Satanismo: ¿una nueva forma de vida?

Los sociólogos mencionan diferentes tipologías de satanismo; el autor analiza y describe tres: el satanismo de adolescentes, el satanismo ácido y el satanismo racionalista.
domingo, 3 de julio de 2016 · 00:00
Iván Olaizola / Cochabamba

" Ni hombres ni ángeles pueden discernir la hipocresía, vicio invisible en cielo y tierra, excepto para Dios que lo consiente”, John Milton, El Paraíso Perdido. No existe un dato oficial que asegure la cantidad de religiones que existen o existieron en el mundo, ya que probablemente muchas de ellas estén muertas. Diversas fuentes estiman una cifra de 4.200 religiones. Entre las populares en Occidente y Oriente están  el cristianismo, el islamismo y el judaísmo.

Las religiones mencionadas comparten ciertas características, como la creencia en un ser divino, todo poderoso y supremo, creador del cielo y la tierra, representante del bien. Algunos lo llaman Jehová, otros Alá o simplemente Dios. Por otro lado está su contraparte, el amo del infierno y representante del mal, el demonio conocido como Shaitán o Satanás.

Durante gran parte en la historia de la humanidad, las personas han temido al infierno y a Satanás. Los católicos y cristianos sostienen que el infierno es un lugar de eterna agonía para las almas que no siguen a Dios, "donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44-49).

Es curioso pensar que a partir de la representación del mal, para estas religiones, se haya fundado una nueva ideología, una nueva visión del mundo y la vida. A finales de la década de los años 70 nace el Satanismo Racionalista.

Abordando el satanismo

Los sociólogos mencionan diferentes tipologías del satanismo. El doctor en filosofía, magister en historia y sociología, Carlos Arboleda Mora menciona tres: satanismo de adolescentes, satanismo ácido y el ya mencionado satanismo racionalista. ¿En qué consisten?

El satanismo de adolescentes es un fenómeno juvenil urbano que se da en personas con un aproximado de 14 a 18 años. "Lo hacen llevados por curiosidad y movidos por una búsqueda de identidad y de autoafirmación frente a los adultos”, comenta Carlos Arboleda. 

No existen costumbres propias del satanismo adolescente ya que comparten similitudes con diferentes culturas urbanas, como reunirse en  las noches, tomar alcohol, vestir de negro, fumar, escuchar rock, etc.

Durante años la religión católica acusó al rock de incitar a los adolescentes en la adoración a Satanás debido al contenido de sus canciones, considerándolas poco aptas para el desarrollo psicológico de sus oyentes.

Con o sin Satán

La teóloga e investigadora juvenil Merja Hermonen afirma en su publicación Con o sin Satán: ser un satanista o un adorador del demonio en un país luterano, que algunos predicadores se apoyan en una idea denominada la teoría del portal, según la cual los jóvenes son arrastrados hacia el satanismo por las diferentes tentaciones culturales que, por alguna razón, no pueden resistir. Por ejemplo, el rock pesado que contiene mensajes pesimistas y suicidas (…) sirve como un portal hacia la adoración al demonio.

El tiempo y las investigaciones en consumo cultural demostraron una realidad diferente, en la conexión entre la música rock y los jóvenes. 

"El rock es una forma cultural como tantas otras con mensajes que pudiéramos clasificar unos positivos y otros negativos. El mundo que se les ha dado a los jóvenes hace que ellos construyan una música dura que expresa las durezas de la vida. Cuando la vida es un infierno, la filosofía es también infernal.”, difiere Carlos Arboleda.
Las causas del satanismo adolescente están en la poca atención que los padres les dan a sus hijos. Nos encontramos en una sociedad tan acelerada que las jornadas laborales demandan mayor tiempo, es entonces que nos encontramos en una crisis familiar. "El problema no es del satanismo, sino de los padres. Es fácil evadir la propia responsabilidad, echando la culpa a grupos satánicos”, según  Arboleda.

"El satanismo puede ser una fase en el desarrollo religioso e ideológico de un o una joven”, describe Merja Hermonen, "pero también se puede convertir en una actitud hacia la vida relativamente estable y permanente”. Se considera que el satanismo de la adolescencia es la primera etapa para el satanismo racionalizado pero lamentablemente también puede serlo para el satanismo ácido.

El satanismo ácido es un fenómeno social clandestino, que consiste en la adoración al demonio. Las personas que lo integran cometen actos vandálicos que incluyen robo, violaciones sexuales, homicidio, profanaciones en cementerios, ritos que incluyen sacrificios de animales y en algunos casos humanos. 

Los adoradores del demonio retan a la sociedad cristiana de manera diferente. Pueden creer o no en el Dios cristiano y en Jesús como su hijo, pero con toda seguridad creen en Satán como su guía personal y su salvador.
 
Creen en la vida después de la muerte, donde se reunirán con su maestro oscuro; además, sienten que Satán les ha dado algunas tareas (maléficas) que cumplir en la tierra, afirma Merja Hermonen.

Las investigaciones respecto a este satanismo ácido concuerdan en que sus integrantes presentan problemas de relación con la sociedad, encuentran el placer al realizar actos inmorales y antiéticos, la psicosis es una característica común entre ellos. 

La iglesia de Satán

El satanismo racionalista es completamente diferente de los anteriores. Inicia sus bases en la Iglesia de Satán fundada el año 1966 por Anton Zsandor La Vey. Aquel momento se lo considera como el "año uno de Satán”;  tiempo después La Vey publica la biblia satánica, la cual contiene las nueve afirmaciones existenciales, once mandamientos y los siete pecados. Esta religión, no venera a Satanás, sino la libertad del ser humano.

El satanismo racionalista es propio de personas cultivadas intelectualmente, que generalmente han leído obras de Nietzsche y Crowley. Su satanismo es fruto de una opción personal y de una filosofía de vida. Son personas comunes y corrientes, no realizan necesariamente rituales y no entran en conflicto con el grupo social en que se mueven. Simplemente no están de acuerdo con los convencionalismos culturales, religiosos o legales de la sociedad actual. Éste sería el auténtico satanismo con motivaciones filosóficas, afirma Carlos Arboleda.

¿Por qué adoptar el nombre de satanismo racionalista sin adorar a Satán? Tomar la contraparte de Dios y utilizar el símbolo de Satanás como una nueva forma de percibir el mundo es un acto de rebelión frente al dogmatismo cristiano-católico.

 EL papel de Dios

Los satánicos racionalistas consideran que el Dios mencionado en la Biblia, si es que piensan que existe, es un opresor del conocimiento.

Las antiguas historias bíblicas mencionaban a un ángel llamado Lucifer, de gran belleza y sabiduría. La historia también menciona que fue desterrado al infierno por rebelarse ante el Todopoderoso. Los católicos identifican a este ángel caído como "el diablo”. Desde otra perspectiva, en 1667 el poeta inglés  John Milton  publicó su obra El Paraíso Perdido, considerada como un clásico de la literatura universal. 

El poema describe la rebelión que Lucifer dirigió contra Dios ya que consideraba al cielo una especie de Estado oligarca en el cual los ángeles no eran dueños de sus propias acciones. 

"Desde la perspectiva gnóstica, los ángeles eran esclavos antes de la rebelión en el cielo, ya que ellos nunca cuestionaron sus acciones o las del mismo Dios, al igual que Adán y Eva eran esclavos en el Jardín de Edén y hacían lo que se les decía sin preguntarse si era bueno o malo”, describe el periodista y escritor  Santiago Camacho, en su publicación La historia oculta del satanismo.

El nombre de Lucifer proviene del latín lux  (luz)  y fero (llevar), por lo que su significado sería: portador de luz. Por esta razón, no es de extrañar que la religión satánica racionalista encontrase la lucha de Lucifer, como el camino hacia la libertad y el conocimiento. 

"La creencia de éstos era que el conocimiento y la libertad son lo que realmente nos otorga la condición de humanos”, relata Santiago Camacho, y agrega que "cualquier autoridad que nos impida conocer nuestra verdadera naturaleza o escoger nuestro propio destino es mala, no importa cómo ésta se caracterice”. Condición que  les fue arrebatada a Adán y Eva al ser prohibidos de comer el fruto del árbol del conocimiento.

"Los Dioses fueron los primeros que existieron, y se prevalen de esta ventaja para hacernos creer que todo procede de ellos, pero lo dudo, porque, al paso que veo esta hermosa tierra que con el calor de los rayos del sol produce tantas cosas, ellos no producen nada. Si lo producen todo, ¿quién ha encerrado la ciencia del bien y del mal en este árbol, de tal suerte que el que come de su fruto adquiere al momento la sabiduría sin su permiso? ¿Cuál sería la ofensa del hombre por alcanzar este conocimiento?”, John Milton, El Paraíso Perdido.

La historia griega de Prometeo comparte hechos similares. Éste es castigado por su padre Zeus al tratar de conceder a la humanidad el fuego del conocimiento.

La ciencia y la religión siempre tuvieron debates interminables. Dos perspectivas diferentes acerca de la creación del mundo y sus habitantes. 

El satanismo racionalista nace a partir de este debate y antepone el conocimiento como la única vía para alcanzar la libertad soñada;  desprecia y considera la estupidez como un pecado, dejando de responsabilizar a un ser maligno por el sufrimiento y frustraciones que viven ellos y los demás.

Santiago Camacho expresa: "Sufrir es el fundamento de la creatividad (¿se ha preguntado por qué los grandes genios suelen tener esas biografías tan terriblemente desgraciadas?). Sufrir con dignidad es un atributo destinado a los seres humanos extraordinarios”.

Somos seres en busca de respuestas, acerca de nuestra existencia y de nuestro propósito en la vida. Hay quienes encontraron tales respuestas en el cristianismo y otras religiones, pero hay también quienes encontraron las respuestas en el satanismo racionalista. 
 
 
 
 

El conocimiento que adquirimos a lo largo de nuestra vida es quizás  el mayor instrumento de sublevación ante una sociedad con numerosos prejuicios, imposiciones ideológicas y la pérdida de valores humanos.

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