Especial

Un diplomático por el camino de la muerte

Pero ese camino alternativo era impresionante... ¡una senda colmada de vegetación al lado de un abismo que parecía no tener fin!
domingo, 21 de agosto de 2016 · 00:00
Ivone Juárez Zeballos

Su gestión en Bolivia fue de dos años y tres meses, lo que establecen las disposiciones diplomáticas de su país, Chile. Partió hace unos días   de retorno a su nación, dónde ocupará el tercer cargo más importante de su Cancillería. Milenko Skoknic abordó el avión rumbo a Chile  con una "sensación mixta”, confiesa. 

Claro, esa sensación se justifica porque durante su gestión  atravesó por  uno de los momentos bilaterales más tensos  entre su país y Bolivia: los gobiernos de ambos países se demandaron entre sí ante La Haya por el acceso al Océano Pacífico y la propiedad de las aguas del manantial Silala, y desataron un arsenal de declaraciones y contradeclaraciones cargadas de confrontación. Pero además,  salvando las diferencias,  para cumplir con su gestión de cooperación con Bolivia en el ámbito cultural recorrió el "camino de la muerte” de los Yungas de La Paz y probó la adrenalina pura que provoca el transitar esas rutas, conocidas ya a nivel internacional por su alta peligrosidad.

 "Si hay una cosa que recordaré, entre afecto y nerviosismo muy fuerte, fue el viaje que hicimos a Chulumani”, expresa el diplomático de más de 40 años de experiencia en relaciones internacionales.

el viaje 

 La oportunidad fue la llegada de la Orquesta Juvenil de Arica,  en el marco de un intercambio de jóvenes músicos entre Bolivia y Chile: 20 muchachos chilenos, cada quien experto en un instrumento  musical, que tenían una presentación en la localidad de  Chulumani de Sud Yungas de La Paz,  a la que felizmente, y para tranquilidad de todos, llegaron sin ninguna novedad debido a las altas medidas de seguridad que se tomaron.

 El cónsul Skoknic siguió muy de cerca el viaje de los jóvenes debido a los antecedentes que conocía de la ruta  a Yungas:  noticias de los constantes accidentes  de tránsito que se suscitaban en el lugar debido a las estrechas rutas que prácticamente cuelgan de precipicios que parecen no tener fin. La misma información que había llegado a los padres de los muchachos ariqueños, lo que hizo que la delegación, al principio formada por 30 jóvenes, se redujera a 20. 

"Los padres se habían metido a Google para ver dónde quedaba Chulumani y se enteraron de los accidente que se daban por ahí, así que muchos decidieron que no habría viaje”, cuenta.

El diplomático respiró con gran alivio y  quedó tranquilo cuando recibió la noticia de que los jóvenes ariqueños  habían llegado a Chulumani sin ningún contratiempo.  Entonces, le tocó a él emprender el viaje. Debía asistir al concierto de sus jóvenes coterráneos,  que se convirtió en todo un acontecimiento en la región  yungueña.

Por la cumbre

De inicio, el viaje de Skoknic  se tornaba similar a los muchos que había realizado por el territorio paceño... hasta que el vehículo  que ocupaba  comenzó  descender por La Cumbre, ese altar cargado de "ofrendas” que los transportistas a Yungas dejan   al Niño San Cristóbal para que los acompañe en su viaje y los salve de caer en esos  abismos  del  descenso zigzagueante al norte paceño.  

"Todo estuvo normal hasta que llegamos a La Cumbre y comenzamos a descender. Yo sólo pensaba en cómo podíamos continuar el camino. Me imagino que le pasa a todos y lo único que queda es comenzar a rezar. Mi tranquilidad era que los chicos ya estaban en Chulumani”, cuenta Milenko Skoknic.

  Cuando el vehículo ya estaba en plena ruta hacia Chulumani, Skoknic recuerda que de pronto se hallaron ante   un trozo de camino  que estaba en reparación. 

"Era la vía de una zona minera y el corte era como de cinco kilómetros. Tuvimos que tomar otra de 20 kilómetros , más o menos, para retomar nuestra ruta. Pero ese camino alternativo  era impresionante... ¡una senda colmada de vegetación al lado de un abismo que  parecía no tener fin!”, relata el diplomático aún impresionado.

Pero el diplomático chileno  aún no había experimentado todo en el "camino de la muerte” del norte paceño. El límite estaba por llegar: un vehículo venía en contra ruta por la misma senda estrecha por la que transitaba con su comitiva, al borde de un precipicio. 

Claro, porque en los "caminos de la muerte” de los Yungas de La Paz el vehículo que va de bajada  tiene que enfilarse hacia el precipicio, cubierto por una espesa vegetación y  muchas veces envuelto por una espesa neblina, para dar paso al motorizado que viene  de subida.

"Como el vehículo  en el que estábamos   iba de bajada,   tenia que tirarse más cerca del corte, no quiero llamarlo precipicio. Yo pensé que nos arriconaríamos por el lado del cerro, pero no, ¡nos enfilamos hacia el precipicio!”, rememora Skoknic.

"Eso no fue todo, porque  volvimos a encontrarnos con otro vehículo de subida, pero está vez fue en una semicurva, donde teníamos que echar marcha atrás, hacia el corte. Yo no aguanté, me bajé del vehículo y me quedé pegado a la parte del cerro, y dejé que el chofer se fuera marcha atrás, yo no...”,  añade  el diplomático, ahora sonriendo, recordando la "aventura” que vivió en La Paz. 

"Por todo eso, esta  experiencia es inolvidable, claramente inolvidable”, añade.

Milenko  Skoknic se va de Bolivia con esas imágenes  que, sumadas a las que guarda de La Paz y  prácticamente de toda Bolivia, - asegura- quedarán gravadas por siempre en su memoria.

Algo que tampoco olvidará el chileno es el afecto y respeto de la gente boliviana que conoció en estos más de dos años de gestión: en  las poblaciones que están a  orillas del Lago Titicaca, en las del norte amazónico y del altiplano paceño, en las que se encuentran en las rutas precolombinas de Santa Cruz.

"Los hermanos bolivianos siempre nos demostraron mucho respecto y afecto, eso es algo que no se olvida”, asegura.

Pero un afecto muy especial es aquel que sintió en la ciudad de El Alto, en el colegio República de Chile, donde los alumnos de la promoción lo nombraron su padrino de graduación. "Siempre  recordaré con cariño  el recibimiento que nos dieron los alumnos”, expresa Milenko Skoknic . 

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