Ad Libitum

Hablar de sexo con los hijos

domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00

Guery Zabala Gumucio

 

Me llama mucho la atención cuando papás y mamás   me visitan, me llama o escriben preguntando ¿qué debe saber un niño y/o adolescente sobre el sexo y sexualidad? ¿Debe hablarse espontáneamente sobre la sexualidad o esperar que nos pregunten? ¿Puede la información adelantar las  relaciones sexuales?  ¿Debe abordarse  la educación sexual o dejarla a cargo del colegio?

Somos seres sexuados de nacimiento a muerte, y no tenemos una sexualidad sólo una etapa de nuestra vida, por lo que se debe desechar la idea de que la sexualidad es necesariamente para, o del  adulto. 

Los propósitos que orientan la educación sexual no se limitan a la adquisición de conocimientos acordes a la etapa del desarrollo de los niños y jóvenes, sino que  permiten revisar los aspectos  socioculturales vinculados a la sexualidad en nuestra cultura, elaborar la propia identidad y reconocer al otro con tanto valor y respeto como a uno mismo. 

Si resulta tan difícil hablar de esto en familia quizá sea porque se trata de una situación nueva, que tiene que ver con algo íntimo y que los padres  pueden sentirlo como potencialmente peligroso. La sexualidad está presente desde el comienzo de la vida, aunque la sexualidad infantil será muy distinta en cada fase de la vida.

Se trata  de facilitar información que cubra los aspectos biológicos, fisiológicos, psicológicos y sociales relativos al comportamiento sexual, y que en función de la edad y de los conocimientos disponibles sea más adecuada. El objetivo no es saberlo  ni enseñarlo todo, sino que se debe brindar información que pueda ser conveniente y asimilada. Para ello, es fundamental conocer las posibles ideas, producto de la falta de información, que pueden haberse adquirido respecto a cuestiones sexuales relevantes.

Estimular y acompañar  el proceso de toma de decisiones sexuales y reproductivas implica para el mundo adulto y sus instituciones reconocer efectivamente que los   adolescentes son seres sexuales, y que tienen derechos en este campo. Es también reconocer que tienen necesidades y demandas específicas, y que es responsabilidad del mundo adulto y sus instituciones  generar las condiciones para que éstas puedan encontrar respuestas. 

Facilitar información sobre determinados temas no debe entenderse como un estímulo a su uso. Algunas personas creen que el dar información sobre algunos tópicos o sobre los distintos sistemas de anticoncepción es facilitar y estimular el inicio de las relaciones sexuales.

 La información debe proporcionarse de acuerdo con la edad, sin olvidar que los canales de información no formales no dejan de operar porque uno lo desee, cubriendo las más de las veces de forma menos adecuada la información que se precisa. Se debe contestar a las preguntas directas o indirectas,  naturalmente, ajustando la respuesta a la comprensión de quien la formula.

La única forma de conferir a lo sexual el valor que realmente tiene es no distinguirlo de otros aspectos de la persona. El abordaje de estos temas en un diálogo abierto, con naturalidad, es la mejor garantía de una adecuada información. 

Algunas sugerencias:

Lenguaje técnico y coloquial pueden coexistir si se pretende una educación adecuada. Hablar de coito y de "hacer el amor” o de otros términos, para referirse a la misma actividad, es válido  en función de las situaciones y de los momentos, sin que signifique actitudes o comportamientos distintos en función del rótulo verbal. 

 Centrarse en los aspectos positivos de la sexualidad; hacer hincapié en la fuente de satisfacción, placer y capacidad de comunicación que se puede lograr en esta faceta de la persona. 

Señalar que el crecimiento y desarrollo personal en este terreno supone una parte importante de la vida, posibilitar y explotar una fuente de satisfacción y de placer. 

 La vivencia de la sexualidad es un ejercicio de respeto hacia uno  mismo  y hacia la otra persona. 
Educar en la aceptación y normalidad de las formas de vivir la sexualidad, referidas a las opciones sexuales.
 Aceptar los temas sexuales con naturalidad.

 Aceptar la sexualidad como una parte más del desarrollo.

 No temer a la posibilidad de no saber  qué o cómo responder a una pregunta sobre cuestiones sexuales. Actúe del mismo modo, como lo haría con otro tema.

Contestar a las preguntas sexuales, sin esperar "el mejor momento”.


 

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