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El bazar del ciberdelito

El número de ciberdelitos perpetrados en el mundo va en aumento. Entre los más habituales figuran las estafas, el fraude en el comercio y la banca electrónica, y la usurpación de identidad. Otros son más sorprendentes aún.
domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00
Ricardo Segura

 P irateo de personas a distancia, copias no autorizadas impresas en 3D,  delincuencia virtual en videojuegos...  Son algunos de los ciberdelitos del futuro descritos por  el criminólogo Christian Moreno, profesor y colaborador del Máster Universitario en Criminología de la Universidad Internacional de Valencia (España), VIU . 

Moreno ha elaborado el informe Una mirada al presente y al futuro de los ciberdelitos  en el que hace una fotografía de la cibercriminalidad actual en Latinoamérica y Europa, y  analiza ejemplos de la delincuencia en la red del mañana.

"El número de ciberdelitos perpetrados en todo el mundo va en aumento” señala Moreno, en referencia a lo que también se conoce como cibercrimen o ciberdelicuencia, e incluye aquellas actividades que quebrantan la ley y se efectúan a través de internet con ordenadores o sistemas informáticos y electrónicos de todo tipo.  

En América Latina son más comunes los cibercrímenes relacionados con el fraude en el comercio y la banca electrónica, la estafa, los fraudes, la extorsión y la usurpación de identidad, según este informe.

Este experto señala varios aspectos que favorecen la ciberdelincuencia: "la desaparición de fronteras, la irrisoria relación entre coste-beneficio al cometer un ciberdelito, el anonimato, y la hiperconectividad, ya que en breve habrá más objetos de nuestra vida cotidiana que personas conectadas y todo lo conectado es potencialmente hackeable”.

Al igual que en una tienda donde hay productos muy variados, en el "bazar delictivo” del futuro habrá una gran variedad de canales y formas de delinquir, según este experto en criminología. 

INTERNET QUE NO VEMOS

El informe explica que  el  "internet profundo” abarca todos aquellos recursos que están en línea y que los motores de búsqueda convencionales no pueden indexar ya que sólo muestran el 0,003 de todos los recursos que hay en la red, "tanto es así, que este canal es 500 veces más grande que la red superficial a los que accedemos de forma habitual”. 

Según Moreno, este canal, aunque puede tener aplicaciones totalmente lícitas "se está convirtiendo en una herramienta de acceso a espacio para delincuentes donde existen verdaderos supermercados de delincuencia online, con material y servicios ilegales y fraudulentos, desde drogas hasta productos de lujo robados, falsificaciones o asesinos a sueldo”.

  "El internet de las cosas -la interconexión digital de los objetos cotidianos entre sí y de éstos con un sujeto- ha llegado para quedarse”, dice Moreno, quien agrega que el despertador de la casa pondrá en marcha las persianas, ventanas, la cafetera, un canal de noticias e información de tráfico y una agenda electrónica, cuando suene en  las mañanas.   

"Aunque esto nos da muchas comodidades, también abre la puerta a nuevos delitos”, según este criminólogo.
También explica que en breve "todos los objetos llevarán asignada una IP (número que identifica un dispositivo en una red) y todo se podrá controlar desde un mismo dispositivo, pero esto,  a la vez, nos hace más vulnerables porque un ciberdelincuente puede tomar el control de todo lo que nos rodea accediendo ilegalmente a los sistemas o redes ajenos”.

PIRATEO DE PERSONAS

Cuando caminemos por la ciudad con unas gafas, reloj o teléfono inteligentes, y cualquiera de estos objetos quede bajo control ajeno, el ciberdelincuente podrá activar la cámara para observar qué vemos, el GPS para saber dónde estamos y el micrófono para escuchar lo que decimos. También podrá tener acceso a la información almacenada en estos aparatos, según el informe de la VIU. 

"Estamos frente a otra puerta a nuevos delitos ya que, si bien los dispositivos son los que realmente han sido pirateados, las personas que los llevan también estarían siendo pirateadas indirectamente”, según Moreno.

"En ocasiones, en espacios como los videojuegos, la línea entre lo real y lo virtual es prácticamente borrosa, y es donde se va a crear un caldo de cultivo propicio para el auge de nuevos tipos de delincuencia”. 

Su informe analiza el mundo de los juegos online y concluye que "muchos jóvenes contemplan el mundo del juego como su primera vida y principal lugar de residencia, y su mundo real como algo secundario. Un mundo donde se radicalizan y donde es posible perpetrar todos aquellos delitos que no pueden tener lugar en la vida real”.

"Hay que tener en cuenta que estos mundos virtuales cuentan con sus propias monedas que, igual que los bitcoins o mercadeando con ellas, pueden convertirse en ‘dinero real’; así pues,  demos la bienvenida a los nuevos delitos contra el patrimonio”, explica.

DELITOS IMPRIMIBLES EN 3D

Según Moreno, ya están al alcance de todos las impresoras en 3D como Cube,  que permiten imprimir cualquier objeto de plástico en minutos, y  en la red existen diseños y tutoriales para utilizarlas sin ningún tipo de problema.

Respecto de los que denomina "delitos imprimibles”, el estudio de Moreno señala que la posibilidad de imprimir en tres dimensiones nos permite crear cualquier objeto, un ámbito donde hay que tener en cuenta los delitos contra la propiedad intelectual (ya que se puede copiar todo), y la facilidad con la que se puede crear armas o cualquier otro tipo de material. 

Moreno recuerda que en 2013 ya se creó el primer arma impresa en 3D y preparada para disparar, "lo que vislumbra un mercado muy difícil de controlar y abre la posibilidad de que, en cualquier lugar del mundo, puede haber alguien imprimiendo un revólver”.

 "Aunque los países grandes como Chile, Argentina, Ecuador o Colombia tienen un nivel medio de seguridad, aún se encuentran lejos de EEUU y Canadá”, según el criminólogo Christian Moreno.

El experto recalca, sin embargo, que estos países empiezan ahora a poner medidas efectivas legislativas, procesales y policiales para combatir el cibercrimen y que, en general, se ha avanzado mucho en este terreno durante los últimos años en la región.

La tipología de los ciberdelitos cometidos es, más o menos la misma, tanto en América Latina como en la América anglosajona, y también el modus operandi a la hora de llevarlos a cabo, según este experto.

Moreno expresa su gran preocupación por el hecho de que, sobre todo los países más pequeños de Latinoamérica que no tienen tantos recursos y realizan una menor inversión en ciberseguridad, lleguen a tener unos sistemas más vulnerables, que puedan ser raptados y utilizados para cometer delitos contra Norteamérica.

"Podemos afirmar que algunas redes y sistemas de Latinoamérica se utilizan como armas para atacar a las otras redes norteamericanas”, señala.

"Colombia, Brasil y México son los países de Latinoamérica más vulnerables al ciberdelito ya que allí siete de cada 10 ciudadanos han  sufrido algún delito o ataque relacionado con las nuevas tecnologías”, según Moreno.
El informe del experto en Criminología y profesor de la VIU, también recoge otras conclusiones: 

Brasil es el país latinoamericano más vulnerable en cuanto a ciberdelincuencia y las pérdidas económicas derivadas de este tipo de delitos alcanzan los 8.000 millones de dólares al año.

México es el segundo país de Latinoamérica más vulnerable a la ciberdelincuencia y las pérdidas económicas derivadas de este tipo de delitos alcanzan anualmente los 3.000 millones de dólares. 

En Colombia los cibercrímenes causan unas pérdidas económicas calculadas en  500 millones de dólares anuales, aunque es, junto con Chile, el país latinoamericano que más esfuerzos dedica a luchar contra estos delitos. 

Según Kapersky Lab, el 72% de los servidores vulnerados por pishing (envío de mensajes electrónicos con falsos remitentes para recabar datos bancarios) en Ecuador pertenecen al sector público y, entre enero y agosto de 2015, se denunciaron 1.026 ciberdelitos.

  Roberto Martínez, experto de esa misma empresa, indica que Perú ocupa el cuarto lugar en la región en ataques por malware (infectar una computadora a través de un software para robar su información), aunque desde el Gobierno trabajan en la elaboración de una estrategia o política nacional oficial de seguridad cibernética. 

 
 
 

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