Turismo

La apacible Wolfenbüttel

Esta pequeña ciudad alemana se destaca por su atractiva arquitectura, espacios verdes y las comodidades para todos los que la habitan.
domingo, 28 de agosto de 2016 · 00:00
Marcelo Viscarra *

Tengo el deseo de comentar mis impresiones sobre esta pequeña ciudad alemana, ubicada a unos 45 minutos por carretera al sur de Hannover.  Wolfenbüttel, con sus pocos más de 50 mil habitantes, es una ciudad apacible en la cual pude pasar muchos fines de semana, durante los dos años y medio que viví en ese país, si bien por mis estudios mi centro de operaciones fue Leipzig, muchas veces tuve que turnarme para visitar a mi entonces enamorada ya sea en Hamburgo -donde ella vivía- o encontrarnos en casa de sus padres en Wolfenbüttel.

Desde la primera vez que visité esa ciudad, quedé encantado con su típica arquitectura alemana conocida como fachwerk. Me sentí un turista más en el lugar visitando y fotografiando sus sitios de interés, como una de las bibliotecas con más historia y relevancia en Europa, el histórico palacio del duque de los Welfos, su paseo peatonal y comercial, su calle con canal de agua denominada Pequeña Venecia, el Marktplatz (algo así como la plaza central) y disfrutando de la variada oferta gastronómica local e internacional que se puede encontrar, pese a ser una ciudad relativamente pequeña, pues hay restaurantes italianos, griegos, de comida china y turca, entre otros. 

Además, está a 20 minutos  de su ciudad hermana, Braunschweig, que es mucho más grande y ofrece a los habitantes de Wolfenbüttel la oportunidad de trasladarse diariamente hasta allá ya sea por cuestiones comerciales, de trabajo o eventos culturales. No obstante, más pronto que tarde este sentimiento en mí, el de turista, fue mutando hacia una identificación más hogareña con la ciudad.  

Y claro, al haber yo nacido y tener mi hogar de toda la vida en la hoyada de La Paz, fue inevitable que Wolfenbüttel me golpee con algunas percepciones e impresiones a las cuales estaba poco a nada acostumbrado. Más allá de las imperantes enormes diferencias de realidades entre los países, existen allá muchos pequeños detalles que me hacen pensar en cómo una ciudad puede ser más amigable con sus habitantes.

 Detalles que, posiblemente, a la vista de los lugareños pasan desapercibidos por su cotidiano vivir. 

Por ejemplo, la amplitud de aceras y su perfecto acabado, lo que facilita que niños, ancianos, ciclistas o gente en patines puedan circular sin sufrir tropiezos o accidentes. En realidad una persona adulta, que requiere un andador burrito de apoyo, podría caminar cuadras arrastrándolo sin necesidad de levantarlo porque las esquinas de las aceras ni siquiera tienen rampas, sino que toda la esquina es curveada y baja al mismo nivel de la calzada en ambos frentes, lo que facilita la circulación peatonal, sobre todo a niños en bicicleta, carritos de bebé, sillas de ruedas y otros. 

Las aceras son estilo adoquín casi liso, por lo que si hay que hacer un nuevo cableado, los cables van por debajo de la acera, o un cambio de cañerías,  estos adoquines son retirados como rompecabezas y posteriormente colocados en su lugar sin dejar rastro de que la acera fue trabajada.

Otro servicio muy interesante es el correo. Llega a casa todas las mañanas dejando paquetes y  correspondencia de una forma muy eficiente. De hecho, uno debe ir a la oficina de correos únicamente si desea enviar alguna correspondencia en forma física. También es posible comprar tiras de estampillas, como si fuera crédito, para  colocarlas en los sobres a enviar en el momento que uno lo necesite y simplemente se los puede depositar en cualquiera de los buzones que están distribuidos por toda la ciudad. 

La ciudad cuenta con un Stadtbad,  un complejo de piscinas que  funciona tanto en verano como en invierno,  donde no se requiere un mínimo de edad para los niños si van con sus padres. Y ni que decir de la gran cantidad de parques y espacios verdes, lagunas, paseos, bosque y actividades al aire libre que uno puede encontrar,  aunque no está demás tomar medidas precautorias con los hijos.  Uno puede ver niños, jugando libremente sin un control de seguridad por parte de sus padres ya que peligros como la inseguridad ciudadana, el ataque de perros callejeros o pandillas definitivamente no existen. Esto me traía muy buenos recuerdos de mi niñez, en Alto Obrajes, y la despreocupada forma con la que en esa época se podía jugar en la calle junto a  los amigos de barrio.

Uno se siente el rey cruzando la calle, pues el peatón siempre tendrá preferencia mientras cruce por donde tiene que cruzar, y aunque esté uno caminando, ya sea con niños o solo, a velocidad tortuga, nadie tocará la bocina aunque se haga una cola de autos en espera.

El transporte público local y de conexión con Braunschweig es puntual, cómodo y apto para ser abordado rápidamente por personas con discapacidad o con coches de bebé, debido a que los buses pueden hacer una inclinación lateral que permite acercar sus ingresos al nivel de la acera.

Si bien todo esto es un reflejo de lo que son y ofrecen también las grandes ciudades en ese país, con la diferencia de  que en ciudades de mayor población se debe tener otras consideraciones; no es lo mismo caminar con niños en la estación de trenes de Wolfenbüttel que en la estación central de Hamburgo, debido a la gran aglomeración de personas en esta última.

 Esta ciudad se construye y adapta considerando las necesidades y buen vivir de las personas independientemente de su condición: niños, ancianos, madres gestantes o personas con impedimentos físicos, y no al revés donde la gente tiene que arreglárselas para desenvolverse ante una infraestructura y servicios aptos sólo para los físicamente más capaces.

Pienso que aplicar muchos de estos detalles en otras ciudades, como en mi ciudad natal por ejemplo, no requiere de mega construcciones o de desproporcionales inversiones, basta con la voluntad de facilitar el diario vivir de las personas, considerar normativas existentes, así como formas inteligentes de sentido común y de detalle en cada obra o servicio a ofrecer a la población para, de esta forma, hacer una ciudad más amigable no sólo con los que ahí viven sino también con los que la visitan y no así un desafío de cada día o de cada paso.

Con el tiempo y por cuestiones familiares, cada vez  que visito Alemania, Wolfenbüttel es para mí como mi hogar y, aunque estoy acostumbrado a grandes ciudades, siento que allí y en sus alrededores se puede encontrar todo lo que se necesita para pasar muchos días agradables ya sea solo o en familia salvo que invada, claro, el deseo de tener nuevas aventuras y de conocer nuevos destinos.

* El autor es paceño, tiene una maestría en 
desarrollo de la pequeña y mediana empresa
de la Universidad de Leipzig, Alemania.
Es empresario y consultor en temas 
organizacionales.
 
 
 
 
 
 

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