Tendencias

De la iniciativa a los hechos

Debemos aprender a conocer y reconocer cada paso de la voluntad hacia el hecho visible.
domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00
 
 Bitia Vargas 

 La Paz

Cuando hablamos sobre la iniciativa, nos referimos a "hacer algo”, muchas veces nuevo  para nosotros mismos, que nace de nuestra voluntad y de una intención consciente por mejorar algo en nuestras vidas, ya sea en el aspecto personal, laboral o comunitario, aunque todavía esta intención no esté del todo clara y lista para ser operativa.  

Algunos autores identifican dos tipos de iniciativas: las rutinarias, que se refieren a las actividades ya conocidas, como tener la iniciativa sencilla de  lavar los platos para ayudar a nuestra madre, o tener la iniciativa compleja de empezar  un huerto comunitario. 

Y las iniciativas creativas, cuya finalidad es generar cambios que en algún punto pueden desarrollar resistencia por parte de los otros, quienes consideran innecesario hacer las cosas de manera diferente. Por  tal motivo, este tipo de iniciativas necesita que las personas tengan fortaleza, perseverancia y, sobre todo, paciencia. 
Las iniciativas creativas de la mano de personas perseverantes son las que a lo largo de nuestra historia  han generado los más importantes cambios para la humanidad.

Sin embargo, sin importar si nuestras iniciativas son sencillas o creativas, ambas son expresiones de la voluntad humana, que nos conducen a servir, a mejorar algo o cambiarlo. 

Dado que la voluntad es algo muy propio de cada persona, las fases de la iniciativa o de la  voluntad (que es el motor de la primera) son invisibles para los demás, excepto para la persona que emprende la iniciativa. Por eso es de vital importancia que aprendamos a conocer y reconocer cada paso de la voluntad hacia el hecho visible, y de esta manera tener claro en qué paso estamos y cuál es el próximo que nos conducirá finalmente a  consumar aquello que anhelamos. 

El primer paso es la intención, cuyo sinónimo es el deseo. Deseo por hacer algo para cambiar alguna cosa. En este punto, es necesario empezar a clarificar qué es aquello que queremos lograr o cambiar: por ejemplo, "ganar más dinero”,  y a partir de tener exactitud en ello, pasamos al segundo paso que es el propósito, que nos vendría a dar la dirección de la iniciativa: "ganar más para mejorar mi calidad de vida familiar, para ello debo conseguir un segundo trabajo o invertir más tiempo en el primero”. 

Después pasamos a elaborar un plan concreto, en el cual hacemos énfasis en todas las acciones y recursos necesarios para lograr nuestro propósito. 

Es recomendable que pongamos en papel, de forma tangible, nuestro plan concreto para que tengamos un recordatorio de todo lo que tenemos que hacer y de esta manera no obviemos nada del mismo. Esta acción puede resultar tediosa y tomarnos tiempo, pero una vez que se vuelve un hábito nos lleva a ser disciplinados y efectivos cuando se trata de lograr nuestras metas. 

Luego pasamos al cuarto paso, que es el compromiso, que nos lleva a ser determinados y no desfallecer aunque las cosas parezcan lentas. Nos lleva además a tener confianza, sobre todo en Dios, en el universo y en nosotros mismos, porque tenemos la certeza de que "obtendremos” todo lo necesario para lograr nuestro objetivo. 

El quinto paso trata del permiso para sacar adelante nuestra iniciativa. Este permiso puede ser externo: nuestros jefes, el gobierno,  y puede ser interno, es decir darnos paso para continuar, darnos tiempo necesario que invertir, darle la dedicación que necesita para crecer, para hacerse real. 

Para ello es importante reconocer el tiempo oportuno, que  puede  estar en relación, una vez más, a agentes externos o a agentes internos, sobre todo cuando hablamos de inversión de nuestro tiempo. Quizá en el momento en el cual queremos generar algún cambio, estemos muy atareados con nuestro trabajo o con nuestra familia, por lo tanto, no le llegaremos a dedicar tiempo de calidad al emprendimiento. 

Finalmente, llegamos al último paso que es el de la realización en el mundo del ser, es decir lo que antes eran solo pasos o planes, llega a hacerse visible y a consolidarse, dándonos la alegría de haber hecho bien el trabajo, o como algunos dirían "labor cumplida”, que, por supuesto, nos dará una enorme satisfacción personal.   

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