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La cerveza comenzará a fluir por cañerías en la ciudad belga de Brujas

domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00
Agencias Bruselas

Si abrir el grifo y que salga cerveza es un sueño para mucha gente, casi se ha hecho realidad con las cañerías de cerveza de la ciudad de Brujas, en Bélgica.

Parece una idea nacida de la mente de un universitario con muchas ganas de juerga, pero se trata de un  emprendimiento de la muy popular cerveza artesanal  Brugse Zot (Loco por Brujas).

Con la ayuda de una campaña de micromecenazgo, así como unos 400 aficionados de la marca, el sueño de construir una tubería para cerveza en la ciudad belga de Brujas se está haciendo realidad.

"Hay que estar un poco loco, como la cerveza, para un proyecto así. Simplemente tenía el dinero para ello y me gustaba. De modo que me volví loco y lo doné a la cervecera”, comentó Philippe Le Loup, propietario de un restaurante local y que dio unos 11.000 dólares para la tubería.

Al cervecero Xavier Vanneste se le ocurrió hace cuatro años llevar la cerveza desde su fábrica en Brujas hasta una planta embotelladora a las afueras de la ciudad por una tubería, en lugar de tener cientos de camiones cruzando las calles adoquinadas de la ciudad medieval, protegida por la Unesco. Brujas tiene, además, uno de los tráficos más conflictivos de Europa.

Vanneste dirige la cervecería De Halve Maan, que tuvo que plantearse la expansión gracias a la popularidad de su marca. Un día vio  a unos trabajadores instalando cables subterráneos en las calles, y pensó: "¿Por qué no hacer cañerías de cerveza?”.  A los vecinos de la zona y aficionados a la cerveza les entusiasmó la idea,  tanto que comenzaron a bromear acerca de invertir su propio dinero con la intención de colocar un grifo en la tubería y así poder acceder a la bebida siempre que quisieran desde sus casas.

Las bromas no tardaron en aparecer, y la gente decía "estamos dispuestos a invertir mientras tengamos un grifo en la tubería”, comentó Vanneste. "Eso nos dio la idea de financiar el proyecto mediante aportes para hacerlo posible”, agregó. 

Gracias a Le Loup y otros voluntarios,  el empresario asistió a la inauguración de la tubería, que a partir del próximo otoño transportará unos 4.000 litros de cerveza por hora hacia la planta embotelladora, situada a unos tres kilómetros de distancia en una zona industrial.

Llenar la tubería de grifos para que se sirvieran los clientes sin salir de casa era demasiado utópico incluso para Vanneste, que en cambio propuso una garantía de bebida para los patrocinadores.

"Tenemos varias fórmulas: bronce, plata y oro, dijo. "Si uno pone, por ejemplo 8.350 dólares, recibirá durante el resto de su vida, todos los días, una botella de Brugse Zot”.

La oferta fue difícil de rechazar, y un  10% de la inversión para la tubería se ha financiado con micromecenazgo.
El proyecto tardó tres años, una ardua tarea de conseguir  los permisos  y convencer a las autoridades de que es positivo para la ciudad.

Ahora, el cervecero espera tener lo mejor de dos mundos: una fábrica de cerveza histórica en el sitio donde debe estar y una forma de transportar su producto a la embotelladora que respeta el medioambiente y le permite seguir creciendo.

 


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