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Lo bueno, lo malo y lo feo de la transición energética alemana

Esta nación europea es la tercera potencia mundial en energías renovables –excluida la hidroelectricidad-, con la tercera posición en eoloenergía (viento) y biodiesel y la quinta en geotermia.
domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00
Emilio Godoy /Colonia, Alemania, especial para Miradas

Immerath, a unos 90 kilómetros de la ciudad alemana de Colonia, se volvió un pueblo fantasma. La campana de la iglesia local ya no tañe ni se ven niños en bicicleta por sus calles. Sus antiguos residentes se llevaron, incluso, a sus muertos del cementerio.

Debido a la expansión de Garzweiler, una mina de lignito a cielo abierto, los sobrevivientes han sido reubicados en Nuevo Immerath, a unos cuantos kilómetros de la localización del pueblo original, en Renania del Norte-Westfalia, del que Colonia es su capital.

La suerte de la pequeña localidad, que en 2015 tenía unos 70 habitantes, es el retrato de los avances, retrocesos y contradicciones de la transición energética alemana, tan alabada en el mundo.

Alemania cuenta desde 2011 con una política integral de transición energética, respaldada por un amplio consenso político, destinada a avanzar hacia una economía de bajo carbono, que fomentó la generación y consumo de energía alternativa.

Pero la transición no ha facilitado, hasta ahora, que el país se libere de la industria del carbón y el lignito o carbón suave, un fósil altamente contaminante.

"Las fases iniciales de la transición energética han sido hasta ahora exitosas, con fuerte crecimiento de las renovables, amplio respaldo social para la idea de la transición y metas de mediano y largo plazo importantes por parte del Gobierno”, dijo a IPS la analista Sascha Samadi, del no gubernamental Instituto Wuppertal, dedicado a estudios sobre transformación energética.

La generación renovable aportó 30% de toda la electricidad alemana en 2015, mientras que el lignito representó 24%, el carbón 18, la nuclear 14 y  el gas 8,8%.

Esta nación europea es la tercera potencia mundial en energías renovables -excluida la hidroelectricidad-, con la tercera posición en eoloenergía (viento) y biodiesel y la quinta en geotermia.

Además, se ha hecho famosa por tener la mayor capacidad por habitante en energía fotovoltaica (solar), pese a que su clima no sea el más propicio para ello.

Pero la persistencia de fuentes fósiles ensombrece esa verde matriz energética.

"El retiro de combustibles fósiles tiene que ser muy bien planeado y organizado. Si no promovemos las renovables, tendremos que importar energía en algún momento”, dijo a IPS el ministro para la Protección Climática y el Ambiente de Renania del Norte-Westfalia, Johannes Remmel.

Alemania tiene nueve minas de lignito que funcionan en tres regiones;  emplean a unas 16.000 personas y generan 170 millones de toneladas anuales y sus reservas superan los 3.000 millones. China, Grecia y Polonia son otros grandes productores mundiales del mineral.

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