese todo deba ser para nosotros, incluidas las personas que por alguna razón tienen que quedarse en nuestras vidas o irse.

Sucede que con tanto bombardeo sobre el amor romántico, el amor que lucha, el amor que vence, terminamos convenciéndonos que tenemos que luchar contra todas las cosas por mantener una relación de pareja, aunque ésta muestre claras señales de "no dar más”, llegando a encapricharnos de tal manera, que sin querer truncamos lo que verdaderamente la vida nos depara. Obviamente en el transcurso de esa relación nos damos cuenta de ello, cuando ésta no funciona.  

Las cosas tienen que fluir de manera natural, sin aquellas grandes trabas que empiecen a ser fuente de sufrimiento. Debemos llegar a madurar emocionalmente, lo suficiente para entender que las personas que se van es porque así debía ser, sin olvidar que si se cruzaron en nuestro camino fue porque debían enseñarnos algo. 
La vida nos enseña que todo cambia y nada permanece igual, y que al aferrarnos a circunstancias o encapricharnos con personas no hacemos más que cortar el flujo que permite la existencia. 

Toda traba, toda dificultad, toda distancia, todo problema que se llegue a generar en nuestra relación o en nuestra vida tiene por principio un significado. Toda adversidad tiene un significado. 

A veces solo esas situaciones nos hacen entender que hay cosas que tenemos que cambiar para que el camino vuelva a ser "expedito”, sin obstáculos que nos frenen el andar.  Y a veces esas situaciones nos hacen entender que hay cosas que debemos liberar y dejar ir porque de seguro hay algo mejor esperándonos.
La vida está llena de señales, lo único que debemos hacer es leerlas. 

Luchar por amor en realidad encubre el capricho por aquello que pensamos es amor. Al encapricharnos nos cegamos, no vemos más allá de nuestro capricho, no entendemos que hay cosas que simplemente no tienen que ser y malgastamos el tiempo en algo que no es para nosotros. 

Es como escoger el camino hacia el dragón, puede que sea un acto heroico pero lo seguro es que no saldremos de ese camino sin ser lastimados. 

Hay otro tipo de valentía cuando hablamos de amor: la de liberar,  la de suprimir nuestro egoísmo por el bienestar del otro. Así sintamos se nos va la vida sin esa persona la liberamos porque estamos conscientes que juntos ninguno crecerá. 

El amor valiente es de los padres que liberan a sus hijos para dejarlos crecer. Aunque son dolorosas las separaciones, no hay amor más noble y más perfecto que aquel que genera libertad.

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